Tribuna Roja Nº 46, Bogotá, diciembre de 1983- enero 1984

Editorial: ¿QUÉ PUSO AL DESCUBIERTO GRANADA?

Octubre de 1983

Dos mil unidades de las fuerzas armadas norteamericanas, con el acompañamiento más simbólico que bélico de 300 soldados de seis pequeñas repúblicas de las Antillas de habla inglesa, comenzaron a desembarcar el 25 de octubre en la diminuta Granada, según los despachos de prensa, a las 5 y 40, hora local.

La ocupación recuerda lo que casi todos sabemos: la eterna historia de la omnipotente metrópoli que ha lapidado a los pueblos débiles circunvecinos, pues cualquier determinación improcedente e inconsulta que alguno de éstos adopte puede poner en peligro la seguridad del imperio. Para legitimar sus invasiones, a las autoridades de Washington les ha bastado con argüir la necesidad de proteger a unos cuantos ciudadanos americanos residentes en el exterior, o mostrar los pedidos de ayuda militar de la respectiva facción intermediaria, o simplemente presentarse como cruzados de la democracia que han de cumplir la misionera labor en tierras extranjeras. En el caso de Granada, cuya empobrecida población apenas bordea las 100.000 personas y habita en un perímetro de escasos 344 kilómetros cuadrados, el presidente Ronald Reagan esgrimió las tres disculpas. Excepto que la solicitud de apelar a los cañones para resolver el litigio emanó, no de uno, sino de dos pares de gobiernos de islas aledañas, integrantes de la Organización de Estados del Caribe Oriental, OECO, un ente espurio, improvisado y establecido en 1981 precisamente para eso, para otorgarles un viso legal a las ilegalidades estadinenses. Aunque Barbados y Jamaica no pertenecen a aquel organismo, sus mandatarios prestaron el concurso a la expedición armada. El resto de la ficticia colaboración provino de Antigua, Dominica, Santa Lucía y San Vicente.

¡BASTA AL TERRORISMO!

Por motivo alguno, y mucho menos por nuestro silencio, deseamos que alguien sospeche siquiera que el MOIR se complace a escondidas con la última locura de la extrema izquierda: el secuestro de Jaime Betancur Cuartas.

No por tratarse ahora del propio hermano del presidente de la república, a quién hemos impugnado sin tregua ni cuartel como ningún otro partido lo ha hecho en Colombia, dejaremos de creer que esos episodios, entre especuladores y arbitrarios, a semejanza del asesinato de Rafael Pardo Buelvas, o del enjuiciamiento secreto y posterior eliminación de José Raquel Mercado, lesionan seriamente a la revolución en cuyo nombre se ejecutan.

OFRENDÓ SU VIDA POR LA REVOLUCIÓN

Nacido el 31 de enero de 1955 en Cisneros (Antioquia), Luis Ángel Acevedo Lopera fue asesinado en Puerto Berrío el 14 de Mayo de 1982, cuando apenas había cumplido 27 años. Su corta existencia, sin embargo, la vivió con una intensidad poco común. Siendo aún muy joven se distinguió como dirigente estudiantil, colaborador de huelgas obreras, activista en numerosas protestas campesinas, organizador de paros cívicos, concejal del MOIR en Puerto Berrío desde 1980 y, por encima de todo, como alegre, ruidoso, valeroso, y cabal militante del partido.

El séptimo de doce hijos de una familia de pequeños comerciantes que en 1957 decidió trasladarse a Puerto Berrío en busca de mejores horizontes, Luis Ángel desarrollo desde niño una serie de cualidades que lo acompañarían hasta la hora de su muerte: hacia fácilmente amigos entre la gente del pueblo, no le daba ninguna importancia al dinero y compartía todo lo suyo con sus compañeros más pobres. Cuando término sus estudios de primaria sus padres lo enviaron a un internado en Támesis, al sur occidente de Medellín, y al cabo de unos cuantos años lo matricularon en un instituto de enseñanza en Carmen de Viboral. En esta última población, no obstante, tampoco duraría mucho tiempo, y a principios de los años setentas acogió una propuesta de su familia y se fue a estudiar a Armero (Tolima), donde estableció sus primeros vínculos con el movimiento estudiantil de aquella época. Muy pronto se destacó por su energía, inteligencia, entusiasmo y capacidad de trabajo. Poco después se integró a la Juventud Patriótica, al organización juvenil del MOR, desde sus filas libró importantes luchas en contra de la “reforma educativa” que trataron de implantar los gobiernos de Pastrana y López Michelsen. Terminó por ser expulsado del colegio en 1975, como sucedió con muchos de sus condiscípulos, pero para entonces ya había tomado la determinación de dedicarse de lleno a la política revolucionaria.

PROCLAMADO DIEGO BETANCUR

El 17 de noviembre se brindó un banquete al compañero Diego Betancur con ocasión del lanzamiento de su candidatura para el concejo de Bogotá. Al acto, que se llevó a cabo en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, asistieron más de quinientas personas que pagaron 1500 pesos por boleta. También fueron proclamados los compañeros Marcelo Torres, Avelino Niño, Jaime moreno y Marino Vivas. Hicieron uso de la palabra además del homenajeado, el camarada Francisco Mosquera, quién abrió la campaña electoral del MOIR, y los candidatos Torres y Niño.

Campaña nacional del MOIR

EL GENOCIDIO DEL NORDESTE DE ANTIOQUIA

Dentro del torbellino de violencia política que se ha desatado en el Magdalena Medio bajo el régimen de Belisario Betancur, y que en escasos quince meses ha cobrado tantas vidas como en todo el periodo presidencial de Turbay Ayala, el crimen ocurrido al atardecer del pasado jueves 4 de agosto en la vereda El Paso de Manila, municipio de Remedios, Antioquia, es sin duda alguna uno de los más espeluznantes.

Allí perecieron de manera infame, acribillados a mansalva, cuatro campesinos militantes del MOIR -Efraín Higuita, Emilio Zea, Jesús Restrepo y Julio Vélez-, y un quinto camarada que pudo salvarse de milagro, Esmar Agudelo, fue salvajemente herido en la nuca, en los hombros, en la espalda y en la cara de varios machetazos.

OTROS DOS COMPAÑEROS SACRIFICADOS

"Cuando sentimos que venía gente corriendo era que estaban ya en el patio. Tenían fusiles y trajes de fatiga y en la manga izquierda un distintivo blanco con letras rojas. Se entraron a la casa gritando manos arriba y ahí mismo comenzaron a disparar". Así refiere la joven Gloria Rueda los últimos segundos de sus hermanos Joselín y Anatolio, de 28 y 35 años de edad, muertos el 21 de junio al atardecer por un grupo de quince hombres que irrumpió en su pequeña finca de la vereda Santa Rosa, en San Vicente de Chucurí, Santander.

"Ellos dos eran muy unidos" Al igual que millares y millares de labriegos colombianos, la mayor parte del año los hermanos Anatolio y Joselín Rueda Plata se ganaban la vida laborando al destajo, el primero en el duro oficio conocido como limpia o desyerbe, siempre a machete, el segundo en la albañilería. El resto del tiempo lo destinaban al manejo de la finca _El Ricaurte", predio cafetero de hectáreas adquirido por la familia en 1953, donde ambos residían con dos hermanas menores y su anciana madre, también herida en el abaleo.

Clemencia Lucena: UN TESTIMONIO DE LEALTAD AL PUEBLO

Todavía se hallaban fijados en los muros de ciudades y pueblos de toda Colombia los afiches que diseñó Clemencia Lucena durante la conmemoración que realizó el MOIR del centenario de la muerte de Carlos Marx, cuando un absurdo accidente segó, en plena juventud, la vida de su autora. Clemencia Lucena había realizado, a los 37 años de edad, cinco exposiciones individuales y veinticinco colectivas; había obtenido premios en la Exposición Panamericana de Artes Gráficas de 1970, en el Salón de Artes Visuales de 1976 y en la Bienal Internacional de Afiche de Varsovia, Polonia, en 1974. Igualmente, en 6 años, de 1973 a 11979 reprodujo 7 litografías, suyas en 17,500 ejemplares y diseñó incontables afiches para diversas batallas políticas moiristas.

EN POS DE UN ARTE DE PARTIDO

Clemencia Lucena, Bogotá, agosto de 1981. Escrito para Panorama Artístico Colombiano

Para los pintores revolucionarios la musa es la lucha popular, cantera inextinguible donde pueden explorar toda la vida hallando siempre temas relevantes. La dinámica de la revolución le infunde a la pintura que la exalta el espíritu de desarrollo, sustancia siempre renovada, cambiante, crítica. Y este espíritu la dota de argumentos y fuerzas para atacar a los explotadores y alentar a los explotados. Gran variedad de estilos y formas es lo que necesita y promueve la corriente artística liberadora, campos de cien flores como los que Mao Tse-tung abonó pacientemente y desyerbó luego, sin vacilaciones, durante la epopeya de la revolución cultural proletaria en China.

PALABRAS PARA QUE NO SE OLVIDEN NUNCA

Francisco Mosquera, secretario general del MOIR, en el entierro de Clemencia Lucena

Bogotá, julio 26 de 1983

Clemencia: Como te conocíamos y como sabemos que, si te fuera dada la licencia de demandar algo, ahora, en la hora inexorable de la despedida, sólo indagarías por el afecto de tus compañeros de fatigas e inquietudes, es que deseamos decirte unas cuantas palabras para que no se olviden nunca. La muerte te propinó un golpe artero cuando aún tenías mucho por aportar a la causa de los expoliados e ignorados, pero no pudo velar el hecho incontrovertible de que caíste en medio del campo de batalla. Al Valle del Cauca te trasladaste en cumplimiento de tus magníficos proyectos de ligarte en alguna forma y aunque fuese temporalmente con el proletariado de aquella brava porción de la patria, tanto para plasmar en vivos colores la insumisión de los esclavos asalariados y enriquecer el arte revolucionario, como para fortalecer el ánimo de los combatientes con tu entusiasmo contagioso. No hará quince días que estuviste en los muelles de Buenaventura a enterarte personalmente de la huelga de los trabajadores de Colpuertos, pues intuías que ese conflicto, ensangrentado ya por la metralla oficial, bien podría marcar el viraje hacia el descrédito de la demagogia reinante. Y así estabas dispuesta a seguir avanzando, a investigar, a estudiar, a vencer. Te sucedió lo que les acontece a todos los revolucionarios de verdad, que la vida no les alcanza para culminar cuanto aspiran, no sólo porque cuando logran una meta se proponen otra y otra, sino porque la revolución contemporánea será la hazaña de muchas pero muchas generaciones.

Mosquera en la proclamación de Diego Betancur: NO DESCUIDAR LA CONSTRUCCIÓN TEÓRICA NI LA LUCHA IDEOLÓGICA

Queridos compañeros y amigos:

Henos de nuevo aquí prendiendo los motores de otra campaña electoral, la séptima, desde cuando decidimos sepultar nuestro abstencionismo y poner en juego la inagotable fortaleza del Partido en unos trajines que le eran desconocidos por completo. Luego de más de un decenio ha de pensarse que el MOIR ha corrido sin suerte no sólo por el exiguo número de los votos contabilizados en las lides comiciales, sino porque su pequeño sector parlamentario, para llamarlo de cualquier forma, se ha visto lesionado con notorias y gravosas deserciones. Debido a esos reveses, en más de una ocasión recibimos, sobre todo de parte de los mismos desertores, la propuesta de que modificáramos criterios, tácticas y estilos que no hacen carrera fácilmente en nuestro medio. En otras palabras, se nos aconseja, como algo muy brillante, que en lugar de continuar nadando contra la corriente nos dejemos más bien arrastrar por ella.

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