¡CON CONSUELO, UNIÓN DE LOS OPRIMIDOS!

Nosotros, el Frente por la Unidad del Pueblo, hemos tomado la decisión de presentar a las clases democráticas en general, el nombre de Consuelo de Montejo como la mejor reserva con que, a nuestro juicio, cuenta la izquierda colombiana para librar la batalla electoral que se avecina. Sus méritos hablan por sí solos. El respaldo que constantemente ha brindado a las luchas de las masas desposeídas y oprimidas; la intrépida defensa de los derechos democráticos y las libertades públicas que ha pagado incluso con la cárcel, la denuncia de los latrocinios y arbitrariedades del régimen que ha promovido durante años, y el odio con que la denigran desde las esferas más reaccionarias y oportunistas, son algunos de los relevantes atributos de su trayectoria rebelde y que en definitiva nos han convencido para postularla.

Sin embargo, debido a que queremos escuchar la opinión de organizaciones y personas no ligadas todavía a nosotros pero que combaten a los opresores, deliberadamente lanzamos la pre-candidatura presidencial de Consuelo de Montejo a manera de propuesta, con miras a cuajar un frente más amplio. En consecuencia convocamos el IV Foro del FUP para el próximo 14 de noviembre, en la ciudad de Cali, en donde examinaremos los resultados de las diligencias unitarias y refrendaremos las resoluciones atinentes a la participación en los comicios.

A pesar del descarado manipuleo de los sufragios por parte de las clases dominantes y de no hacernos ilusiones electorales, las fuerzas revolucionarias habrán de sacar en la campaña el máximo provecho a las mutaciones favorables de la situación y a los percances crecientes de sus adversarios. Por la manifiesta gravedad, la presente coyuntura no tiene paralelo en los anales de la nación. Salvo el gobierno y el pequeño círculo de beneficios, que se empecinan aún en pintar de color el sombrío panorama, nadie ignora ni niega el caos reinante. Para captarlo basta posar la vista sobre cualesquiera de los ámbitos económico, político y social, sin necesidad de excavar, puesto que la descomposición está ya a flor de tierra. Lo que antes era del conocimiento exclusivo de los destacamentos avanzados, hoy comienza a tornarse evidente para el grueso de la población. Lo pregonan a gritos la bancarrota de la industria y de la agricultura, el descenso de las exportaciones, el multimillonario déficit fiscal, las miasmas de la corrupción administrativa, la insoportable carestía, el hambre, la miseria y el resto de lacras propias de esta sociedad oligárquica, sujeta a la inclemente explotación del imperialismo norteamericano. En medio de tantas privaciones del pueblo, la agudización de la crisis trae, no obstante, el aspecto altamente positivo de que las condiciones varían cada vez más en pro de las profundas transformaciones que venimos propugnando y desvirtúan los embelecos de la reacción.

Los datos acerca de la quiebra de decenas de factorías y del drástico recorte del área de los cultivos ponen al descubierto, cual ningún otro fenómeno reciente, el hecho incontrastable de que el país no conseguirá reavivar realmente la producción nacional hasta cuando no arranque de raíz los asfixiantes impedimentos que se yerguen contra ella. Tal contradicción terminará por precipitar inevitablemente la revolución colombiana.

Resulta irritante, por decir lo menos, achacar las dificultades de las empresas a las modestísimas reivindicaciones sindicales de los obreros, a quienes se les escatima el pan y se les prodiga el palo, mientras el imperialismo recibe incontables franquicias para invertir a sus anchas, saturar el mercado con sus géneros, controlar y encarecer los suministros de materias básicas, maquinarias, repuestos, etc., todo en detrimento de los fabricantes criollos, y mientras se absuelve a las traidoras sanguijuelas del capital financiero que, a través de la regulación del crédito, los elevados intereses y miles de ardides más, arruinan y someten a las industrias. Con uno u otro matiz esta ha sido la farisaica postura de los candidatos abiertos o tapados de la coalición gobernante.

Nosotros condenamos a los responsables del atraso y a los impostores de las mayorías trabajadoras. Llamamos a la unidad por la salvación y prosperidad de Colombia, cuyas crónicas dolencias reclaman claros y precisos cambios revolucionarios. Con las soluciones reformistas de las camarillas dirigentes de los dos partidos tradicionales, coreadas por los oportunistas de todos los pelambres, el país no saldrá de la postración ni dejará de ser un mero botín de los monopolios extranjeros y de los intermediarios vendepatria. Y el despotismo continuará pavoneándose con o sin ropaje republicano.

Urge suprimir el saqueo de los consorcios imperialistas y la extorsión de los pulpos financieros, principales factores de nuestro estancamiento económico; rescatar y utilizar racionalmente los recursos naturales, obtener plenamente la soberanía y la autodeterminación de la nación; apoyar sin reservas a las masas laboriosas de la ciudad y el campo para que puedan desplegar a cabalidad sus infinitas aptitudes en las tareas materiales y espirituales del desarrollo y crearles también a los empresarios y comerciantes no monopolistas una atmósfera que facilite sus aportes correspondientes en esta etapa histórica de la construcción de Colombia. Los sectores parasitarios, que se enriquecen con el agio y la especulación, que impiden el progreso y que son sólo una ínfima minoría, deben ser confiscados mediante la entrega de los latifundios ociosos a los campesinos que los trabajen y el paso de los otros monopolios al Estado. Pero un Estado diametralmente distinto al actual, el que impondrán todas las clases y corrientes revolucionarias, patrióticas y democráticas como garantía de que las conquistas enunciadas serán llevadas a cabo consecuentemente.

Por eso, en aras de la claridad, insistimos en la unión alrededor de un programa revolucionario y no de una componenda reformista; de unas normas democráticas de relación y funcionamiento que proscriban las imposiciones arbitrarias de unos aliados sobre otros, y del no alineamiento, contrapuesto a las estratagemas del social imperialismo y sus agentes que pretenden valerse de los anhelos de emancipación de los pueblos para subordinarlos a la hegemonía soviética. De acuerdo con estos tres principios reiteramos el ánimo de buscar el entendimiento con quienes deseen coordinar sus esfuerzos con los nuestros en la brega por transformar a Colombia.

Con Consuelo, ¡Unión de los oprimidos contra los opresores!

FRENTE POR LA UNIDAD DEL PUEBLO (FUP) Jaime Piedrahíta Cardona, de Anapo Revolucionaria. Francisco Mosquera, del MOIR. Álvaro Bernal Segura, de Anapo Revolucionaria Avelino Niño, del MOIR Enrique Molinares del Movimiento Unitario Liberal. Enrique Hernández, del Movimiento de Insurgencia Liberal. Germán Pérez Ariza, del MIL. José Zamudio, del MIL.