EDITORIAL: LA HORA ES DE UNIDAD Y DE COMBATE

Francisco Mosquera

Cuando el año finaliza, es momento propicio para hacer un balance de los acontecimientos de 1972 que mayormente influyeron en la política nacional y señalar las perspectivas revolucionarias que se vislumbran con el año venidero. Ha sido este un período de especial agitación política. Las clases dominantes empezaron con tiempo los preparativos de su continuidad en el poder por cuatro años más a partir de 1974. La estrategia reaccionaria es clara: la prolongación indefinida de la Gran Coalición del Frente Nacional. Lo que ahora discuten y preparan los altos jerarcas liberales y conservadores es la forma que adoptará en el futuro el Frente Nacional, la persona que los representará en el próximo cuatrienio, la manera de realizar las convenciones, sortear las dificultades, pactar los acuerdos y derrotar o neutralizar los descontentos de los dos partidos tradicionales. Dentro de la izquierda también hay excitación. La preocupación principal consiste en cómo hacerle frente a la estratagema de la reacción y como resolver el asunto de la unidad de las filas revolucionarias. La consigna es obstaculizar los planes del imperialismo yanqui y de sus lacayos colombianos y movilizar coordinadamente los efectivos populares. Enérgico rechazo ha sufrido la política oficial por parte de vastos sectores de masas.

Los obreros le han declarado la guerra a las camarillas patronales de la UTC y CTC y proponen un movimiento sindical independiente y revolucionario. Los campesinos desenmascaran las maniobras del gobierno tendientes a crear una asociación campesina de bolsillo y se salen del tutelaje estatal para proyectar su propia organización. Los estudiantes no ceden un milímetro en sus justas luchas democráticas y patrióticas y se plantean la necesidad de una federación nacional de universitarios. Desde el punto de vista de la revolución la cuestión se resume en estimular las luchas de las masas populares, entrelazarlas para que se apoyen mutuamente y desemboquen en un gran movimiento nacional.

Frente a frente están las dos estrategias. Las clases dominantes buscan prolongar el régimen del Frente Nacional y así redoblar la explotación del pueblo y entregar aún más el País al imperialismo yanqui. Las clases populares buscan coordinar sus luchas y unificar sus fuerzas para desembarazarse de los opresores extranjeros y colombianos y conquistar sus derechos fundamentales. ¿De quién será la victoria? A la larga la victoria será inevitablemente del pueblo, pero el que ésta se alcance más temprano que tarde depende de la dirección revolucionaria, del acierto en la solución de los problemas que vayan apareciendo en el proceso revolucionario.

UN PASO AUDAZ HACIA ADELANTE

Las elecciones de abril fueron un acontecimiento de relativa importancia. Aunque no se alteró en su conjunto a correlación de fuerzas, las elecciones produjeron algunos cambios que es necesario tener en cuenta. Lo primero por resaltar y evaluar es nuestra participación en la campaña electoral. Por primera vez las fuerzas que conforman el MOIR hicieron uso de este tipo de lucha, modificando para ello la posición abstencionista sostenida con no poco ardor en ocasiones pasadas. Este viraje en la táctica del MOIR, como fue explicado en la Resolución del Comité Ejecutivo Central de nuestro Partido, es el resultado de la asimilación de la experiencia vivida que nos ha enseñado cómo sí es conveniente y permisible para el proletariado la utilización revolucionaria de las elecciones. Fue también ante todo la demostración práctica nuestra de una mayor comprensión del marxismo-leninismo.

Sin embargo, a nadie escapaba que una corrección tan brusca, producida a menos de tres meses del 16 de abril, plazo angustioso para preparar una campaña electoral y en especial para una fuerza política perseguida, inexperta en esas lides y que no contaba con una organización extendida por todo el país ni con recursos suficientes, podría acarrearnos contradicciones graves, incluso divisiones internas o hasta deserciones. El temple de un partido se mide en la audacia y en la capacidad de amoldar su táctica a las situaciones fluctuantes. Se puso a prueba lo que hemos aprendido y avanzado en pocos pero difíciles años de construcción revolucionaria, de trabajo paciente de partido de nuestra militancia.

En las múltiples declaraciones emitidas por el gobierno de Misael Pastrana sobre las elecciones abundan las alabanzas para la democracia, las formulaciones de absoluta neutralidad y de garantías para todos los partidos en pugna. El pueblo sabe qué poco valen las palabras de los gobernantes de Colombia. Las elecciones se desarrollaron en estado de sitio y bajo el régimen de los consejos verbales de guerra para juzgar a los luchadores populares.

Los partidos tradicionales y en especial las corrientes gobiernistas gozaron de todos los privilegios, del favor de gobernadores y alcaldes y de la protección de los aparatos represivos. Las corrientes opuestas al Frente Nacional adelantaron la campaña en medio de la persecución policial. Sus manifestaciones eran entorpecidas o prohibidas, sus activistas encarcelados, su propaganda incautada, se les provocaba. En más de una región se recurrió al asesinato para impedir la expresión popular. El MOIR afrontó toda esa represión.

Al observar las condiciones de desigualdad con que las fuerzas revolucionarias se enfrentan en las campañas electorales que organizan los explotadores, hay personas que preguntan por qué el MOIR fue a las elecciones y se sometió a unas reglas de juego a todas luces desventajosas y sucias. Cuando los marxistas han participado en las elecciones manipuladas por los explotadores no es porque crean en las bondades de la democracia burguesa, ni aún en los casos más excepcionales. Jamás habrá igualdad democrática para los obreros y campesinos en un país neocolonial y semifeudal como el nuestro, ni siquiera en la república capitalista más "avanzada" y "democrática". La democracia de los explotadores es la dictadura sobre las masas trabajadoras. El pueblo no podrá derrocar a sus opresores con los medios que estos le permiten. El MOIR aprovechó las elecciones para extender su influencia entre las masas, explicar su programa revolucionario, combatir a los enemigos del pueblo y a su farsa democrática, hacer llegar su voz si era posible a las corporaciones públicas, a pesar de las mentidas garantías y por encima de ellas.

Fuera de la represión oficial y de los sistemáticos y naturales ataques de los partidos tradicionales, el MOIR encaró la rabiosa hostilidad de la ANAPO y del Partido Comunista que vieron en nuestra participación electoral una grave amenaza para sus planes. Uno de los argumentos de la dirección del Partido Comunista para combatirnos era el de que el "único resultado" de nuestra campaña electoral "será el de restar votos a la oposición". En su propaganda tanto la ANAPO como el PC pregonaban sin el menor escrúpulo y con el mayor cinismo que la decisión del MOIR de ir a las elecciones hacía parte de una macabra maniobra "divisionista" de la oligarquía, que se trataba de un grupo "oportunista", "electorero", "anticomunista", que "no lucha contra la oligarquía y el imperialismo sino contra los verdaderos revolucionarios"[i] y otras calumnias por el estilo. Lo curioso es que el Partido Comunista decía todas estas cosas, sin importarle el antecedente de que en el pasado criticaba con parecido entusiasmo nuestro abstencionismo y nos retaba a que fuéramos a las elecciones, y olvidando que había proclamado, en tono histórico, que ve con buenos ojos la aparición de nuevos partidos políticos distintos al Liberal y Conservador. Indudablemente que cuando el Partido Comunista habla de "nuevos partidos" se refiere a la ANAPO y a la Democracia Cristiana. Los esfuerzos mancomunados del Partido Comunista y la ANAPO no pudieron sabotear la campaña electoral del MOIR, siendo que nuestras fuerzas eran mucho más débiles y contábamos con menos recursos.

El problema de la aceptación y profundización de la línea trazada se resolvió mediante el estudio, la discusión y la lucha ideológica intensamente llevados a cabo a todo nivel. Los cuadros y militantes iban fundamentando su posición en la marcha, a medida que adelantaban la campaña electoral. Al esclarecimiento contribuyó decisivamente la experiencia sistematizada de las luchas libradas por el MOIR en el seno de las masas obreras, campesinas y estudiantiles.

En esta forma la unidad ideológica salió fortalecida. Importantísimo, porque un destacamento político que da muestra tan impresionante de disciplina como la del MOIR en la batalla electoral, es capaz de proponerse empresas más difíciles y salir victorioso. No se produjo una sola deserción que merezca mencionarse. Los resultados son de crecimiento y extensión de nuestra organización en todo el país y más estrecha vinculación a las masas. Aprendimos, corregimos fallas y perfeccionamos el estilo de nuestro trabajo. Las tendencias dogmáticas y sectarias propias del infantilismo político fueron duramente golpeadas: modificarnos e hicimos más entendibles para las masas nuestro lenguaje y nuestros escritos, nos acercamos y colaboramos con grupos y personas susceptibles de ser influenciados pero que despreciábamos o no queríamos tratar. Vale destacar la actividad incansable de la, Juventud Patriótica y de los Trabajadores del Arte Revolucionario, baluartes del Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario.

Agitamos profusamente nuestro programa nacional y democrático, sin vacilación. No hicimos concesiones para sortear situaciones difíciles o ganar momentáneamente adictos. No ocultamos nuestras intenciones, a riesgo de complicar las cosas. Fuimos a las elecciones a la manera bolchevique, a la manera comunista. Esta actitud nos diferenció antagónicamente de los partidos tradicionales y oportunistas y fue el mejor mentís para nuestros detractores. El MOIR acordó alianzas y listas conjuntas con varios grupos y movimientos políticos regionales y con el Frente Popular Colombiano, dirigido por Alberto Zalamea. Con esta política de alianzas adelantadas sobre la base de apoyar las luchas populares y respaldar las tesis programáticas del MOIR, superamos en parte la debilidad relativa de nuestras fuerzas. Logramos inscribir listas en 16 departamentos y obtuvimos aproximadamente 19.000 votos. Esta cifra no es precisa, debido al fraude, pero refleja sin duda el estado real de nuestro desarrollo, propio de un movimiento joven y en ascenso.

LO QUE VA DEL 19 AL 16 DE ABRIL

El MOIR no participó en las elecciones de 1970 a causa de la posición abstencionista autocriticada y corregida en 1972. Por lo consiguiente no tenemos guarismos que comparar, solo el salto de la "abstención beligerante" a la utilización revolucionaria de las elecciones. El resto de partidos de envergadura nacional se enfrentaron tanto en la contienda electoral del 70 como en la del 72.

El avance o retroceso de los partidos políticos no pueden ser medidos exclusivamente por unas elecciones, y mucho menos por esta clase de elecciones amañadas y prefabricadas. Sin embargo los marxistas tomamos las luchas electorales y sus resultados como indicadores importantes de los altibajos de las diferentes fuerzas.

Comparando las dos últimas votaciones aparece de bulto el debilitamiento de la ANAPO. En 1970 el general Rojas como candidato a la Presidencia pasó del millón seiscientos mil votos. Dos años después los electores anapistas no llegaron a seiscientos mil. Haciendo la salvedad de que las elecciones presidenciales son más caudalosas que las llamadas de "mitaca", en 1972 el efectivo electoral anapista se redujo a la tercera parte. Disminución bastante considerable.

Existe el convencimiento generalizado de que el 19 de abril de 1970 Rojas le ganó las elecciones al candidato del Frente Nacional. El gobierno alteró el resultado y proclamó vencedor a Misael Pastrana. El pueblo se volcó a las calles de las grandes ciudades exigiendo se hiciera respetar con un paro general el resultado de las urnas. Fue este el punto culminante de mayor auge de la ANAPO y también el comienzo y origen de su descenso posterior. Rojas, puesto preso en su residencia, condenó y desautorizó las manifestaciones de protesta de las masas y declaró que esperaba confiado en la imparcialidad del presidente Lleras Restrepo, quien, para imponer a Pastrana, había recurrido al estado de sitio, decretado el toque de queda en todo el territorio nacional y ordenado la captura de los dirigentes revolucionarios y de la oposición.

En un reportaje concedido a El Periódico el pasado 10 de julio, el General comentó descaradamente: "Es curioso y es triste volver los ojos a ese 19 de abril en que el pueblo se llenó de júbilo porque había ganado el poder, porque iba a ser redimido. Lo hizo en forma alegre, pero no quiso defender el triunfo. Mucha gente dice que por qué yo no defendí el triunfo. ¿Cómo puede una sola persona irse contra todas las fuerzas del gobierno y lo que llaman las fuerzas vivas de la nación para defender el triunfo?"

Como nunca, ese 19 de abril la ANAPO y su Jefe supremo se dejaron ver el cobre. El día. del gran "triunfo" cayeron hechas pedazos muchas ilusiones. La única escuela de los pueblos es su propia experiencia.

Cuando las masas, desencantadas de las promesas del Frente Nacional y oprimidas por la feroz dictadura del bipartidismo constitucionalizado, comenzaron a seguir a Rojas, veían en el viejo exdictador al exiliado que regresaba a su patria dispuesto a desafiar la ira de la oligarquía que lo cogió de chivo expiatorio de todos los males de la República. No importaba que el acusado hubiera sido el más incondicional servidor de esa oligarquía; lo que interesaba era que Rojas, desde el presidio, en el juicio del Congreso donde nada le probaron porque sus jueces eran cómplices de los mismos crímenes, con su solitaria y estoica resistencia se le enfrentaba de verdad al Frente Nacional. Sin otra perspectiva más clara, o más visible, fueron engrosando el rojismo elementos de las capas más empobrecidas de la población, de la pequeña burguesía e inclusive de los sectores descontentos de la burguesía y de los terratenientes. Así, de la noche a la mañana, como por arte de magia, apareció ese movimiento agigantado que aterrorizó el 19 de abril a las clases dominantes. Pero no fue más que un susto electoral. A Rojas lo único que se le ocurrió fue reprender al pueblo e implorar la "pureza del sufragio".

De la experiencia de la ANAPO deben quedar bien aprendidas dos lecciones históricas. Las clases dominantes colombianas no entregarán legalmente el Poder al pueblo. Si echando mano de la violencia, le negaron el acceso al Poder a la ANAPO que es un partido de oposición, es decir, electoral, dentro del sistema, alejado de la revolución, con muchísimas razones más y más violentamente se lo negarán a un partido que tenga inscrita en sus banderas de lucha la transformación revolucionaria de la sociedad. La segunda lección es la de que sólo un partido auténticamente revolucionario, leal al pueblo y a la nación, dispuesto a combatir en todos los terrenos y no únicamente en las elecciones, puede conducir las masas al Poder.

Pero el descenso de la ANAPO no se debe solo a las vacilaciones y componendas del 19 de abril. La reacción sostiene que la ANAPO perdió las elecciones en 1972 porque abandonó las toldas de las dos "colectividades históricas" y se convirtió en un "tercer partido". En Colombia, agregan, no florecen las agrupaciones políticas distintas al liberalismo y al conservatismo. "Los terceros partidos -dice Ospina Pérez- no han tenido éxito en Colombia, ni siquiera bajo el impulso de hombres tan extraordinariamente dotados y de tan profunda y brillante formación política como Núñez, Carlos E. Restrepo, Gaitán o Alzate"[ii]. Pero la cosa es completamente al contrarío. La ANAPO ha retrocedido precisamente porque en el fondo no ha dejado de ser un partido tradicional. Su programa no difiere mucho del programa de los viejos partidos.

En los dos problemas claves de la Colombia de hoy, la dominación neocolonialista yanqui y el semifeudalismo, la ANAPO toma como suyas, y como si fueran grandes reivindicaciones, los viejos postulados reformistas de la Gran Coalición burgués-terrateniente proimperialista. Además, en la dirección anapista tienen influencia determinante elementos burgueses y terratenientes que han terminado imprimiéndole su carácter regresivo.

El hecho de que siga siendo un partido tradicional, a pesar de que formalmente proclame lo contrario, explica el por qué del apoyo de la ANAPO a ciertas iniciativas del gobierno y sus contradicciones cada día más crecientes con las masas trabajadoras de la ciudad y el campo.

Las dos únicas posibilidades serias de hacer política, son, o al lado de los opresores o al lado de los oprimidos; o se sirve al imperialismo yanqui y sus lacayos que sojuzgan y explotan a Colombia o se sirve a las masas trabajadoras y a la nación colombiana. El porvenir será de la clase obrera y de su partido, única fuerza capaz de encabezar la lucha revolucionaria y liberadora del pueblo colombiano. Los intentos por crear nuevos partidos en Colombia distintos al Liberal y Conservador han fallado porque no tienen en cuenta esta ley fundamental de la revolución. El "tercer partido" en Colombia no puede ser otro que el partido de la clase obrera. Sólo el partido proletario podrá convertirse en el vocero auténtico de los oprimidos y humillados de Colombia. Ese partido y no otro podrá apoyar e interpretar los intereses de las masas campesinas, organizar al pueblo y liberar al país. En las condiciones actuales de Colombia es esta la principal tarea de los marxista-leninistas: construir un partido obrero, auténticamente revolucionario, auténticamente comunista.

Tanto los dos partidos tradicionales como el Partido Comunista mantuvieron en 1972 la votación alcanzada en el 70. Sin embargo hay que volver a hacer la misma observación que ya hicimos. En las elecciones de "mitaca" la abstención es mayor. El tremendo retroceso de la ANAPO es lo que permite a los partidos tradicionales reclamar la victoria de las elecciones del 16 de abril. Realmente para las clases dominantes ha quedado despejado el camino de la continuación del Frente Nacional dentro de los marcos de la Constitución, o por lo menos más despejado de lo que estaba el 19 de abril de 1970.

Sin embargo hay que resaltar que no todos los votos sumados al Frente Nacional en las últimas elecciones fueron pedidos en su nombre. Como Frente Nacional se conoce la política de "responsabilidad compartida" de los dos partidos tradicionales que desde 1957 obliga a liberales y conservadores a respaldar un mismo programa, repartirse paritariamente los cargos públicos y alternarse la presidencia de la República. Esta obligación no es de cualquier tipo, sino que lo manda la Constitución Nacional. El Frente Nacional no es más que la expresión política, jurídica si se quiere, de la alianza burgués-terrateniente proimperialista que tantos males le ha traído al pueblo colombiano. En las pasadas elecciones el llero-lopismo agitó puntos de vista que evidentemente se separan de la posición oficial.

No se trata de indagar si el señor Lleras Restrepo y el señor López Michelsen defienden o no los intereses del imperialismo y de las clases dominantes. Nadie puede dudar del servilismo y el antipatriotismo de estos dos funestos personajes. Se trata de analizar con qué planteamientos solicitaron el respaldo del pueblo el 16 de abril, de señalar un hecho concreto, de denunciar el truco a que recurrió el llero-lopismo para obtener más del 50% de los votos liberales.

El truco del llero-lopismo consistió en hacer creer que había diferencias con el gobierno, que Pastrana, en un viraje hacia la derecha, estaba desmontando la obra "bienhechora" de su antecesor. El terreno venía siendo preparado desde antes. Días después de haber salido del Palacio de San Carlos, Lleras Restrepo declaró a unos periodistas que no era "gobiernista ni anti-gobiernista". Y el expresidente de la Dirección Liberal, Augusto Espinosa, carlosllerista de tiempo completo, manifestó en el Senado que el Partido Liberal necesitaba de una "división creadora". La "división creadora" consistía en que a una parte del Partido Liberal le tocaba respaldar a Pastrana, velar por los acuerdos con el Partido Conservador, defender los programas oficiales. Este papel correspondió al señor Turbay. La otra parte jugaba a la oposición, al sectarismo, a la "democracia". Este papel, mucho más grato, desde luego, correspondió al llerolopismo. Al turbayismo le costaría más trabajo entusiasmar al electorado liberal, como en realidad fue.

Entre el gobierno, el Partido Conservador y el turbayismo, respaldados por los expresidentes Ospina y Lleras Camargo, por un lado, y el llero-lopismo, por el otro, se entabló una polémica sobre el artículo 120 de la Constitución, referente a la continuación de la paridad en el Ejecutivo a partir de 1974. El llero-lopismo sostenía que no obliga al presidente electo en 1974 conformar su gobierno "exclusivamente" con liberales y conservadores y que puede, sin violar la Carta, llamar a colaborar a miembros de otros partidos. En esta forma se halagaba a la oposición y se pretendía neutralizar a la multitud de fuerzas que ven en el paritarismo bipartidista una de las trabas antidemocráticas más aberrantes del actual sistema. Lo que el llero-lopismo quería hacer resaltar era su inclinación "democrática" e "izquierdista", dar a entender que si el señor Lleras llega al Poder en 1974, o el señor López, hasta podría la ANAPO recibir su cuota burocrática. El democraterismo fue tal y el cinismo, que López se atrevió durante la campaña electoral, a decir que el comunismo en Colombia le debía a él, a su gestión disidente, el derecho al voto.

Mientras esas y otras bobadas hablaba el llero-lopismo, Misael Pastrana, que es el presidente y el máximo personero actual de la Gran Coalición, notificaba al país: "La enmienda constitucional de 1968 que consagra hasta 1978 la más estricta paridad del liberalismo y el conservatismo ’en todos los niveles de la administración’, como afirma textualmente el artículo 120. No estará en juego, por consiguiente, en 1974 el predominio hegemónico de un partido sobre el otro, sino simplemente la dirección desde la Jefatura del Estado de una coalición de inequívoco y obligatorio origen constitucional"[iii] " ... si en las elecciones de 1974 triunfare un partido distinto al conservador o al liberal, ese partido tendría un presidente pero no obtendría el gobierno"[iv].

La interpretación que Pastrana le da al artículo 120 de la Constitución es la única correcta, por la sencillísima razón de que eso fue precisamente lo que buscaban las clases dominantes con la reforma de 1968: prolongar el Frente Nacional. No se es "progresista" por afirmar, como lo afirma el editorial del 6 de julio de 1972 de "Voz Proletaria", órgano del Partido Comunista, que "los jefes del llamado progresismo, Lleras Restrepo y López, dan una interpretación acertada a este artículo" (el 120).

La reforma constitucional de 1968 es la principal obra del gobierno anterior. Por ella presentó Lleras Restrepo renuncia a la presidencia de la República para presionar su aprobación. En su carta de renuncia al Congreso el presidente dijo: "El artículo 10 del proyecto de acto legislativo que está a la consideración del Senado prolonga por cuatro años más, esto es, hasta el 7 de agosto de 1978, la paridad en el gabinete, en las gobernaciones y en los demás cargos queno pertenezcan a la carrera administrativa"[v]. El Congreso, aprobó el proyecto, y Lleras. contínuó gobernando.

La oligarquía viene prolongando el Frente Nacional en sucesivas reformas constitucionales efectuadas con los medios más tramposos. En el plebiscito del 19 de diciembre de 1957 propusieron el Frente Nacional por doce años, en el 59 lo prorrogaron cuatro afños más y en el 68 por otros cuatro, es decir hasta 1978, con lo que se completan veinte años. Pero la cuestión es mucho más descarada. De 1978 en adelante continuarán, los llamados "gobiernos nacionales" en los cuales el partido gobernante debe darle obligatoriamente representación en el Poder al partido mayoritario de la oposición. Es decir, el mecanismo de prórroga indefinida del bipartidismo está previsto.

El problema del reconocimiento de la oposición no se puede reducir tampoco a darle la interpretación "más conveniente" a la Constitución. Cuando las clases explotadoras dominantes hablan de que se les dará garantía legal a los partidos de la oposición no incluye en esa denominación a los partidos revolucionarios.

Una prueba de esto la suministra Pastrana en la intervención que hizo como ministro de Gobierno en la Cámara, de Representantes para explicar las virtudes de la reforma constitucional del 68. A la vez que defendía la participación en el gobierno de los partidos de la oposición después de 1978, objetaba lo siguiente: "Si la línea comunista de Pekín, partidaria de la subversión violenta del orden establecido, obtiene un cierto número de curules, el Gobierno tendría que darle participación, y así contemplaríamos el absurdo de una, Administración que en una proporción sería partidaria del mundo occidental y cristiano y en otra del materialismo marxista"[vi]. Conclusión: Cuando se habla de participación de partidos de la oposición se debe entender participación de partidos, partidarios "del mundo occidental y cristiano".

Lenin dice: "El partido dominante de una democracia burguesa solo cede la defensa de la minoría a otro parido burgués, mientras al proletariado, en todo problema serio, profundo y fundamental, en lugar de ’defensa de la minoría’ le tocan en suerte estados de guerra". Solo en esta forma se debe entender la cuestión de la participación democrática de la oposición en un régimen como el de Colombia. No solo lo enseña Lenin, el gran maestro del proletariado, sino que lo reconoce Pastrana, el obsecuente sirviente del imperialismo y de la oligarquía.

Pasadas las elecciones y recogido el fruto de la "división creadora", el llero-lopismo pactó con el turbayismo la unidad liberal, pactó con el gobierno la defensa de los programas oficiales y pactó con el Partido Conservador la continuidad del Frente Nacional tal y como está consignado en la Constitución. El título de la comedia: Cómo engatuzar ingenuos. Solo en broma se podía aceptar que Lleras Restrepo, curtido en lacayismo, fuera a librar una batalla, contra el bipartidismo. El señor Ospina Pérez que tiene sus motivos para presumir que conoce muy bien al señor Lleras Restrepo dijo de éste: "...es un hombre inteligente. Muy inteligente y que tiene una capacidad de reversar que no la tenemos muchos otros que parecemos ser más suaves y más condescendientes". Estas frases las pronunció Ospina a finales de mayo del año pasado en la Junta de Parlamentarios Conservadores para explicar cómo Carlos Lleras había aceptado todas las exigencias hechas por los terratenientes cuando se discutió con él en privado la reforma agraria.

Otra experiencia de las elecciones de 1972: Es más difícil pedir votos a favor del Frente Nacional que en su contra.

LA POSIBILIDAD DE UN FRENTE ELECTORAL DE IZQUIERDA

La estrategia del imperialismo yanqui para Colombia es prolongar el Frente Nacional. Significa que el Estado colombiano continuará bajo el control del puñado de dirigentes de los dos partidos tradicionales, cuyos estrategas más connotados, “claros” y con mayor influencia dentro de la coalición gobernante son Alberto Lleras y Ospina Pérez.

El imperialismo explota y oprime a la nación colombiana a través de la gran burguesía y los grandes terratenientes. Estas dos clases vienen coligadas en el Poder desde hace 27 años, cuando Alberto Lleras llegó a la Presidencia por primera vez y formó un "gobierno nacional". Hoy por hoy los partidos Liberal y Conservador son los partidos de la gran burguesía y de los grandes terratenientes, interpretan los intereses de estas clases y a ellas sirven. El Frente Nacional es la alianza de los dos partidos, Liberal y Conservador, consagrada en la Constitución colombiana como la única forma de gobierno permitido.

La alternación termina en 1974, pero el presidente que salga elegido entonces deberá gobernar con los dos partidos tradicionales. Las camarillas dirigentes liberal y conservadora pueden lanzar para 1974 un candidato presidencial por cada partido o lanzar uno solo que los represente a ambos. En cualquiera de los dos casos la obligación es la misma: gobernar coligadamente. A esto se han comprometido los varios aspirantes de los dos partidos. Hasta Alfonso López. Esta es la perspectiva de la reacción para las próximas elecciones.

Frente a esa situación se viene hablando de la necesidad de que la izquierda también se unifique y proclame un candidato único para 1974. La propuesta proviene concretamente del Partido Comunista, del Movimiento Amplio Colombiano y del Partido Social Demócrata Cristiano que ya integraron un frente, al que le dieron el nombre de Unión Nacional de Oposición (UNO). El MOIR ha sido invitado para que forme parte de este nuevo frente. El Comité Ejecutivo de nuestro Partido nombró una comisión para que adelante las discusiones al respecto con todas y cada una de las tres organizaciones que conforman la UNO. Se han realizado varias reuniones y dentro de la mayor cordialidad hemos fijado nuestros criterios. Las discusiones las seguiremos adelantando porque el MOIR no rechaza ni es su intención torpedear la perspectiva de un frente que, alrededor de una plataforma revolucionaria de lucha, lance un candidato único de la izquierda para 1974 y aglutine los más amplios sectores de masas posibles.

Cuatro son las condiciones que creemos se deben dar para que ese frente contribuya al desarrollo de la lucha revolucionaria del pueblo colombiano en la situación actual.

PRIMERA. El frente propuesto debe aprovechar la campaña electoral para desenmascarar la política anti-patriótica y antidemocrática del Frente Nacional, para agitar un programa revolucionario y para apoyar las luchas de los obreros, los campesinos, los estudiantes y demás sectores populares.

Estos son los únicos tres objetivos que se puede proponer el frente. Son objetivos realizables, corresponden a la situación nacional y al actual estado de desarrollo de las fuerzas de izquierda.

Plantear que el frente electoral de izquierda y su candidato presidencial deban proponerse alcanzar el Poder en 1974 es francamente perder el sentido de las proporciones y engañar al pueblo. Desenmascarar la política antidemocrática del régimen es aclararle al pueblo que ningún partido en Colombia distinto al Liberal, y al Conservador pueden gobernar legalmente. La misión de la izquierda no es velar por el imperio de la Constitución, como muchos seudo-revolucionarios opinan. La alternativa del Poder popular es inevitablemente "extraconstitucionaI".

SEGUNDA. La ANAPO no podría ser la columna vertebral del frente electoral de izquierda.

En reiteradas oportunidades la dirección del Partido Comunista ha manifestado que la ANAPO debe ser la fuerza determinante y principal del frente de oposición. Es más, ha pedido que se realicen todos los esfuerzos para convencer a la dirección anapista, y si es del caso reducir los puntos programáticos para facilitar los acuerdos.

Rojas adopta cada día posiciones más reaccionarias. Su preocupación consiste en congraciarse con las clases dominantes para que lo dejen gobernar de nuevo. En un reportaje concedido a la revista "Arco" del mes de noviembre pasado, hace una extensa remembranza de todos los servicios prestados a la oligarquía y al imperialismo yanqui, no solamente en Colombia durante la época de la violencia, sino en Corea durante la guerra de agresión contra el hermano pueblo coreano. En esta entrevista recurre al anticomunismo más vulgar para borrar toda sospecha sobre cuáles son sus reales intenciones.

El Partido Comunista ha insistido mucho en las cuestiones positivas de la ANAPO, en los aspectos "avanzados", "progresistas" y "nacionalistas" de su programa, para concluir que si estos aspectos se "desarrollan" haría mayores condiciones en Colombia para un verdadero frente de la oposición. A nosotros nos corresponde hacer hincapié en los aspectos negativos de la ANAPO, que son nada más y nada menos que sus posiciones conciliadoras con los dos grandes males de la nación colombiana: el neocolonialismo y el semifeudalismo. En la práctica la ANAPO apoya muchas de las medidas de tipo económico y político de las clases dominantes contra el pueblo. Está dispuesta a transigir y negocian con el gobierno en asuntos fundamentales a cambio de irrisorias prebendas. En realidad nunca se pudo tomar en serio el dilema: "ANAPO u oligarquía".

Para que la ANAPO pueda convertirse en la columna vertebral del posible frente electoral de la izquierda colombiana tendría que variar radicalmente, cosa que creemos en verdad imposible. Además Rojas ha sido supremamente sincero cuando afirma que la ANAPO no hará alianzas con ningún movimiento y que irá a las lecciones con candidato propio. La única alianza que hará la ANAPO, según el General, es que aceptara gustosa los votos que por él se depositen, sean comunistas o no.

A la ANAPO no se le debe hacer una sola concesión. Para que los sectores izquierdistas de ANAPO puedan participar en un frente electoral revolucionario no les queda otra salida distinta de la insubordinación y desconocimiento de la dirección del General, como lo hicieron los miembros del Movimiento Amplio Colombiano.

TERCERA. El frente electoral debe aprobar una plataforma antimperialista y democrática a la que se ceñirán sin excepción para la agitación y propaganda todas y cada una de las fuerzas integrantes.

La importancia principal de un frente de esta naturaleza en la situación actual es la agitación que realice y la educación que imparta a las masas. Hay que profundizar la conciencia revolucionaria del pueblo colombiano; explicar que la dominación extranjera y la traba semifeudal son los factores determinantes del estancamiento de la producción y de la ruina económica de las mayorías. Exigir la nacionalización no solo del petróleo, sino de todos los recursos naturales, así como la supresión de la injerencia del imperialismo yanqui en todas las ramas de la economía colombiana. La reforma agraria a propugnar no es una reforma cualquiera; ha, de estar basada en la eliminación de la explotación terrateniente mediante la confiscación de los grandes latifundios y el reparto de la tierra para los campesinos que la trabajan.

En las pasadas elecciones el MOIR adelantó su agitación y propaganda y pactó alianzas con varias agrupaciones amigas en torno a la llamada Plataforma de Lucha Electoral. La UNO aprobó en su reunión constitutiva del 22 de septiembre una Plataforma Mínima de nueve puntos. Estos dos documentos pueden servir para la discusión y elaboración programática definitiva que unifique a la izquierda colombiana en la batalla electoral de 1974.

CUARTA. Debe hacerse un acuerdo previo entre todos y cada uno de los partidos y organizaciones del frente que garantice: a) La dirección colectiva de la alianza y b) El respeto del carácter independiente de los partidos y organizaciones.

Estos requisitos contribuyen a un mayor entendimiento y armonía dentro del frente.

La dirección colectiva radica en que se acepte la participación democrática en la dirección del frente , de todas y cada una de sus fuerzas políticas integrantes, sin vetar a ninguna porque sea más débil o porque tenga 44menos votos". La dirección colectiva determina sobre los asuntos propios del frente.

El respeto al carácter independiente radica en la no injerencia en los asuntos internos y de exclusiva incumbencia de los distintos partidos y organizaciones del frente, en el compromiso mutuo a no interferir ni entorpecer el desarrollo organizativo de estos.

El MOIR desde su fundación, en septiembre de 1969, viene sosteniendo la necesidad de la creación de un partido auténticamente revolucionario como la tarea fundamental de la revolución en el actual período. El Gran Pleno Revolucionario del Bloque Sindical Independiente de Antioquia, celebrado en agosto de 1971, caracterizó al nuevo partido en la siguiente forma: "La vanguardia que necesita el pueblo colombiano en sus luchas es un partido auténticamente revolucionario, auténticamente comunista, pertrechado de una ideología correcta, el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tsetung, férreamente, unido y disciplinado, organizado en todo el país, vinculado estrechamente a las masas populares, arraigado profundamente a la realidad nacional y capaz de llevar a la victoria a las clases revolucionarias en las batallas más difíciles. Sólo la clase obrera podría crear un partido así, su propio partido". A principios de este año el MOIR lanzó públicamente la consigna de la fundación del Partido del Trabajo de Colombia y de la próxima realización de su Primer Congreso. La tarea de la fundación del Partido del Trabajo de Colombia, para la cual han venido preparando condiciones las fuerzas del MOIR con una perseverante y paciente labor de varios años entre las masas, es precisamente una de las cuestiones de exclusiva incumbencia del MOIR y de las fuerzas revolucionarias, que lo siguen.

Aclaramos este punto porque el MOIR continuará los esfuerzos tendientes a la preparación del Primer Congreso del Partido del Trabajo de Colombia. Las concepciones ideológicas, los principios programáticos y políticos y las normas estatutarias del nuevo partido solo los discutiremos con la militancia nuestra, con la base obrera y las masas en general, con las fuerzas revolucionarias del proletariado internacional y con las organizaciones y amigos que muestren de verdad una actitud consecuente y sincera.

Creemos que la fundación de nuestro Partido no tiene por qué perjudicar la posible conformación del frente electoral de la izquierda para 1974. El desarrollo de las fuerzas revolucionarias solo puede redundar en beneficio del pueblo y de la revolución.

El MOIR propone a la discusión las cuatro condiciones anteriormente numeradas y explicadas. Sobre estas bases estamos dispuestos a llegar a acuerdo con todos los partidos y movimientos políticos que quieran unificar sus fuerzas con la nuestra en la próxima campaña electoral.

CONCENTREMOS TODAS LAS FUERZAS CONTRA LAS CAMARILLAS DE LA UTC Y CTC Y UNIFIQUEMOS EL MOVIMIENTO SINDICALEN UNA CENTRAL OBRERA INDEPENDIENTE

La división del movimiento sindical y la falta de una organización nacional gremial de todos los obreros colombianos es algo que debe preocupar a los revolucionarios y en especial a los marxista-leninistas. El proletariado colombiano necesita con urgencia una organización que lo aglutine nacionalmente, que pueda defender sus conquistas, exigir sus derechos y fortalecer sus luchas. El proletariado necesita. superar la división.

"La clase obrera de un país semifeudal y sometido a la dominación neocolonial del imperialismo yanqui, como es el caso de Colombia, se desenvuelve en circunstancias adversas para alcanzar su pleno desarrollo político. Las principales medidas del régimen buscan someter material y moralmente al proletariado a las más terribles condiciones de vida. Con la supresión de los derechos de organización, expresión, movilización y huelga se les niega a los obreros toda posibilidad de defensa legal, y quienes lleven a la práctica el ejercicio de estos derechos son ametrallados o encarcelados. Pero el proletariado colombiano removerá todos los obstáculos, despreciará los peligros y sacrificios, y se vinculará estrechamente a las amplias masas no proletarias con una política nueva, diametralmente opuesta a la caduca política de las podridas clases dominantes, que interprete con fidelidad las exigencias fundamentales del pueblo y sea un reflejo auténtico de la realidad y del curso histórico del país".

"A los explotadores les aterroriza la existencia de un movimiento proletario independiente. Por eso, además de reprimir y privar de sus derechos democráticos al proletariado, el imperialismo yanqui y sus lacayos colombianos pretenden sostener mediante el soborno y la coacción una organización sindical patronal. Es de público conocimiento el hecho de que la UTC y CTC reciben subvención de organismos financieros norteamericanos y del gobierno colombiano. El desarrollo de una fuerza independiente y revolucionaria del proletariado implica una lucha aguda, permanente y decidida tanto contra la dominación imperialista como por barrer de las filas obreras a los oportunistas y agentes del imperialismo. Hay que convertir las organizaciones obreras en organizaciones revolucionarias al servicio de los intereses proletarios y populares".

Los dos párrafos anteriores pertenecen a la Declaración aprobada por los obreros del MOIR en el Pleno del Bloque Sindical ya mencionado.

Tal como se explica en la Declaración, la corriente patronal y la división del movimiento sindical colombiano se originan en la nefasta actividad de las camarillas dirigentes de la UTC y CTC. La negación de los derechos de organización, contratación, movilización, expresión y huelga de la clase obrera colombiana tiene como única causa la política represiva y explotadora de las clases dominantes proimperialistas. La destrucción de los sindicatos y la división sindical no las producen las fuerzas independientes y revolucionarias del proletariado que luchan por la defensa de los derechos democráticos y contra las camarillas de la UTC y CTC. Quienes han dicholo contrario confunden lo blanco con lo negro. Tampoco son las fuerzas independientes y revolucionarias las que debilitan la lucha de la clase obrera. Por sostener estos puntos de vista y ser consecuentes con ellos en la práctica, el MOIR ha sido perseguido y calumniado. El gobierno ha suspendido la personería jurídica, congelado los fondos, ilegalizado las asambleas y autorizado los despidos de dirigentes de la casi totalidad de sindicatos que se han atrevido a hacer parte del MOIR. El oportunismo de todos los pelambres ha culpado desvergonzadamente al MOIR de todos estos problemas del movimiento sindical independiente.

Pero la lucha de la clase obrera no la detiene nadie. Las dificultades son temporales y serán superadas. En la actualidad una gran conmoción sacude de abajo hacia arriba todo el movimiento obrero. No hay un solo sindicato que escape a la tormenta. Es este un fenómeno favorable porque lo produce el avance de las nuevas fuerzas que batallan contra las viejas y caducas corrientes patronales y reaccionarias.

La fusión de la UTC y de la CTC anunciada en el propio Palacio de San Carlos y bajo la bendición presidencial, ha echado leña a la hoguera de la rebeldía de la clase obrera. La crisis profunda por la que atraviesan las camarillas patronales les ha alborotado su anticomunismo. Están lanzando golpes a diestra y siniestra. Han expulsado federaciones enteras como la Federación Libre deTrabajadores del Cesar y sindicatos tan importantes como el de Telecom, que eran filiales de la CTC y UTC, respectivamente.

Toda esta situación y en especial el anuncio de la fusión de las centrales ha servido para diluir ciertas ilusiones sobre la verdadera catadura de la dirección utecista. Y se abre paso la consigna de unificar todas las fuerzas independientes del movimiento obrero para, en un frente común combatir, derrotar y aislar las camarillas de la UTC y CTC.

El Partido Comunista, ha manifestado estar de acuerdo con unificar todas las fuerzas susceptibles de ser unidas dentro del movimiento sindical, con el objetivo de combatir las camarillas utecistas y cetecistas. Inclusive ha expresado su disposición de suprimir siglas, si es del caso, para abrir campo a la formación de una central obrera nacional lo más representativa que se pueda. El MOIR considera justas y acertadas estas declaraciones del Partido Comunista porque contribuyen, en las condiciones actuales, a la unidad del movimiento sindical colombiano.En el informe leído por Teófilo Forero en la conferencia de dirigentes obreros del Partido Comunista de Bogotá se expresa textualmente lo siguiente: "Resulta claro que dentro de las nuevas circunstancias políticas, analizadas atrás, aparece como una posibilidad real que los comunistas mejoren sus relaciones con muchas de las organizaciones sindicales denominadas autónomas e ’independientes’, sobre la base de la lucha contra cualquier forma de expresión del anticomunismo, de derecha o de ’izquierda’. Es también claro que un avance significativo del proceso unitario del movimiento sindical no podrá lograrse, si no empezamos por admitir como una realidad la existencia de muy diversos matices y tendencias políticas dentro de cada sindicato en particular y dentro del conjunto del movimiento a escala regional y nacional. Partiendo de esta premisa el último pleno de la CSM lanzó la iniciativa de organizar un gran encuentro nacional sindical que sirva de foro para la discusión y análisis de los problemas fundamentales que tiene el movimiento sindical en la actualidad y particularmente las cuestiones relativas a la unidad de acción y a su unidad orgánica. Este debate tiene entre otros objetivos, el estudio de un nuevo reagrupamiento de todas las fuerzas sindicales que no se hallan vinculadas a ninguna de las centrales sindicales que culmine en un congreso del cual nazca, si es el caso, una nueva central de trabajadores, que aglutine el mayor número de sindicatos y federaciones. Se trata de una iniciativa muy audaz, que de ponerse en práctica conllevaría el surgimiento de una verdadera gama de nuevos y complejos problemas para el Partido, para sus cuadros y militantes sindicales, pero confiamos poder sortearlos. El cumplimiento de esta meta significaría un verdadero reto en la tarea de la unidad sindical y una respuesta contundente a las nuevas tácticas divisionistas urdidas por el imperialismo, los capitalistas y su gobierno"[vii].

Son muy claras las palabras de Teófilo Forero. Hay que partir de la "existencia de muy variados matices" dentro del movimiento sindical, si se piensa en serio trabajar por la unidad. Sin embargo también existe la ventaja de que a casi todos esos "matices" los identifica la lucha contra las camarillas patronales y contra sus amos. Estamos de acuerdo con "el estudio de un nuevo reagrupamiento de todas las fuerzas sindicales que no se hallan vinculadas a ninguna de las centrales sindicales que culmine en un congreso del cual nazca, si es el caso (y es el caso) una nueva central de trabajadores que aglutine el mayor número de sindicatos y federaciones".

El Partido Comunista alerta sobre el peligro del sectarismo que se puede fortalecer debido a las "relaciones justas y necesarias con los grupos y sectores independientes".

Valdría la pena hacer una historia pormenorizada y objetiva de los últimos cinco años, tiempo durante el cual en una u otra forma hemos tenido que ver con la lucha de los obreros colombianos, para desentrañar de dónde sopan los vientos sectarios. Por hoy conformémonos con señalar que el MOIR ha estado siempre de acuerdo con el apoyo fraternal a todos los sindicatos en lucha, pertenezcan a las federaciones o centrales que fueren. El combate de las fuerzas revolucionarias debe concentrarse en la minoría de esquiroles y vendeobreros y en ninguna forma contra los sindicatos, los dirigentes medios honestos o las bases de la UTC y CTC. Somos partidarios -siempre lo hemos sido- de que se emprendan todas las acciones unitarias necesarias y posibles en defensa de los derechos de la clase obrera. La exigencia que formulamos -siempre la hemos hecho- es que las acciones unitarias no deben ser entregadas a la dirección unilateral y traidora de los agentes patronales para que sean vendidas o desviadas como en 1965 y 1969.

Otra preocupación que se le plantea al movimiento obrero es lo referente a la construcción de sindicatos de industria. El gobierno apoyado en la UTC y CTC viene propiciando la fundación de este tipo de organizaciones. El fenómeno obedece a la concentración cada día mayor del poder económico de los monopolios que hace inevitable la organización de la producción por grandes ramas industriales. Los monopolistas consideran beneficioso el experimento de los sindicatos de industria porque confían resolver los conflictos laborales a su favor valiéndose de la UTC y CTC, en lugar de tenérselas que entender con varios sindicatos de base de diversa, orientación política.

La clase obrera debe impulsar los sindicatos de industria. Es no solo iluso sino equivocado oponerse a esta tendencia que favorecerá más a los obreros, los cuales sabrán expulsar de las juntas nacionales de sus sindicatos de industria a los esquiroles y aprovechar la concentración de sus fuerzas en lugar de esa atomización sindical que tanto ha debilitado al movimiento obrero.

El movimiento sindical debe ponerle toda la atención a las actuales condiciones favorables para su unidad y no escatimar esfuerzo para lograrla y consolidarla. A nivel nacional, se deben adelantar las conversaciones entre todas las fuerzas políticas que estén de acuerdo con la propuesta hecha por el Partido Comunista y que el MOIR respalda, sobre el reagrupamiento del movimiento sindical para aislar a las camarillas de la UTC y CTC y echar los cimientos de una central obrera. A nivel regional, continuar adelantando la formación de los comités de unidad sindical como los del Valle del Cauca y otros departamentos.

En el desarrollo de esta política se comprobará quiénes están realmente por la unidad de la clase obrera y quiénes se escudan tras esta palabra para ocultar sus propósitos inconfesables.

NOTAS


* Editorial de "TRIBUNA ROJA", No. 8, diciembre de 1972. En este editorial el MOIR plantea su política de "Unidad y Combate", cuyas dos tareas principales son las de la integración de un frente electoral de izquierda para las elecciones de 1974 y de la unidad del movimiento sindical independiente. Ambos propósitos se cumplieron en lo esencial. El primero, con la constitución de la Unión Nacional de Oposición, frente unido que participó en el debate electoral de 1974 con programa común y candidatos únicos, y el segundo, con la realización de más de un centenar de encuentros obreros regionales y del Gran Encuentro Nacional Obrero del 12 de octubre de 1973, a los cuales concurrieron varios miles de dirigentes sindicales que refrendaron unánimemente los principios unitarios del sindicalismo independiente. En materiales posteriores, reproducidos también en este libro, se analizan los logros y tropiezos de la política de "Unidad y Combate" del MOIR.


[i] "Derrotemos al gobierno y a quienes quieren dividir a las fuerzas de oposición", "Manifiesto electoral del PCC". "Documentos Políticos", marzo-abril de 1972, pág. 118.

[ii] Mariano Ospina Pérez. Discurso pronunciado en la "Comida de Unidad Conservadora", Medellín, 16 de marzo de 1972. "La República", 17 de marzo de 1972, pág. 6.

[iii] Misael Pastrana. Mensaje al Congreso al declarar instalado el’ período legislativo de 1972. "La República” 21 de julio de 1972.

[iv] Misael Pastrana. Mensaje a los directorios liberal y Conservador, 7 de enero de 1972. "El Tiempo", 8 de enero de 1972.

[v] "Historia de la Reforma Constitucional de l968". Presidencia de la República, 1969, pág. 286.

[vi] Idem, pág. 261.

[vii] Apartes del Informe leído en la "Conferencia de Dirigentes Sindicales Comunistas de Bogotá", 11 de noviembre de 1972. "Voz Proletaria” suplemento "Ideología", 23 de noviembre de 1972, pág. 5.