DESPIDOS EN EL BANCO GANADERO, SÍMBOLO DE LA PRIVATIZACIÓN

Olger Forero Por 300 millones de dólares, y en martillo de venta realizado el 27 de agosto, el Banco Bilbao Vizcaya de España se quedó con el 40% del Banco Ganadero. Como nuevo presidente de la junta directiva fue designado el español José María Ayala, en representación del sector mayoritario, que será en adelante el que defina el rumbo.

Según la Reforma Financiera o Ley 45 de 1990, que autorizó privatizar la banca oficial, ya los conglomerados foráneos pueden comprar el ciento por ciento del capital accionario de cualquier entidad del sector financiero.

El Bilbao Vizcaya, resultado de la fusión en 1988 de los dos bancos más importantes de España, y al que se unió después el Grupo Banesto, tiene activos por 6 billones de pesetas (60 billones de pesos, aproximadamente) y cuenta con, tres mil oficinas, dos mil cajeros automáticos y filiales en Puerto Rico, Portugal, Bélgica y Marruecos. Acaba de comprar al Grupo Probursa, de México, y al Banco Continental del Perú, y ha anunciado que está dispuesto a invertir dos mil millones de dólares para hacerse al control de importantes bancos en México, Brasil, Argentina y Chile.

En la alegre subasta del sector financiero colombiano puesta en marcha por Gaviria y Samper se hallan dispuestos a participar, además del capital español, fuertes consorcios de Estados Unidos y el Grupo Luis Carlos Sarmiento. Entre los bancos oficiales de Colombia que van a ser privatizados, se encuentran ya en lista de espera el Popular, el Central Hipotecario y la Caja Agraria.

¿Qué es el Banco Ganadero? Fundado en el gobierno de Rojas, estuvo en un principio orientado al fomento exclusivo de la ganadería.

Pero con la Reforma Financiera, el viraje hacia la banca comercial. Es en la actualidad el primer banco del país en activos, y cuenta con 150 oficinas, 6200 empleados, y sucursales en Miami y Panamá.

Para abrir sus actividades en el país, los nuevos dueños comenzaron por recargar labores y reducir el personal en varias dependencias. No se secaba aun la tinta del convenio cuando ya una docena de empleados perdía su trabajo y una veintena más quedaba en capilla.

Las palabras mágicas son ahora reestructuración, nuevo modelo de oficina, módulos de trabajo, que traducidas a la cruda realidad significan destituciones colectivas, expoliación sin freno e incertidumbre laboral.

Con razón se ha afirmado que no hay símbolo más patente de las políticas neoliberales y privatizadoras que los miles y miles de personas que pasan a engrosar día a día el ejército de reserva.