EL CAOS AL MANDO DE LA ECONOMÍA

Al año de su gobierno, el señor Turbay Ayala desata la más violenta ofensiva contra las masas populares del país. Decreta, por tercera vez, aumentos en los precios de los combustibles y del transporte; autoriza alzas en los alimentos y servicios públicos, después del demagógico y caricaturesco congelamiento ordenado en el mes de abril, y proyecta endeudar a la nacional en seis mil millones de dólares (252.000 millones de pesos), abyecta entrega de nuestra soberanía económica al capital financiero internacional.

Y como si fuera poco, la política gubernamental anunciada en los últimos días, golpeará la producción nacional y acrecentará el desempleo. La liberación de importaciones y la baja en los aranceles estrecharán aun más el mercado a la raquítica industria colombiana. Al mismo tiempo se anuncia la eliminación de los créditos de fomento y el reajuste de las tasas de interés, el impulsó a las exportaciones de recursos naturales y materias primas, y una mayor apertura de las puertas al capital extranjero. Todo esto, naturalmente, después de haber creado, con el Estatuto de Seguridad, el “clima propicio” para que el imperialismo se regodee saqueando nuestras riquezas.

El alza de los combustibles En menos de doce meses el galón de gasolina corriente ha pasado de $12 a $26, incrementándose en un 117%. Los pasajes pasaron de $1.30 a $2.20, subiendo un 70%. El régimen turbayista continua así con la política antinacional y entrevista trazada por López, de plegarse a las exigencias de los monopolios extranjeros, reajustando los precios a los derivados del petróleo.

Entre las consecuencias inmediatas ocasionadas por las mencionadas disposiciones se encuentra la escalada alcista en todos los demás bienes y servicios, los cuales suben porque se multiplican sus costos de materia prima, combustibles y transporte. La inflación, que hasta en las amañadas cifras del DANE llega en agosto al 20%, alcanzara en este año tales niveles que quedaran aniquiladas, en poco tiempo, las conquistas salariales obtenidas por los sindicatos tras largas y difíciles luchas. La decisión oficial de limitar los aumentos de sueldos a un 18% se ha convertido en un verdadero atraco a los trabajadores. Estos ven ahora disminuir sus salarios reales, menguados ya en más de la mitad con respecto a 1970.

Quiebra de Ecopetrol Se ha pretendido justificar las impopulares alzas de la gasolina en base al déficit constante que viene presentando ECOPETROL en los últimos años y que llega a unos 500 millones de dólares (21.000 millones de pesos). Al respecto es necesario aclarar que, del valor de cada galón vendido, la empresa sólo recibe un 64%, pues el gobierno se queda con cerca del 30% por concepto del impuesto a las ventas y recaudos para el fondo Vial y los distribuidores, especialmente las grandes compañías internacionales Esso, Texas y Mobil, que controlan en su casi totalidad el comercio mayorista de combustibles en Colombia, se apropian del resto. Resulta, entonces, que las invocadas pérdidas de la empresa estatal con el fruto de las ganancias del fisco y de los monopolios norteamericanos.

Pero el problema central, la crisis de Ecopetrol y la baja producción petrolera, hunde sus raíces en hechos más profundos; el saqueo por parte del imperialismo de nuestros recursos naturales. Desde la entrega de la Concesión de Mares, en Barrancabermeja, ala Standard Oil del Grupo Rockefeller, en 1917, cada uno de los gobierno ha emulado por darle a los pulpos estadinenses mejores condiciones para explotar el petróleo, hasta llegar a los presididos por López y Turbay que instauraron la modalidad de la “asociación” y de las alzas periódicas. Los monopolios extranjeros, amos absolutos en todo lo referente a la exploración, explotación y distribución en el territorio colombiano, obtienen del Estado el máximo de ventajas por su asociación con Ecopetrol, logran reducir la producción, convirtiéndonos de exportadores en importadores de hidrocarburos, y se aprovechan de la escasez de los mismos para presionar a su favor toda clase de privilegios.

Economía en crisis Casi todas las actividades productivas del país se ven abocadas, en el presente, a graves problemas, consecuencia de la política económica oficial.

La construcción, que cayó en manos de los grupos financieros que controlan la nación, sufre una gran parálisis, amenazando con dejar vacantes a 22.000 trabajadores. Los grandes urbanizadores se han dedicado a la edificación de casas y apartamentos lujosos para realizar jugosas ganancias, mientras el crónico déficit de vivienda popular se acentúa día a día.

La industria, por su lado, se enfrenta a la pérdida de su mercado interior ante la liberación de importaciones y la rebaja de aranceles. A tiempo que los países industrializados, atafagados por agudas crisis de superproducción, restringen las importaciones y protegen sus industrias de la competencia foránea., en Colombia se desempolvan viejas teorías librecambistas con el objeto de “hacer más competitiva y eficiente nuestra producción” y “bajar los precios” de las cosas, conforme al razonamiento oficial. En el fondo de todo esto sólo existe el deseo de resolver las dificultades que sufren los monopolios extranjeros, permitiendo que las reservas internacionales (3.5000 millones de dólares), obtenidas en parte por la exportación de café y en parte por el trafico de narcóticos, retornen a los Estados Unidos a cambio de las mercancías gringas.

Cómo derrochar 400.000 millones de pesos En julio del presente año, Colombia obtuvo del Grupo de Consulta, en París, aprobación a créditos externos por seis mil millones de dólares. Estos, y los 3.500 millones de dólares que posee en reservas, suman 400.000 millones de pesos que quedaran a discreción en manos del régimen despilfarrador. Las “comisiones”, los “serruchos”, las “mordidas” y demás formas de soborno, estarán a la orden del día en esta fabulosa danza de los millones.

El capital financiero foráneo, dado el condicionamiento que a través de los prestamos impone sobre la política tributaria, las tarifas de servicios públicos, la compra de productos en los países prestamistas y el transporte de aquellos, tendrá injerencia directa en el manejo de los 14.000 millones de dólares que vale el Plan de Integración Nacional que será ejecutado con dichos prestamos.

La política oficial de endeudar al país y subir el costo de la vida, liberar las importaciones y bajar los aranceles, subir las tasas de interés y promover el saqueo de los recursos naturales, sólo beneficiará a los monopolios imperialistas, a los grupos financieros y a la gran burguesía intermediaria compradora y vendedora. El desbarajuste económico resultante hará más oprobiosa la subsistencia de las masas trabajadoras, quienes cada vez comprenden mejor el antagonismo existente entre sus intereses y los de quienes nos expolian en nombre de la libertad y la democracia.