CARTA AL PARTIDO LIBERAL A PROPÓSITO DE LA ABSTENCIÓN ACTIVA CONTRA EL REFERENDO

Héctor Valencia H., secretario general MOIR

Bogotá, 1º de septiembre de 2003

Dirección Nacional Liberal

Piedad Córdoba Ruiz y Juan Manuel López Cabrales, Copresidentes Ramón Ballesteros Prieto, Juan Pablo Camacho, Edith Camerano Fuentes, Martha Diago Castro, Camilo Sánchez Ortega, Joaquín José Vives Pérez y Germán Chica Giraldo, Codirectores

Los colombianos de bien, mayorías en quienes alienta un espíritu de patriotismo y democracia, valioso como el que más en esta hora de amenazas a la soberanía de la nación y de frenético absolutismo gubernamental, no pueden menos que ponderar como altamente positiva y sensata la determinación del Partido Liberal Colombiano de llamar a la abstención activa contra el referendo impulsado por el gobierno de Uribe Vélez.

Esta orientación de su partido está en armonía con la proclama de abstención activa que el 7 de febrero pasado el MOIR suscribió como miembro de la Gran Coalición Democrática contra el Referendo que integran las centrales obreras, partidos y movimientos políticos, parlamentarios, personalidades democráticas y organizaciones populares de la ciudad y el campo. Se observa así entonces que en la tarea de contrarrestar este especioso expediente al servicio de los nefastos planes neoliberales y el autoritarismo en boga, confluye ya un abigarrado conjunto de fuerzas políticas y sociales.

Y es natural que su decisión despierte iras y descalificaciones, empezando por las del gobierno. Si, como sostiene el vicepresidente Pacho Santos, liberales como Galán y Uribe Uribe están revolcándose en la tumba a raíz de ella, lo que en el fondo pone en entredicho con esa sobada expresión no es el pronunciamiento de ustedes sino la consistencia política de esas figuras de su partido. Y ni hablar de la de quienes hoy aún vivos manifiestan parecido desasosiego.

Luego de intensa manipulación y ordinario cabildeo, el referendo terminó convertido en un instrumento fiscal para intentar reducir el déficit y, con ese fin, estipuló la congelación de salarios y de pensiones. Este hecho, destacado en su declaración, responde a la postura sumisa del gobierno ante las imposiciones norteamericanas, pues esa receta para las finanzas nacionales y esas antipopulares medidas son exigencias consignadas expresamente en el acuerdo stand by del gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Para cínicos los neoliberales uribistas, ya que además de que el referendo, como ustedes atinadamente expresan, “es una invitación a la población a votar por la prolongación del modelo que la empobrece y la despoja del empleo”, también intenta que la pérdida de soberanía económica envuelta en ese acuerdo adquiera rango constitucional merced a la aprobación que le otorgue la misma población que sufre ese despojo.

A “la publicidad engañosa y simplista” con que se quiere tramar a la población para que vote el referendo, debe respondérsele con una exposición clara y directa de los designios de subyugación tanto nacional como internacional que le sirven de contexto, e ir a la raíz de los inconfesables intereses políticos y económicos que mueven al gobierno de Uribe Vélez a proponerlo. No es extraño, y sí muy revelador, que el gobierno de Bush y organismos como el FMI lo apoyen, como también que aquí notorios plutócratas “se hayan puesto la camiseta” del referendo y se dispongan a sudarla o a exprimir un puñado de sus cuantiosos capitales para patrocinar su aprobación. Es evidente que tales apoyos, afanes e inversiones no se producirían de no serles rentables política y financieramente.

El MOIR siempre ha tenido una posición crítica frente al carácter democrático que se le atribuye a los referendos, así como ante el significado y alcance de la denominada democracia participativa, para la cual se les quiere como instrumento. Es así como en 1990 rechazamos la índole plebiscitaria que se le otorgó a la famosa “séptima papeleta”, sobre cuya naturaleza espuria abundó el ex presidente López, y, por ende, impugnamos los fenómenos electorales y constitucionales que de ese expediente se derivaron. Y en el año 2000 nos opusimos al intento de Pastrana y su Alianza para el Cambio de recurrir a un referendo cuyos antecedentes, contenido y objetivos hoy calca y remoza el de Uribe. Mas esta posición nuestra, sustentada en poderosas razones históricas y políticas, no obsta para aunar bregas con diversas fuerzas que, con otras concepciones al respecto, batallan en contra del referendo que hoy amenaza a la nación. Simplemente lo que sucede es que los nefastos aspectos que ustedes con justeza le señalan al de Uribe (antidemocrático y con contenido demagógico, un golpe de Estado a la Constitución vigente, al servicio del modelo neoliberal y autoritario del gobierno, perjudicial para los intereses de la población) creemos nosotros que no son la excepción sino la regla inherente a tal recurso. Con todo, esta diferencia no tiene porque menoscabar la identidad con el Partido Liberal respecto a la necesidad de procurar que un considerable número de compatriotas no vote el referendo y, en una especie de unidad de acción abstencionista, derrote las pretensiones antidemocráticas y antipopulares del gobierno uribista y sus auspiciadores internos y externos.

Bajo igual criterio, es pertinente una acotación a su afirmación de que “la parte sustancial del contenido político del Referendo quedó comprendida en el Acto Legislativo Nº 1 de 2003. En efecto, en la Reforma Política aparece ya la organización de los partidos, el umbral, el funcionamiento por partidos, el mecanismo de bancadas, el valor del voto en blanco y la cifra repartidora”. Pues bien, estos aspectos de la reforma en cuestión que luego de los tejemanejes del gobierno quedaron expuestos a ser refrendados por el referendo, así como la reducción en veinte por ciento del número de congresistas, envuelven un grave atentado contra las minorías políticas, tal como lo denunció nuestro senador Jorge Enrique Robledo, dentro y fuera del Congreso, al señalar: “Al volverse más difícil elegir, ¿quiénes quedarán por fuera del poder Legislativo? ¿Los voceros de las transnacionales y los cacaos? ¿Los favoritos de los grandes medios de comunicación? Es obvio que los que representan a estos siempre llegarán al Congreso, aun si se redujeran los elegidos al mínimo, porque las mayores dificultades podrán compensarlas usando más los poderes que controlan, mientras que tenderán a desaparecer los representantes de los trabajadores, las capas medias y los sectores no monopolistas de la producción”.

A Uribe, como le ocurría a los precursores franceses de su actual bonapartismo, “la legalidad lo mata”. De allí sus anunciados propósitos desde cuando era candidato de quitarse de encima toda disposición, institución o funcionario público que pudiera interponerse en sus planes neoliberales. Esgrimiendo el referendo como un garrote, la ha emprendido contra toda norma constitucional o legal que estorbe su absolutismo; contra el Congreso, al que no se cansa de querer revocar y reducir; contra las asambleas y concejos, que desea eliminar o marchitar, y contra los organismos superiores de la justicia, y el Ministerio Público y la Contraloría. Todo lo cual corresponde a lo que la dirección liberal llama “un concepto plebiscitario, cuasi totalitario de la democracia, una lógica neobonapartista de fuerza”. Nosotros hemos calificado como propias de una dictadura esas palmarias tropelías que, por contera, han sido impulsadas por el abogado de intereses antinacionales, Londoño Hoyos ¡que funge como ministro del Interior y de Justicia!

Si mencionamos estos puntos enmarcados en la identidad respecto a la abstención activa contra el referendo es porque consideramos que, junto a la importancia que ya de por sí tiene la decisión asumida por la nueva Dirección Nacional del Partido Liberal Colombiano, las consideraciones por ella expuestas como fundamento de dicha determinación bien merecen ser sopesadas por los partidos políticos minoritarios y las organizaciones populares que buscan más numerosas y más sólidas identidades con otras corrientes en la indispensable labor en pro de la soberanía y la salvación nacionales. Tal es la línea de conducta adoptada por el MOIR, convencido de que la expresión latina que para pasados males acogiera nuestro extinto líder Francisco Mosquera: Contraria contrariis curantur, las cosas se curan por medio de las contrarias, indica un criterio acertado para erradicar los estragos que a la nación le están causando las políticas del gobierno de Uribe Vélez.

Atentamente,

Comité Ejecutivo Central del MOIR

Héctor Valencia H., secretario general