EL CASO DE LA LOCKHEED: LOS SOBORNOS, UNA VIEJA HISTORIA

En el mes de febrero, se inició con un nuevo escándalo mundial: los sobornos de la Lockheed Aircraft. Y esta vez, los cables internacionales implicaban a generales de la Fuerza Aérea Colombiana entre otros muchos “beneficiados” por la campaña norteamericana.

Ante la imposibilidad de ocultar por más tiempo los hechos, los diarios colombianos se vieron obligados a publicar algunas de las cartas comprometedoras, excusándose en que ya había trascendido al público y habían sido reveladas por la prensa de otros países.

Estas cartas que los representantes de la matriz de los Estados Unidos, con palabras en clave y con la desfachatez propia del poder de corrupción del capital monopolista, configuran todo un tratado sobre la manera como se realizan los negocios entre los grandes pulpos imperialistas y las naciones hasta donde extienden sus tentáculos. Los párrafos siguientes de una de esas cartas, fechadas en 1968, son una muestra bastante elocuente: “Mis ideas sobre esta materia se basan en los requisitos que la experiencia en ventas en Colombia ha demostrado. Un numero de gente involucrada no solo en hacer las decisiones de compras, sino también involucradas en las aprobaciones para el financiamiento, las licencias de importación, las negociaciones, etc., etc.,. esperan parte del ‘pastel’.

“El general Urrego no ha podido ver al Presidente. El Presidente ha estado demasiado ocupado”.

“No parece prometedor para Satena comprar la ‘B’ en el futuro cercano. No parece que la Ley de Satena será aprobada este año. La única oportunidad este año, es a través del presidente” (Tomado de El Tiempo, febrero 8 de 1976).

Según el anterior, resulta evidente que están comprometidos, además de los generales, altos funcionarios gubernamentales, ministros y hasta el propio presidente del al República, en ese entonces, Carlos Lleras Restrepo.

I N S T I T U C I O N A L I Z A C I O N D E L C I N I S M O

La desvergüenza de la clase dominante llega a tales extremos, que todo un exministro de Hacienda y ex embajador en los Estados Unidos, Hernán Echavarría Olózaga, confiesa sin ningún recato que: “en nuestro país no se hace un negocio importante con el Estado sin pagar comisiones. Para qué llamarlo con el nombre vulgar de sobornos? Es una mera consideración hacia los que se han dedicado a servirle a su país desde importantes posiciones”.

Es, en otras palabras, la institucionalización del cinismo. En realidad el caso de la Lockheed no es un acto aislado protagonizado por una compañía norteamericana ni es el primero para la historia de Colombia. Tampoco se refiere solamente a los gobernantes de un país “subdesarrollado” de América del Sur: la Lockheed admite haber pagado 22 millones de dólares en sobornos a los más variados personajes mundiales, desde un “ultraderechista japonés criminal de guerra”, pasando por un ministro de defensa de Italia, el líder de la Unión Social Cristiana en Alemania, hasta llega a una personalidad de la más “rancia y noble estirpe de la realeza europea”, el príncipe Bernardo de Holanda.

Decíamos que la Lockheed no es la única compañía que utiliza semejantes procedimientos para realizar sus actividades comerciales. En encuesta realizada en los Estados Unidos a 73 de las más grandes compañías multinacionales, el 75 por ciento acepta haber hecho pagos a funcionarios y políticos en el exterior, y la Comisión de Seguridad y Cambios del Senado norteamericano investiga en la actualidad a los 54 mayores empresas por sobornos fuera y dentro de ese país.

Así, la ITT se apoya en su poder económico para inmiscuirse en la actividad política de innumerable gobiernos y los monopolios bananeros con la United Brands a la cabeza obtienen de presidentes y ministros y ministros centroamericanos leyes ventajosas para sus actividades comerciales. Las superpoderosas compañías petroleras como la Gulf Oil o la Texas, compran conciencias y obtienen grandes concesiones y privilegios estadinense y del capital monopolista, apartados rincones de la tierra.

VIEJA Y NEGRA HISTORIA En Colombia, nada de esto es nuevo. Bástenos mencionar los sucios manejos, las inmoralidades y demás artimañas que han rodeado la historia negra de nuestro petróleo. En ella han actuado desde Marco Fidel Suárez a quien la oligarquía siempre ha presentado como un “dechado de virtudes y morales”, los gobiernos conservadores hasta 1930 y el lacayo Olaya Herrera. Todas esas maquinaciones y negociados tuvieron sólo resultado: que con nuestro petróleo se engrosaran más y más las insaciables arcas de las compañías petroleras norteamericanas y los bolsillos de unos cuantos vendepatrias. Recientemente tenemos las compras de las concesiones como la de la Colpet. Por estas “nacionalizaciones” los gobiernos de Pastrana y de López Michelsen entregaron millones de dólares a los consorcios internacionales por unos huecos que legalmente ya le pertenecían al Estado.

Y no olvidemos la compra por más de 20 millones de dólares de la Electrificadora del Atlántico a otro monopolio norteamericano durante la administración de Lleras Camargo en 1960. Dicha electrificadora debió revertir al Estado en 1948 después de haber sido explotada por 25 años con pingues ganancias. Y en los mismos manejos turbios se pueden incluir Cerromatoso y Cerrejón así como los que ya comienzan a salir a la luz pública: la compra de 18 aviones Mirage y de los fusiles G-3. Ante estos hechos, el desenmascaramiento del imperialismo que subyuga y explota al pueblo colombiano y de quienes se nutren sirviendo a los intereses del capital monopolista, es un deber de los auténticos patriotas. Porque dentro de la esencia del imperialismo está su capacidad infinita de corrupción y su poder omnipotente para comprar generales, sobornar ministros y manipular presidentes y obtener a cambio leyes favorables a sus intereses comerciales.

Afortunadamente el país entero ha empezado a tomar conciencia de estos actos aberrantes y comienza a gestarse un poderoso movimiento para expulsar al imperialismo norteamericano y todos sus lacayos.