EL PAÍS SE PRONUNCIA

Ante la descarada intromisión de Estados Unidos en nuestros asuntos, varios columnistas, así como algunos caricaturistas y grafiteros han manifestado su repudio. Tribuna Roja recoge unas pocas muestras de tales expresiones.

D’ARTAGNAN:

No se pega con el garrote, pero se enseña. Se exhibe en forma amenazante. Tanto que la actitud del embajador ha dado pie para que en un editorial titulado "Añoranzas diplomáticas", el director de El Tiempo -a quien no exactamente podría endilgársele el calificativo de antiyanqui- dijera el jueves pasado, a propósito del mencionado -y malhadado- reportaje: "No estuvo afortunado, ni discreto, ni cordial, ni justo el señor Frechette. Hasta sacó a relucir el pesado garrote que evoca la figura de Roosevelt, el malo. (...) ("Intromisiones de Frechette", El Tiempo, 31 de marzo de 1996, Pág. 5A).

GENERAL (R) ALVARO VALENCIA TOVAR:

Si a comienzos del siglo el Presidente de la nación hacía versos mientras Teodoro Roosevelt aprestaba el gran garrote y declaraba que si Colombia no negociaba lo haría con Panamá, noventa y dos años después el Estado colombiano no ha podido hacer de Urabá una región próspera, organizada, pacífica, progresista, civilizada. A Panamá la desangró la guerra civil de los Mil Días. A Urabá la contienda brutal que empezó hace cincuenta años. Extraño paralelismo entre dos regiones con similar potencial de navegación interoceánica y parecidas circunstancias de abandono e inconciencia, que abrieron camino al desmembramiento allá, a una preocupante incógnita acá. ¿Qué será de Urabá en el inmediato futuro? (El Tiempo, 12 de abril de 1996, Pág. 5A)

EL ESPECTADOR.

Este de la no certificación no es un desenlace fatal sino triste, vergonzoso. Y no por el hecho de cuanto pudiere llegar a desprenderse de su negativa, sino por las circunstancias que lo rodearon y la poca dignidad demostrada por nuestros gobernantes.

Se ha dejado pisotear el prestigio de Colombia dentro de un sometimiento deliberado a la jactancia del poder unipolar de los Estados Unidos. Y a ese degradante concurso concurrieron por igual desde el primer momento el presidente de la República, sus ministros, el fiscal de la Nación, el director de la Policía y, en último término, los representantes de los gremios económicos, sin descontar las promesas de acierto de nuestro embajador en Washington. (Editorial, 3 de marzo de 1996, Pág. 2A). Primero nos atacaban porque teníamos la guerrilla y el comunismo en casa, luego fue por el narcotráfico; cuando acabaron el Cartel de Medellín, resolvieron que ése no era el importante, que debíamos acabar con el de Cali. (...) Es que lo que ellos quieren es quedarse con la región de Urabá y construir su propio canal para reemplazar el que pronto tendrán que devolver. (Ana María Busquets de Cano, "Que nos invadan pero", 4 de abril de 1996, Pág. 4A). Lo más importante fue que los campesinos reunidos en asamblea quisieron expresarle al presidente, fieles a la línea de su pensamiento, que no querían seguir viviendo la humillación de que un gobierno extranjero interviniera en forma tan abierta en los asuntos de nuestro país. No quieren que la soberanía nacional se vea menoscabada por hechos que, a su juicio, repugnan a la conciencia ciudadana y que no habían recibido de nuestros personeros en el poder una respuesta afirmativa, consecuente con nuestra condición de país libre y soberano. (Editorial, 1° de abril de 1996, Pág. 2A).

El Congreso de la República ha registrado con gran extrañeza y profunda preocupación las declaraciones del embajador de los Estados Unidos en Colombia, señor Myles Frechette. (...) El Congreso considera que tal posición del alto funcionario es una clara, muy grave, indebida e inadmisible injerencia en los asuntos internos del país. (...) En consecuencia, el Congreso recomienda al gobierno que de manera urgente envíe nota de protesta y reclamo a los Estados Unidos de Norteamérica, recomendando, a la vez, cambio de embajador de la misma nación ante nuestro país.

(Apartes de la Proposición No. 156, presentada por el senador Jaime Ortiz Hurtado y aprobada por el Senado el 27 de marzo).