EL DESPLOME DE LA INDUSRIA DE CALZADO

Importaciones arruinan a los pequeños y medianos productores

Empresarios del sector del calzado de Colombia, México, Venezuela y Argentina se encuentran alarmados por la invasión de productos provenientes del Sudeste Asiático, gracias a la política neoliberal que campea en Latinoamérica.

Los industriales que asistieron al Primer Salón Nacional del Calzado, efectuado en Valencia (Venezuela) a finales de junio, denunciaron que la región está seriamente afectada por el alto volumen de importaciones de este rubro.

Durante el año pasado entraron a Argentina zapatos por valor de 110 millones de dólares, cantidad nunca antes alcanzada, equivalente al 25% del consumo en ese país. En México, por su parte, se vieron obligados a colocar medidas compensatorias al respecto.

El caso colombiano no es menos alarmante. La avalancha de calzado extranjero comienza a hacer estragos en esta rama industrial que se caracteriza por estar constituida en su mayor parte por pequeñas y medianas empresas. Sólo en el primer trimestre del año en curso la importación de zapatos registró un incremento de 117% con relación al mismo período de 1992, situación que, según Víctor González Mercado, presidente de la Corporación de Industriales del Calzado (Cornical), se agrava con el contrabando, cuya afluencia es similar a la registrada legalmente. Los cuatro millones de pares que entran al país equivalen a la cuarta parte de la producción nacional.

Los industriales denunciaron, además, que el producto ingresa a precios anormalmente bajos (3.30 dólares, unos 2.600 pesos colombianos), constituyéndose en una de las principales causas de lo que denominan "la desaceleración del sector".

La mengua del mercado interno se agrega a la disminución del externo, fenómeno que se agudizó a partir de mediados de 1992. Ya desde ese entonces tanto los empresarios del calzado como los del cuero y sus productos responsabilizaron de la caída de las exportaciones (10% en 1992 con respecto a 1991) a la revaluación, a la reducción de estímulos como el Cert y a las demás disposiciones integrantes de la política de "internacionalización de la economía". Los frutos de la apertura, pues, comienzan a darse, arrastrando la producción nacional a la quiebra con todas sus secuelas de desempleo y miseria.