EDITORIAL: EL FORO DEL 18 DE FEBRERO

Varios oradores del Foro del Teatro Jorge Eliécer Gaitán coincidieron en señalar que el 18 de febrero era una fecha con sabor histórico; en esa forma destacaban la importancia del acto y sobre todo el presentimiento arraigado de que los acuerdos de ese día están llamados a influenciar el acontecer revolucionario del futuro inmediato de Colombia. El 18 de febrero, además certifica la madurez y el avance ideológico y político de un buen número de organizaciones partidistas contrarias al sistema y al gobierno que lo representa. Lo podríamos comparar al arribo de una estación en el itinerario de un largo y penoso viaje. Por que no se vaya a pensar que a las conclusiones del Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria llegamos sin dura brega.

Fue necesario hacer prevalecer en el campo de la revolución la teoría acertada de que las tareas de la emancipación del pueblo colombiano y de la prosperidad de Colombia fructificaran solo con la liberación nacional del dominio imperialista y la instauración de un Estado de las clases y fuerzas revolucionarias sustentado en la alianza obrero-campesina; y de que tales conquistas solo podrán alcanzarse mediante un frente único en torno de un programa nacional y democrático y bajo una dirección compartida democráticamente por las clases, sectores, organizaciones, partidos y personalidades antiimperialistas y antioligárquicas. Fue necesario igualmente vencer las tendencias sectarias y vacilantes y desbaratar todas y cada una de las intrigas de los saboteadores solapados de la unidad.

Pero estos triunfos no hubieran sido posibles sin la honda crisis de la sociedad colombiana y el descrédito y las contradicciones insuperables del régimen lopista; sin la experiencia acumulada por las fuerzas revolucionarias en agudas luchas de muchos años; sin la rebeldía interna de la izquierda anapista contra la línea claudicante de su vieja dirección; sin el desarrollo del marxismo-leninismo y la comprensión progresiva por parte de éste de la realidad nacional y, en fin, sin los aportes, el desprendimiento y la sincera actitud de los múltiples coautores del foro del 18 de febrero. Al MOIR le corresponde un grano de arena en esta empresa; sin embargo, lo que vale la pena de tenerse en cuenta por la militancia de nuestro Partido es que nos hallamos apenas al pie de la cuesta de la unidad del pueblo. Que contra ella conspiran diversas contracorrientes, a las que debemos cerrarles el paso blandiendo tenazmente la lucha ideológica, como aconsejara el compañero Francisco Mosquera en su discurso del 18 de febrero. Y que nuestra meta es la de estructurar un solo frente de todos los oprimidos y opositores a la cuadrilla liberal-conservadora que usurpa el Poder y traiciona a Colombia, única medida que nos permitirá realmente sacar provecho de las enormes dificultades por las que atraviesa el enemigo. Habremos de redoblar nuestros esfuerzos para consolidar los logros del 18 de febrero, profundizando el acercamiento con nuestros aliados, manteniendo la guardia entre los brotes sectarios, contrarrestando a tiempo las pretensiones de desfigurar los acuerdos obtenidos y creando un ambiente que facilite extender la unidad con otras fuerzas y partidos reacios aunque susceptibles a entenderse con nosotros.

¿Cuáles son los frutos principales del 18 de febrero? En primer lugar la identidad conseguida por la Anapo, el MAC, los CDPR y el MOIR alrededor de los dos documentos fundamentales del Foro: el programa revolucionario nacional y democrático y las normas democráticas organizativas de la unidad.

Son dos piedras angulares para la futura construcción del frente unido. Las cuatro organizaciones partidarias mencionadas integraron como máximo organismo de dirección y coordinación la Comisión Permanente por la Unidad del Pueblo que garantizará en la lucha la realización del programa acordado y la aproximación con otros partidos y sectores dispuestos a impulsar el más vasto frente unitario antiimperialista y antioligárquico. Hubo consenso también acerca de la situación política del país, de las irreversibles contradicciones que arrinconan a la coalición dominante y de las condiciones favorables que actualmente se presentan para impulsar la unidad de las fuerzas revolucionarias. Asimismo se sindicó al gobierno continuista de López Michelsen de mayor entrega de la nación a los monopolios imperialistas, causa determinante del hambre del pueblo, el estancamiento de la producción nacional, el enriquecimiento de las minorías antipatrióticas intermediarias, la corruptela administrativa, la negación en la práctica de las libertades públicas y la represión violenta contra las masas populares. Estas consideraciones quedaron consignadas en la declaración política del Foro, que compendia toda una línea de acción revolucionaria, con la cual se ha comprometido, junto con las cuatro organizaciones nombradas, la Anapo Socialista. De otra parte, se aprobó un plan de movilizaciones y de luchas en pro de los derechos democráticos del pueblo, en contra de los atentados represivos del despotismo oficial, en defensa de las demandas de la clase obrera y del resto de fuerzas revolucionarias y en solidaridad con los pueblos del mundo que luchan por su independencia, soberanía y bienestar. Dicho plan recibió el respaldo de todos los partidos participantes del Foro, incluyendo al Bloque Socialista y a la Organización Comunista Ruptura. De las movilizaciones convenidas, ya se llevó a cabo la jornada del 4 de marzo, en apoyo de los obreros petroleros, del magisterio y demás trabajadores en conflicto con la reacción patronal y gubernamental, que sacó a la calle a decenas de miles de manifestantes en todo el país y que en Bogotá produjo la más combativa, grandiosa e impresionante demostración popular contra el “mandato de hambre, demagogia y represión”, con la concurrencia beligerante de aproximadamente treinta mil personas, entre obreros, campesinos, vendedores ambulantes, estudiantes, empleados, artesanos, pequeños y medianos productores y comerciantes.

El Foro de la Oposición Popular y Revolucionaria culminó pues en un éxito rotundo. Las voces que últimamente han salido con el caballito de batalla de que la unidad no surgirá de reuniones ni de las firmas estampadas en el papel, buscando demeritar los avances obtenidos el 18 de febrero, no hace más que destilar su propia desazón. El foro refleja el auge en que se encuentra el proceso unitario del pueblo colombiano y los acuerdos concretados sintetizan los progresos ideológicos y políticos de las fuerzas revolucionarias del país. Así como todo partido tiene su programa que expresa los motivos por los cuales lucha en procura del Poder, o en el Poder mismo. Sin querer decir esto que el partido brota milagrosamente del programa, la unidad sellada ha precisado de unos compromisos programáticos y organizativos mínimos que orientan el rumbo de la alianza revolucionaria y hacen eficaz la cooperación en las diversas contiendas, sin significar esto que la unión del 90% y más de la población colombiana en un frente de lucha despejada definitivamente en virtud de la victoria que hemos obtenido. Los documentos aprobados en el Foro, especialmente el programa y las normas de funcionamiento, indican la voluntad de las agrupaciones que los suscribieron no sólo de dotar la unidad de una orientación revolucionaria exacta en pos de las reivindicaciones económicas y políticas primordiales del pueblo colombiano, y de obstaculizar la labor de quienes pretendan entorpecer o traicionar las aspiraciones populares, sino que con ello se está proclamando la disposión a contribuir con una alianza a largo plazo, en la que hay que hacer concesiones recíprocas, y admitir una determinada disciplina que a la vez que facilite la concentración de recursos y medios y multiplique la fuerza de la revolución, se compagine con el postulado de la autonomía ideológica y orgánica de los respectivos partidos. Ahora corresponde propugnar la leal aplicación de los compromisos contraídos, llevarlos a las masas para que éstas los conozcan, asimilen y hagan suyos como un arma poderosa en el combate secular por sus derechos e intereses.

El Foro dejó las puertas abiertas para discutir y encontrar soluciones satisfactorias con otras organizaciones que no obstante haber manifestado su interés en una alianza antiimperialista y antioligárquica y haber sido invitadas al evento, estuvieron ausentes de sus deliberaciones. Debido a esto no concertó formalmente un frente, dando un plazo prudencial para ensanchar el radio unitario con aquellos sectores políticos. Dentro de ese tenor se hace un llamamiento público al Partido Comunista y a otras organizaciones distintas a la coalición gobernante, con las que nos separan grandes o pequeñas diferencias, para que agotemos los procedimientos tendientes a configurar un solo frente unido. En relación a la exigencia reiterada que ha venido formulando este partido de que la unidad ha de ubicarse internacionalmente en el bando de la Unión Soviética, mediante el mecanismo de respaldar al gobierno de Cuba, y que resulta inadmisible para varias fuerzas, entre ellas el MOIR, el Foro dio una definición concluyente y positiva al asunto, y es la de que el frente en su lucha por la liberación y soberanía nacionales se identifica con todos los pueblos sometidos que contienden por los mismos fines de independencia y autodeterminación, y apoya al proletariado mundial, a los países socialistas y a los movimientos revolucionarios del globo entero, pero no se alinea a ningún bloque de Estados en el terreno internacional. De esa manera se le ha dado una salida programática correcta a una cuestión de discordia que, sin escabullir los deberes internacionalistas de la revolución colombiana, permite la participación en un solo frente de todas las fuerzas contrapuestas a la actual dominación del imperialismo norteamericano sobre Colombia y al gobierno que la encarna.

El MOIR está plenamente convencido de tener la razón en cuanto a la interpretación de la polémica planteada por el movimiento comunista internacional sobre la situación mundial; sin embargo, no pretende que sus aliados adopten sus puntos de vista al respecto. Somos conscientes de que empecinarnos en una solicitud de esta naturaleza levantaría de hecho un impedimento demasiado grande para alcanzar en la coyuntura prevaleciente la más extensa unidad revolucionaria en Colombia, indispensable a los propósitos de favorecer la liberación de la nación e impulsar la revolución.

Ante tan tremenda alternativa hacemos una concesión que estimamos de monta y optamos por una salida acertada como la propuesta. Por el contrario, el Partido Comunista insiste contumazmente en matricular el frente en la política soviética, buscando vetar a los destacamentos que no comparten su criterio y poniendo en peligro la unidad del pueblo. Cuando el MOIR y el Partido Comunista pactaron la alianza y fueron conjuntamente a las elecciones de 1974, el programa unitario que entonces se elaboró tampoco situó a la UNO en ningún bloque de Estados, mantuvo en este sentido una posición invariablemente neutral, sin que ello fuera óbice para enfatizar la simpatía y fraternidad hacia los pueblos que pelean contra la opresión extranjera y en bien de la revolución y el socialismo, y para abogar por las relaciones diplomáticas, comerciales y culturales con todos los países en pie de igualdad, respeto mutuo y beneficio reciproco. A quien desee comprobar esto le bastará leer o repasar los llamados nueve puntos de la Unión Nacional de Oposición, promulgados por la II Convención, el 22 de septiembre de 1973.

Las posteriores acusaciones del Partido Comunista de que pretendemos enfilar el frente unido contra Cuba, haciendo interpretación acomodaticia de las divergencias de fondo que tenemos concernientes a estos problemas, no son más que maniobras desesperadas dirigidas a echar una cortina de humo sobre una proposición unitaria amplia, democrática y consecuente que desde hace mucho tiempo pusimos en la mesa de discusiones: la política de unidad y combate. No ocultamos que con el gobierno cubano tenemos discrepancias que se originaron principalmente en la colaboración que éste le presta al expansionismo soviético, pero no estamos reclamando que se monte en Colombia una alianza revolucionaria para poner de blanco de ataque a Cuba y a sus dirigentes. Ello sería insensato y carecería de piso político.

Reconocemos los grandes aportes de la revolución cubana a la causa antiimperialista de Latinoamérica y su repercusión mundial, preferencialmente las épicas hazañas del movimiento 26 de julio y de su joven y heroica comandancia, hoy página incuestionable de la historia de nuestros pueblos, pero nos sobra justeza al defender el derecho a la libre determinación del pueblo colombiano, cuya política revolucionaria no puede atarse a los intereses y vaivenes del hegemonismo de las grandes potencias, y esto no contradice en nada nuestro internacionalismo proletario que se fundamenta precisamente en el principio del respeto a la soberanía de las naciones y a la autodecisión de los pueblos.

El frente único por el cual propendemos debe combatir tanto al sistema neocolonial y semifeudal que oprime al país y al pueblo como al régimen gubernamental que lo sustenta; debe conquistar la independencia nacional del yugo del imperialismo norteamericano y preservar después celosamente la soberanía nacional de cualquier intervención extranjera; debe respaldar las luchas de los movimientos de liberación nacional, del proletariado internacional, de los países socialistas y de los revolucionarios del mundo entero; debe erigir un Estado democrático y popular basado en la alianza obrero campesina y que prepare el advenimiento del socialismo, y debe permitir la participación de todas las clases y fuerzas revolucionarias colombianas, según unas claras normas democráticas de relación y funcionamiento. Conforme a las características de la situación mundial y nacional este frente único de la revolución colombiana tendrá que ser no alineado en el ámbito internacional.

Al margen de las vicisitudes del movimiento revolucionario ésta fue, es y será nuestra posición unitaria que coincide con la orientación del Foro del 18 de febrero de fundar en Colombia uno solo y el más dilatado frente de lucha de liberación nacional.