Tribuna Roja Nº 18, primera quincena de febrero de 1976

CONTRA EL "MANDATO DE HAMBRE", ¡A LA CARGA!

Camaradas:

El 14 de septiembre de 1974, a los 38 días de haber prestado juramento como presidente de Colombia ante un Congreso abrumadoramente dócil a su voluntad, Alfonso López Michelsen convocó la "comisión tripartita", cuya supuesta función consistía en propiciar el entendimiento de tres demarcados sectores económicos de la actual sociedad colombiana, a saber, el Estado, las agremiaciones de las clases poseedoras y las directivas gremiales de los trabajadores sindicalizados. El objetivo de la reunión fue profusamente divulgado con anticipación por la propaganda oficial: se trataba de alcanzar el “consenso nacional" en torno al enrutamiento general de la política económica de la nueva administración. En esa forma el vencedor del 21 de abril daba crédito a su muletilla electoral de que el país sería conducido conforme a una política de "ingresos y salarios”, o sea, mediante la "economía concertada" de los tres sectores mencionados. En la reunión, sin embargo, únicamente se escuchó una voz, la del presidente, quien reiteró: "El cambio de la sociedad colombiana, que hemos prometido, queremos adelantarlo en medio de la calma política y del consenso”. Los gremios patronales en verdad no tenían necesidad de hablar, ya que sus opiniones e intereses se hallaban en lo fundamental interpretados en las propuestas de su principal personero político, el señor López Michelsen. Además, su inclinación natural ha sido por sobre todo la de darle a éste un voto de confianza y esperar, medio incrédulos y medio maravillados, cómo se logra aquello de continuar la obra del régimen bipartidista en santa paz social y con el concurso de todas las clases y estamentos, tanto de los favorecidos como de los estrujados. Para el otro sector, el de los voceros de las centrales obreras, la situación era a otro precio.

LA CARA OCULTA DE UNA GRAN TRAGEDIA

En los últimos meses de 1975, miles y miles de ribereños a lo largo de la cuenca de¡ río Magdalena vivieron noches y días infernales de terror, lo perdieron todo, ranchos y enseres, sembrados y cosechas y animales y quedaron a la deriva, con el agua putrefacto de ¡acreciente al cuello, sin tener a dónde ir, sin nada qué comer ni con qué pagarse la peor ración, viendo cómo las aguas se retiran y bajo el cielo de verano se aposentan, espantosas, hambre, miseria y pestes, olvidados de dios y del gobierno.

Desde 1916, recuerdan los más viejos, no se presentaba una creciente de tan vastas proporciones como la del año pasado. A partir de octubre el gran río se agigantó hasta rebasar las señales de otros inviernos y días después se salió de madre, arrasando con pueblos y corregimientos, tragándose islas enteras, descuajando plantaciones, arrasando con todo lo que los pobres habían podido parar en sus playones y aún entre sus aguas.

LA LIBERTAD DE LOS COMPAÑEROS DE INDUPALMA: UNA VICTORIA DEL PUEBLO

El 18 de diciembre de 1975, en la ciudad de Pasto, después de cuatro años cuatro meses de injusta prisión, fueron declarados inocentes y puestos en libertad cinco trabajadores, directivos del sindicato de la empresa Indupalma, víctimas de una infame persecución por parte del capital extranjero y la justicia del gobierno colombiano. Se les acusaba de un asesinato que no habían cometido. Lo que en realidad se castigaba era el haberse atrevido a enfrentarlo en forma valiente y sin desmayos la salvaje explotación a que son sometidos los trabajadores en nuestro país.

Una empresa que nace destilando sangre