CRÍTICA AL ALCA, EL NUEVO LIBRO DE AURELIO SUÁREZ, MANUAL DE LUCHA PARA LOS PATRIOTAS DE AMÉRICA LATINA

Se publican apartes de la Presentación

La casi segura implantación del Área de Libre Comercio para las Américas, ALCA, tendrá repercusiones trascendentales en el porvenir de cientos de millones de personas. Es menester sentar desde ahora una posición crítica sobre un tratado internacional que desembocará en un marcado retroceso para todos los países, salvo para el proponente, gestor y principal propulsor, Estados Unidos. Lo anterior es tan cierto, que en cada una de las naciones débiles los defensores de esa zona franca tan solo atinan a argüir que ante tal acontecimiento, al que califican como inevitable, la única opción para los pueblos es prepararse para recoger del suelo la mayor cantidad posible de las migajas que caigan de la mesa del Tío Sam, bien por el camino de un conjunto o bien por el del atajo todavía más sinuoso de un tratado bilateral.

Este libro se propone ir demostrando –desde el primer capítulo, relativo al marco teórico que está ligado a la evolución histórica del capitalismo desde la libre competencia hasta el monopolio—, cómo el ALCA corresponde a la característica principal del devenir contemporáneo, que es la fase imperialista: la política de expansión imperial de los Estados Unidos por todo el globo terráqueo y, con mayor razón, por su patio trasero. A Latinoa­mérica le viene montando un acorralamiento tal, que en cada minuto avanza en el inconfesable designio de recolonizarla. Y, precisamente, el ALCA le sirve de contrafuerte en una tarea en la que hasta ahora esgrime como arma principal las amañadas leyes del mercado.

Sin que quepa ninguna duda, en América es absolutamente preponderante el papel estadounidense como primer productor, con setenta de cada cien dólares producidos de todos los que al año se generan en el hemisferio; y también como primer consumidor, exportador e importador. Por tal razón, lo que el Tratado va a reafirmar es el esquema de comercio exterior estadounidense que busca incorporar como proveedores de recursos naturales y ensambladores de bienes de consumo final a los treinta y un países pobres, que apenas llegan entre todos al diez por ciento de la producción total.

Se destaca asimismo como antecedente obligado el destino corrido por México en los casi diez años del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Las negativas experiencias padecidas en carne propia por el pueblo mexicano han despertado el más vasto movimiento agrario de conformidad en la historia reciente de la tierra de Morelos, Juárez y Zapata.

Se adelanta una investigación detallada sobre el proceso de construcción y negociación del Tratado. Se parte de las Cumbres de las Américas, ese arreo que el imperio ha escogido para ir poniéndole los arneses a la otra América. Es allí donde se han fraguado los grilletes y, uno grande, el ALCA, salió de la forja en Miami, en diciembre de 1994. El mandato emanado desde La Florida fue terminante. Fue de los Foros de Inversión y Comercio, manipulados por rábulas y tecnócratas de los consorcios empresariales imperia­listas, de donde salió la orientación para el fárrago de documentos que habrá de sellar por mucho tiempo la suerte de centenares de millones de pobladores.

Se refutan implacablemente los axiomas teóricos del ALCA: la ventaja comparativa, el comercio exterior infinito, la “cobardía” del capital, la “inevitabi­lidad”, estribillos con los cuales el canto de sirena de Robert Zoellick aturde los oídos de los ávidos “empresarios emprendedores” del continente.

Se pasa revista a cada uno de los nueve documentos en el actual estado del arte, en segundo borrador, publicados en Quito en noviembre de 2002. Allí se destaca cómo los diversos materiales no son compartimientos estancos, sino que se hallan relacionados entre sí.

La maquila, en las más odiosas manifestaciones, la especulación, con los más terríficos efectos sobre la estabilidad macroeconómica, la rapiña por la priva­tización de hasta el último nicho de inversión posible en el área de servicios, la busca de cualquier contrato público atractivo y el control de la soberanía ali­mentaria de las naciones a manos de las multinacionales del comercio agrícola, son algunos de los más relevantes objetivos. La estrategia de largo alcance apunta claramente a consolidar la dominación de los Estados Unidos.

Tales propósitos se facilitan al tenor de los manipulados reglamentos que le permiten al monopolio, así suene contradictorio, la libre concurrencia. Como aquellas normas que perpetúan las subvenciones a los géneros agropecuarios norteamericanos o les enciman a las trasna­cionales el lucro que proviene del ícono de la propiedad intelectual. Todo lo anterior será elevado a la categoría de tratado internacional, irreversible, obligatorio y controlado por comités supranacio­nales, dentro de una nueva juridicidad: la de la justicia privada del arbitraje, que pasará por encima de las Constituciones y la soberanía de los pueblos latinoamericanos.

En ayuda de las conclusiones acudió la agresión a la nación iraquí. La anexión territorial descarada y abierta, haciendo oídos sordos a las voces de cientos de millones de personas en todo el mundo; la masacre de la población inerme; el saqueo del petróleo como fuente de energía, de materia prima y de poder global; las imposiciones políticas; en suma, la opresión imperial en las modalidades más abominables, le recordaron al mundo en cuál período de la historia se encuentra.

La fértil y antiquísima Mesopotamia, cuna de la civilización, esclareció con sin igual claridad el fin último del ALCA, porque de la agresión imperial tampoco se encuentra exento el Continente de siete colores, como lo llamara Germán Arciniegas. Las demás son consideraciones atinentes que permiten, a modo de síntesis, extraer los aspectos específicos del Acuerdo, no por particulares menos ominosos, ya que son, al fin y al cabo, los medios por los cuales se concretará el siniestro. [...]

En América urge que la verdad verdadera sobre el ALCA, o, mejor, contra el ALCA, también se difunda desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. Y apremia que esta verdad se transforme en fuerza.

De todos modos, si el proyecto colonizador logra cristalizar, como cirstalizó la toma de Irak y la de Afganistán, no será el final sino el inicio de enconados combates por la prosperidad y la libertad. América no está dispuesta a perder la condición histórica de continente libre que le dieron las Guerras de Independencia, ni desea ser coto de explotación de ningún imperio.