50 AÑOS DE LUCHA ESTUDIANTIL

El 8 y 9 de junio pasado, la juventud colombiana rindió homenaje a todos los estudiantes que han inmolado sus vidas en defensa de los más caros intereses y de las legitimas aspiraciones de la clase obrera y el pueblo, al tiempo que reafirmo su decisión inquebrantable de marchar, siempre al lado de los desposeídos en su lucha contra el reducido circulo de oligarcas y terratenientes pro-imperialistas, que tienen sumido al país entero en la más espantosa miseria.

Las jornadas del 29 y el 54 Hace cincuenta años, el 7 de junio de 1929, las balas oficiales cegaron la vida del estudiante universitario Gonzalo Bravo Páez. Pero a pesar del crimen y de la violencia desatada por el gobierno, las masas se anotaron, en esa ocasión, una victoria. El presidente Miguel Abadía Méndez, el hombre que condujo al país por uno de los caminos más oprobiosos, el mismo que bombardeo a Barranca durante la primer huelga petrolera y masacró a los obreros bananeros de la gloriosa gesta del 28, tuvo que exigirle la renuncia a Ignacio Rengifo, su Ministro de Guerra, el General Verdugo Carlos Cortes Vargas, su jefe de la Policía Nacional. En las principales calles de la capital resonaban, entre tanto, las consignas gritadas por la multitud de manifestantes: “¡Abajo la rosca!” y “¡Castigo para los asesinos de las bananeras!”.

A partir de esta fecha, todos los mandatarios colombianos que han tenido frente a sí la rebelión estudiantil, han respondido con la militarización de las ciudades, la clausura de los centros docentes, las vacaciones obligatorias, el garrote, la metralla, la cárcel y los consejos de guerra.

Pero es, también, desde ese día que el estudiantado colombiano se ha ido convirtiendo, en la misma medida en que el pueblo identifica a sus enemigos y los enfrenta, en un importante destacamento de combate, con una valiosa y ejemplar tradición de lucha. Veinticinco años después, el 8 de junio de 1954, caía asesinado Uriel Gutiérrez, estudiante de la Universidad Nacional. Al día siguiente, fueron abatidos doce compañeros, cuando los fieles esbirros de la dictadura abrieron fuego contra una manifestación universitaria que protestaba por el crimen de la jornada anterior. En esta ocasión, mientras los estudiantes se levantaban contra el despotismo, los caciques de los partidos tradicionales corrieron en tropel y se presentaron en Palacio para ofrecerle a Rojas Pinilla su respaldo incondicional. Entre ellos se encontraba Turbay Ayala.

Contra el Frente Nacional A todo lo largo de los veintitantos años del Frente Nacional, el país ha estado en manos de una cáfila voraz dispuesta a llegar a todas partes con su corrupción, siempre y cuando obtenga beneficios para sus bolsillos insaciables y jugosas ganancias para el imperialismo norteamericano. Es ante esta inicua situación que el pueblo, cada día más consciente de la villanía que contra él se comete, y su juventud, en especial, se levanta rebosante de indignación y decidido a luchar contra sus consuetudinarios enemigos. Por eso, muy a menudo, los estudiantes han marchado a la cabeza de los brotes de ira popular ofrendando sus vidas. Una muestra palpable de ello este rápido recuento de algunas de las victimas de las dictaduras oligárquicas. En 1965, en Bogotá, Jorge Enrique Useche; dos años antes, el 23 de mayo de 1963, Manuel Monterrosa Requena, en Magangue; en 1968, en Lorica, Alberto Daza, Gumersindo Díaz, Martha Fayad, Andrés Ríos Vélez y Pedro Quintero; el 26 de febrero de 1971m en Cali, Edgar Mejía Vargas, y en ese mismo año, Carlos Augusto González en Popayán, y Julián Restrepo en Barranquilla; en 1973, en Medellín , Luis Fernando Barrientos; en 1974, a los pocos días de iniciado el gobierno de López, Rosmiro Burgos en Cereté; en el mismo año, José Yecid Castañeda y Darío Palma, en Bogotá; en La Dorada, el 13 de junio de 1975, Alfonso Llanos, de la Juventud Patriótica. El 30 de octubre del mismo año, en Bucaramanga, Jorge Eliécer Ariza. Particularmente aciago para el estudiantado es 1976; en el solo mes de marzo cuatro jóvenes caen bajo la metralla de “mandato de hambre” lopista, Jorge Morales y Jairo Burgos en Montería, y Alexis Omaña en Bogotá; el 28 de julio el estudiante de secundaria, militante del MOIR, Pedro Vicente Rueda, en Bucaramanga; en agosto, en Manizales, Fernando Henao. El 13 de abril de 1977, es asesinado Hernando Castaño de la JUPA, en Puerto Leguizamo, Carlos A. Rodríguez en el Líbano, Carlos E. Bravo en Medellín y Carlos Guatavita en Villavicencio; el 30 de mayo de 1978 en Bogotá, Patricio Silva. Y en este año, el 4 de febrero muere asesinado Jesús Maria Duque, en Cartago; el 3 de mato es acribillado a tiros el estudiante Marco Hernando Rubio, del Externado de Colombia de Bogotá y el 21 del pasado mes de agosto, Víctor Miguel Ruiz, en Montería.

Los estudiantes colombianos de hoy en día son dignos herederos de estos mártires de la juventud. En este cincuentenario las tumbas de todos ellos se cubrieron de rojas coronas. Fueron truncadas sus vidas, pero sus banderas permanecen en alto, empuñadas por otros jóvenes, por miles de sus compañeros, dispuestos a triunfar, como en el pasado mes en que los estudiantes se movilizaron al lado del pueblo, frente a las últimas alzas en la gasolina, el transporte y la leche.