BARRANCABERMEJA, ESCUELA DE LUCHA

Cuando la TROCO dio su primer puntillazo para iniciar el saqueo del subsuelo colombiano, el proletariado petrolero le declaró la guerra en defensa de las riquezas naturales, convirtiéndose en escudero fiel de nuestra nacionalidad y en el más incisivo acusador que han tenido los desvergonzados cipayos vendepatria.

Gracias a esta contienda cincuentenaria se logró la reversión de la concesión de Mares y existe hoy Ecopetrol.

En el presente año, los trabajadores del petróleo se alzaron de nuevo contra los atropellos patronales que pretendían desconocer varias conquistas convencionales y contra el desmantelamiento de Ecopetrol y su entrega desembozada a los grandes consorcios extranjeros, todo ello auspiciado por el gobierno de turno.

En este denodado combate para repeler la embestida del gobierno, la Unión Sindical Obrera agrupó a su alrededor las poblaciones de Barrancabermeja y Tibú y, conjuntamente en un frente popular de lucha, ha resistido los embates de la reacción, la ha burlado con coraje e imaginación y emprendió la ofensiva con ejemplares paros cívicos en estas dos ciudades.

Represión acorralada

Al sonar las sirenas de la refinería en la mañana del 25 de agosto, anunciando la hora cero de la huelga en Ecopetrol, los trabajadores se agolparon a la entrada y salieron en un apretado y bullicioso tropel. Los agentes de la represión buscaban entre la multitud diez rostros de dirigentes señalados para ser aprehendidos. Todo inútil. Los líderes sindicales iban escondidos entre el mar de cuerpos de sus compañeros. Los obreros desbarataron así lo que el alcalde militar, coronel Álvaro Bonilla López, pensaba iba a ser el primero y definitivo zarpazo contra el movimiento petrolero.

Desde la llegada del oficial a la Alcaldía se incrementó el pie de fuerza del ejército a más de 10.000 efectivos y la ciudad fue inundada de agentes secretos que husmean por todos lados enfundados en los disfraces más ridículos. Su presencia es fácilmente detectada por los porteños, y en los barrios sus incursiones son seguidas de cerca por mil ojos suspicaces que no les pierden el rastro hasta cuando abandonan el vecindario.

El solo hecho de llevar un boletín del sindicato es motivo suficiente para encarcelar a su portador. Las reuniones de más de tres personas están prohibidas. Se implantaron el toque de queda y la ley seca. Las detenciones arbitrarias y las torturas son asiduamente denunciadas por presos y organizaciones sindicales y políticas revolucionarias.

Red clandestina Los huelguistas han adoptado medidas para burlar los atropellos de la ley marcial. Las formas de lucha han variado sustancialmente. Los trabajadores extendieron su frente de combate hasta la periferia de la ciudad, imprimiéndole al movimiento mayor amplitud y participación popular. Las gentes sencillas de todos los oficios se apersonaron de la contienda y la impulsan con fervor. Los obreros clandestinizaron la organización sindical y crearon comités de barrios y zonas que toman a su cargo la solución de los diversos problemas, recogen inquietudes e iniciativas de la base y aplican las orientaciones de la dirección. “Ha llegado el momento – explica un directivo de la USO – en que nos pueden detener uno, dos, diez líderes y la red que hemos tejido sigue funcionando”. Las masas saben que terreno pisan y mantienen la disciplina. En esta forma el enemigo no puede introducir confusión a pesar de su cacería de brujas y la propalación de falsos rumores.

Mofándose del Ejército Barrancabermeja respira un aire conspirativo, consignas susurradas al oído, órdenes en clave, boletines deslizados secretamente a manos conocidas, desplazamientos a través de los patios traseros de las casas, contactos con santo y seña y sombras furtivas que rompen el toque de queda. Las residencias del pueblo son sedes de la USO. Mujeres, hombres, niños, ancianos, personas de todas las condiciones ayudan a repartir.los volantes prohibidos, utilizando los procedimientos más recursivos para evadir la mirada matrera del señalador. Con la tinta del mimeógrafo todavía fresca, llegan las circulares diarias a los más recónditos lugares. Así se da el caso que mientras los piquetes de soldados recorren la ciudad, las señoras que platican en la calle, están en realidad discutiendo sobre cómo cumplir mejor una tarea revolucionaria. Cuando la patrulla se larga satisfecha por la pasividad del sector, una de ellas saca un papel de su escondrijo y lo pone en el cesto del mercado de su vecina despidiéndose con un “léalo y páselo”. Barranca es una verdadera escuela de lucha revolucionaria.

Las gentes del pueblo esconden y defienden a los dirigentes petroleros. Sus reuniones se efectúan todos los días, muchas veces en las mismas barbas de los perseguidores, quienes en su desespero vuelan vanamente sobre la ciudad en helicópteros, tratando de localizar estas pequeñas asambleas. El hostigamiento a las fuerzas militares es continuo. Al finalizar los mítines el orador es recogido por un vehículo que lo pone a paz y salvo.

Un campo de concentración El alcalde de marras, debido a su impotencia para frenar el ascenso de la lucha de masas, comenzó por dar palos de ciego y terminó convertido en carcelero de un gigantesco campo de concentración. Los detenidos fueron hacinados por cientos en las instalaciones del batallón Nueva Granada. Los bandos intimidatorios se han sucedido uno tras otro. Los allanamientos violentos a las casas llegaron a ser la actividad favorita de la soldadesca. Por las noches, los agentes secretos de la policía disparan y rompen los vidrios de las viviendas de los activistas y después proceden a pintar nefastas cruces negras en las fachadas, mientras profieren, a grito herido, amenazas de muerte contra sus moradores. Nada de esto intimida a los aguerridos fogoneros de la revolución. Los boletines son instrucciones precisas, siguen saliendo todos los días, sin que las autoridades puedan dar con sus impresores.

Se fortalece la unidad La palabra esquirol se ha convertido en el peor insulto que un barranqueño pueda proferir. Los contados traidores son repudiados por todo el mundo, incluso por los niños, quienes se tapan las narices a su paso. Los obreros les niegan el saludo: sus casas son pintadas con letreros que dicen: “Aquí vive un esquirol”. Los menos recalcitrantes, ante las manifestaciones de rechazo del vecindario y el vacío de sus compañeros, se reintegran en forma autocrítica a la huelga. El esquirolaje ha disminuido con el paso de los días. La Unión Sindical Obrera, en el fragor de la pelea, fortalece su unidad.

En la cárcel sigue la pelea Los compañeros Edilberto Cabrera y Florentino Martínez, directivos del sindicato, encarcelados desde el 25 de agosto, dirigieron a la opinión pública una carta abierta, en la cual después de denunciar las torturas a que fueron sometidos concluyen: “¿Y cuál es nuestro pensamiento después de tanta represión? ¿Arrepentirnos? No. ¿Claudicar? Tampoco. ¿Entonces? Continuar con mayor beligerancia en el movimiento huelguístico.... no podemos permitir que el gobierno y el imperialismo norteamericano acaben con Ecopetrol, que existe gracias a la huelga de 1948 y a la Unión Sindical Obrera”.

Los militantes del MOIR Norman Alarcón y César Loaiza fueron condenados a seis meses de presidio por repartir un comunicado de nuestro Partido apoyando íntegramente la lucha de los petroleros. El 9 de septiembre, aniversario del deceso del Presidente Mao, los dos camaradas le rindieron un hermosos y sencillo homenaje en el patio de la penitenciaria municipal. De común acuerdo con todos los presos, erigieron el retrato del gran dirigente y maestro del proletariado mundial y pronunciaron dos cortos y sentidos discursos sobre las enseñanzas de la revolución china y la vida de su máximo líder. Esa noche el compañero Loaiza fue sancionado por las autoridades carcelaras y obligado a dormir en una celda de castigo llamada “El Túnel”.

El paro cívico Cerca de 100.000 colombianos respondieron en Barrancabermeja el llamado al Paro Cívico Nacional lanzado en un comunicado conjunto por la ANAPO, el Partido Comunista, la Liga Comunista Revolucionaria, la Unión R.S. y el MOIR, con Utrasan, Festra, la USO, Fecode, Sintraadenavi, Sintrapalmas, Aceb, Sintrainduagro de Puerto Wilches, Sintraferroviarios, Sintracoca-cola, Sintrahipinto, Sintravendedores Ambulantes, Sintraproyecto Forestal, Usuarios de la plaza de Torcoroma y los Consejos Estudiantiles galleguista del colegio de la USO, del Técnico Comercial y del Técnico Industrial.

A las doce de la noche del martes hora cero del Paro Cívico Nacional, los habitantes de Barrancabermeja se lanzaron a las calles rompiendo el toque de queda. El cielo se iluminó con el estallido de cohetes y bengalas y en muchas casas las radiolas se pusieron a todo volumen, con grabaciones de la Internacional y del himno patrio.

Brigadas de choque entachuelaron las principales vías y mantuvieron a raya a la tropa con guijarros y bloqueos. A los disparos y las imprecaciones soeces de los uniformados la muchedumbre respondía con gritos de “Viva el Paro” y “Abajo López”.

La parálisis de la ciudad fue total. El humo de las llantas quemadas se perfilaba en el aire como emblema del ánimo subversivo del pueblo. Ni una sola máquina se movió en 24 horas en el puerto.

La USO, valiosa vanguardia En la semana siguiente, los petroleros respondieron a los desafueros del coronel Bonilla y, en sus narices, realizaron una asamblea de más de 2.000 obreros, donde acordaron un nuevo paro cívico, esta vez de 48 horas, y exigir la destitución del abominado funcionario. Para efectuarla, los trabajadores programaron, a nombre de terceros, una película y a través de los diversos comités vendieron secretamente toda la boletería.

Cuando el teatro se encontraba atestado cerraron sus puertas de acceso y empezaron las deliberaciones. El ejército llegó cuando ya la silletería estaba vacía.

El proletariado petrolero con su rebeldía e indoblegable decisión de hacer prevalecer sus derechos adquiridos tras gloriosas luchas, demuestra una vez más que el pueblo de Colombia tiene una valiosa vanguardia en este núcleo de obreros de voluntad férrea. Algún día el petróleo y los otros recursos naturales serán explotados para el beneficio común.