Cuarenta años del Pleno de Cachipay: Rumbo y estrategia de la revolución colombiana


Gabriel Fonnegra, Tribuna Roja Nº 111, enero 13 de 2011

Francisco Mosquera comentó de sí mismo alguna vez: “Si yo tengo algún mérito, es el de haber construido a puro pulso este Partido”. Eran los años de desbroce, tal como él mismo los llamara, años de dura brega cifrados en tres hitos, todos fundacionales, pues el MOIR, paradójicamente, no celebra una fecha de nacimiento sino tres.

Octubre de 1965

La efeméride vista por Mosquera como la “verdadera fecha de nacimiento” del Partido es el 1° de octubre de 1965, día en que se reunió en Bogotá el histórico V Pleno del Movimiento Obrero Estudiantil Campesino, MOEC. Romper del todo con el oportunismo de izquierda predominante en la organización, vincularse a las masas y en especial al movimiento obrero, desechar el criterio mercenario que infestaba las filas de la izquierda y construir un auténtico partido marxista-leninista basándose en los propios esfuerzos, fueron las principales tesis argumentadas por el sector encabezado por Mosquera. Tras un áspero enfrentamiento, que terminó en ruptura, y fieles a las posiciones ideológicas y políticas defendidas en el V Pleno, Mosquera y sus compañeros dieron en iniciar un trabajo organizativo entre los sindicatos independientes de Antioquia, Valle y Santander.

Desde 1959 en adelante proliferaron infinidad de siglas, casi todas extintas hoy, que aplicaron en forma mecánica la experiencia de la Revolución Cubana. Se creía que bastaba formar un foco guerrillero para que el pueblo despertara. El V Pleno hizo un corte de cuentas con estas desviaciones, que desconocen “el principio marxista de que son las masas las que pelean y vencen al enemigo y de que el papel de los dirigentes es pelear (...), no solos, sino al frente de las masas, como su vanguardia consciente que las guía y orienta en la lucha”.

La escogencia del 1° de octubre, fecha en que Mao proclama en Tienanmen la República Popular China, no fue casualidad. Como lo resumió Mosquera, “tuvimos la fortuna de ensayar los primeros pasos cuando Mao sacaba a luz, en la polémica con Bréznev, las tesis olvidadas del marxismo”.

La segunda efeméride es el 14 de septiembre de 1969, cuando se funda en Medellín el Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR, concebido al principio como una confederación sindical. Al encuentro asistieron el abogado petrolero Diego Montaña Cuéllar, el líder de la USO, Eliécer Benavides, los directivos de los bloques sindicales independientes y el presidente de Fenaltracar, Rafael Torres, designado por aclamación primer presidente del MOIR. El movimiento, en lo político, fue una alianza del MOEC de Mosquera con grupos camilistas, fracciones M-L, vertientes del trotskismo y algunos curas de Golconda, un laborioso compromiso que estalló en mil pedazos en los primeros meses de 1970, cuando el grueso de estas tendencias se obstinó en que el MOIR hiciera un compromiso con el abstencionismo, a lo cual se negaron Mosquera, Montaña y Rafael Torres. Se dieron así las condiciones para que la central sindical, primera idea con la que se creó el MOIR, fuera transformándose en partido político.

Estructura partidaria

La tercera efeméride es la del Pleno de Cachipay, celebrado entre el 18 y el 23 de octubre de 1970, del que conmemoramos 40 años. Fue allí donde el MOIR resolvió darse una estructura partidaria, con un programa y unos estatutos que le imprimieron su sello peculiar como “un partido de la clase obrera”.

Colombia atravesaba por una de sus crisis más profundas. El domingo 19 de abril, el general Rojas Pinilla había derrotado al candidato del Frente Nacional, Misael Pastrana. La misma noche, la Casa de Nariño tramó un inmenso fraude para desconocer el veredicto, pero la estafa al pueblo provocó un hervidero. “Estamos listos para lo que sea”, desafiaban enfurecidas las masas anapistas que desde el mediodía del 20 desbordaron las calles y las plazas en pueblos y ciudades. A la postre, el común se quedó esperando a que alguien se atreviera a dar la orden.

Lo que siguió fue un oscuro período de enervamiento y confusión, en el que se mezclaron la impotencia del triunfo convertido en derrota y, en el ámbito de la izquierda, el predominio de las ideas extremistas. Lo genial de Mosquera consistió en comprender, en medio del marasmo general, que lo que se imponía en el momento era dotar a la clase obrera de su destacamento de vanguardia. Encabezó entonces una selecta comisión, que durante seis meses laboró definiendo el rumbo, la estrategia y los principios organizativos.

El Pleno en el que se aprobaron los pilares organizativos sesionó en la finca “San José”, de Cachipay, municipio cundinamarqués situado en zona cafetera. A él asistieron diecisiete dirigentes, entre ellos Francisco Mosquera, Héctor Valencia, Carlos Naranjo, Felipe Mora, Álvaro Rodríguez y Gildardo Jiménez. Tras cinco días de debate, de ocho de la mañana a doce de la noche, los diecisiete hombres aprobaron programa y estatutos y, el 23 de octubre por la tarde, eligieron el Buró Político y el Comité Ejecutivo Central, integrado por cinco miembros. Mosquera fue ratificado por unanimidad en la secretaría general de la organización.

Programa mínimo

El Pleno de Cachipay trazó el carácter de la sociedad en cuatro frases breves pero no menos sustanciosas, calificadas por Mosquera, en el informe previo ante la reunión, como “las más difíciles del programa”. Rezan así: “Colombia es un país neocolonial y semifeudal bajo la explotación y dominación del imperialismo yanqui. Esta dominación la ejerce el imperialismo a través de la gran burguesía y los grandes terratenientes. El desarrollo capitalista nacional se halla entorpecido por el dominio imperialista en todas las ramas de la economía y por el régimen de explotación terrateniente en el campo. De las clases que sufren la explotación del imperialismo, de la burguesía y de los terratenientes, es el proletariado la clase más explotada y revolucionaria de la sociedad colombiana”.

Consecuente con lo anterior, el plenario acordó un programa mínimo de nueva democracia, imprescindible para dar salida a la unidad de la nación contra el imperialismo norteamericano.

¿Qué tareas apunta a resolver la nueva democracia? En primer término, la de la independencia nacional. Mosquera la resume: “La conquista de la soberanía es requisito indispensable sin el cual no podrá ser realidad ni uno solo de los demás derechos democráticos”. Busca también estimular las fuerzas productivas y cimentar el bienestar de la población aboliendo las trabas que impiden el progreso. Bajo determinadas condiciones, la nueva democracia elimina las barreras que coartan el desarrollo del capitalismo nacional, propiciando un poderoso mercado interno y respetando la propiedad privada no monopolista. La forma de gobierno a la que aspira es la república popular y soberana, en marcha al socialismo. Para impulsarla se torna necesario crear un frente único que agrupe, en palabras de Mosquera, a “la aplastante mayoría de la nación”.

Se han hecho intentos por forjarlo. Lo atestiguan el Frente Popular (1972), la Unión Nacional de Oposición, UNO (1973), el Frente por la Unidad del Pueblo, FUP (1978), el Bloque Democrático Regional (1994), la Unidad Cívica y Agraria (2002), Alternativa Democrática (2004) y, hoy, el Polo Democrático Alternativo. La meta, como lo remarcó Mosquera muchas veces, “moldear el más amplio frente de lucha antimperialista, el único capaz de conquistar la independencia nacional”, una unidad que logre convocar al 90 por ciento y más de la población, al campesinado, “a la pequeña burguesía urbana, a los estudiantes e intelectuales en general, a las personalidades democráticas e inclusive al sector progresista de la burguesía colombiana, la burguesía nacional”.