Declaración: ENFÁTICO RECHAZO A LA DECISIÓN BÁRBARA DE FUMIGAR LAS ZONAS CAFETERAS

Jorge Enrique Robledo Castillo, Senador de la República, Manizales, 11 de Febrero de 2003. El ministro del Interior y de Justicia, Fernando Londoño Hoyos, confirmando lo definido por el Presidente Álvaro Uribe Vélez, ratificó ayer en Manizales que “les lloverá glifosato” a los cultivos ilícitos existentes en las zonas cafeteras, lo que, en los hechos, significa el acto atroz de fumigar también los cafetales, los demás plantíos, los animales y hasta las personas que se encuentran en medio de las áreas sobre las que caerán los venenos.

Si fumigar desde el aire con venenos cualquier cultivo en zonas habitadas es una atrocidad que solo ocurre en Colombia, hacerlo en las regiones cafeteras, más pobladas que cualquiera otras, agrava el acto de barbarie. Y es peor si se conoce por qué los campesinos cafeteros han tenido que intercalar entre sus cafetales cultivos ilícitos luego de más de cien años de trabajo ejemplar y de haber sostenido, a cambio de sus pobrezas y miserias, la economía nacional.

Es sabido que los cafeteros de Colombia y el mundo padecen hambre por causa de la decisión del gobierno y las transnacionales de Estados Unidos de acabar con el acuerdo de cuotas de la Organización Internacional del Café, lo que ha conducido a unos precios internacionales del grano tan bajos que reciben más dinero por impuestos al café los gobiernos de los países desarrollados (24.7 por ciento) que los países productores (menos de 10 por ciento). Y los cafeteros también agonizan porque no pueden sustituir sus cafetales por otros cultivos en razón de la decisión del Fondo Monetario Internacional de imponerle a Colombia que importe cada año más de siete millones de toneladas de alimentos.

Y cuando esos campesinos, desesperados por su crisis y ante el abandono del gobierno nacional, siembran coca, este, nuevamente sumiso ante las orientaciones norteamericanas, no le tiembla la voz para anunciarles que “les lloverá glifosato” sobre sus casas y parcelas.

Todos en estas regiones y en toda Colombia, sin distingos políticos, económicos y sociales, debemos unirnos en el más enfático rechazo a cualquier fumigación aérea en las zonas cafeteras, al tiempo en que también le exijamos al gobierno que desarrolle planes de erradicación manual y de respaldo económico que les permitan a los labriegos sustituir los cultivos ilícitos por cafetales y otros plantíos.