CARTA A LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria Carta enviada a la Presidencia de la República el 24 de abril de 2001 por la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, con las firmas de su presidente, Ángel María Caballero, y su coordinador, Jorge Enrique Robledo.

Señor Presidente:

En medio del empobrecimiento y la miseria nacional –la peor que se registre en la historia del país–, el agro ha llevado la peor parte. El 75 por ciento de los habitantes en las zonas rurales ya no son pobres; ahora son miserables, porque están por debajo de la «línea de pobreza» definida por el gobierno. Y casi todos los restantes viven en la pobreza.

A esta situación se ha llegado luego de décadas de políticas antiagrarias, pero, sobre todo, por las definidas en la última década, a partir de que Estados Unidos y las agencias internacionales de crédito implantaron en el mundo y en Colombia la globalización neoliberal. Que en este lapso hayan desaparecido 800 mil hectáreas de cultivos transitorios y 100 mil de café y que las importaciones de productos del agro hayan llegado a siete millones de toneladas, resumen el desastre ocurrido. Y sus causas inmediatas son sabidas. De un lado, el desmonte de los precios de sustentación garantizados por el Estado que existían, la reducción y eliminación de los créditos para el sector mientras se aplican tasas de interés usurarias, la libre fijación de los precios por parte de los monopolios de agroquímicos, las alzas escandalosas en los combustibles y en la energía eléctrica de las fincas y los distritos de riego y la eliminación o el debilitamiento de las instituciones oficiales que en algo protegían las actividades de campesinos, indígenas y empresarios, como lo ilustran el cierre del Idema y de la Caja Agraria. Y del otro, la apertura de nuestro mercado y las bajas a los aranceles para los productos extranjeros importados, los cuales se producen, como se sabe, con el respaldo de los descomunales subsidios de sus Estados, todo lo cual tiene al país importando trigo, maíz, cebada y arroz; papa, plátano y panela; hortalizas, zapotes y aguacates; carnes de todos los tipos, leche y huevos, para solo mencionar algunos productos, en una política que les otorga a los productores extranjeros lo que les niega a los nacionales y que se hace con la complicidad de los intermediarios criollos que se lucran de ella. Es el caso reciente de las licencias para importar masivamente arroz.

A los paneleros, además, los golpean los derretideros de azúcar que funcionan con la complicidad del gobierno nacional, y no podrán sobrevivir si el Estado autoriza la entrada en operación del ingenio industrial panelero de Padilla.

El cuadro de la desgracia del agro nacional se completa cuando se sabe que la orden del Fondo Monetario Internacional es que el país se especialice en los cultivos tropicales, a pesar de que los problemas del banano y la ruina del café demuestran sus estrechos límites. En estos casos las trasnacionales y sus gobiernos imponen los precios que se les antojan en el mercado mundial, para lo cual recurren a todo tipo de maniobras, entre las que está la agresión contra los productores nacionales de estimular la superproducción en el mundo. Y los cafeteros están al borde de desaparecer también por el descarado saqueo de los recursos del Fondo Nacional del Café por parte de todos los gobiernos y porque avanza el proceso de eliminar las instituciones que aún los protegen, para entregarle todo el negocio a las transnacionales.

Además de la pobreza y la miseria, la crisis agraria nacional también se expresa en los miles y miles de compatriotas que están al borde de perder hasta sus tierras por su incapacidad para pagar las deudas bancarias contraídas, mientras los gobiernos hacen demagogia con planes de refinanciación que les sirven es a los banqueros y que apenas alargan el momento del remate de los endeudados.

Entonces, nuestras peticiones son las siguientes: que el Estado elimine de manera inmediata las políticas que facilitan las importaciones de productos del agro que puedan producirse en el país; que fije precios de sustentación remunerativos que hagan viable la economía del sector; que suspenda los procesos judiciales en curso y que condone totalmente las deudas de campesinos, indígenas y empresarios; que garantice créditos abundantes y baratos; que controle los precios de todos los insumos, los impuestos y las tarifas; que respalde al agro con redes de comercialización, asistencia técnica y distritos de riego, que cierre los derretideros de azúcar y que impida que entren en funcionamiento ingenios paneleros industriales.

En el caso del café, además, también exigimos que el gobierno que usted preside, en unión de los de los otros países productores, les reclame con toda firmeza al de Estados Unidos y a los de los países desarrollados para que cesen en sus políticas orientadas a deprimir los precios internacionales del café.

De no ser atendidos estos reclamos, que apuntan a salvar al agro y a Colombia, nos veremos en la obligación de adelantar nuevas protestas, entre las que podría estar la realización de un paro nacional agropecuario para mediados del año.