EL PARTIDO

“En si lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase más que constituyéndose el mismo en partido político distinto y opuesto a todos lo antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras”.

“Esta constitución del proletariado el partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la Revolución social y de su fin supremo; la abolición de la clases”.

(C. Marx. Estatutos Generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores, 1871)

“Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad; y por la otra, en que, en las diferentes fases de desarrollo porque pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto” “Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera pero, al mismo tiempo, defienden también dentro del movimiento actual, el provenir de este movimiento”.

(C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848)

“Por oposición al ‘Maniifesto Comunista’ y a todo el socialismo anterior. Lasalle concebía el movimiento obrero desde el punto de vista nacional más estrecho. ¡Y, después de la actividad de la Internacional, aún se siguen sus huellas en este camino!”.

“Naturalmente, la clase obrera, para poder luchar, tiene que organizarse como clase en su propio país, ya que éste es la palestra inmediata de sus luchas. En este sentido, su lucha de clases es nacional, no por su contenido, sino, como dice el Manifiesto Comunista, por su forma”

(C. Marx. Critica del Programa de Gotha, 1875)

“No hay que dejarse engañar por los gritos de ‘unidad’ precisamente los que más abusan de esta consigna son los primeros en provocar disensiones; así ocurre con los actuales bakuninistas del Jura suizo, que han sido los instigadores de todas las escisiones y que por nada claman tanto como por la unidad”.

“Los sectarios más inveterados y los perores intrigantes y aventureros son los que en ciertos momentos más ruido arman en torno a la unidad. En lo que llevamos de vida nadie nos ha proporcionado tan grandes disgustos ni nos ha jugado tan malas pasadas como esos ruidosos predicadores de la unidad”.

“Es lógico y está muy bien que toda dirección de partido busque éxitos en sus trabajos. Pero hay circunstancias en las que se debe tener el valor de renunciar a los éxitos inmediatos en aras de cosas más importantes. Sobre todo un partido como el nuestro, cuyo éxito final esta plenamente asegurado y cuyo crecimiento en nuestra época y ante nuestros propios ojos han sido tan gigantescos que no necesita, siempre y en todas las condiciones, obtener éxitos inmediatos. Tomemos el ejemplo de la Internacional. Después de la comuna logró éxitos enormes. Los burgueses, muertos de miedo, la creían impotentes. La gran masa de militantes de la Internacional pensaba que las cosas iban a continuar así eternamente. Nosotros sabíamos perfectamente que el globo tenía que reventar. Gente de las más despreciables había adherido a la internacional. Los sectarios que se hallaban en sus filas se aprovecharon abusivamente de su condición de miembros de la Internacional y llegaron en su desfachatez a suponer que se les iba a tolerar las más grandes necedades y vilezas. Pero nosotros no lo toleramos. Sabiendo perfectamente que el globo tenía que reventar algún día, procuramos no aplazar la catástrofe y lograr que la Internacional saliese de ella limpia e incorrupta. El globo estallen La Haya, y ya sabe usted que la mayoría de los miembros del Congreso a sus casas profundamente desilusionada. Pero estos, decepcionados, que se imaginaban que en la Internacional hallarían el ideal de la fraternidad y la reconciliación universales, provocan casi todos ellos en sus organizaciones locales peleas mucho más graves que las que estallaron en La Haya. Ahora, los intrigantes sectarios predican la reconciliación y nos acusan de ser unos intratables y unos dictadores. Pero ¿Cuál hubiera sido el resultado si nosotros hubiésemos tratado de encubrir la escisión inminente? Los sectarios, esto es, los bakuninistas, habrían tenido un año más a su disposición para realizar en nombre de la Internacional estupideces e infamias aún mayores”.

“Por lo demás ya el viejo Hegel decía que un partido demuestra su triunfo aceptando y resistiendo la escisión. El movimiento proletario pasa necesariamente por diversas fases de desarrollo, y en cada una de ellas se atasca parte de la gente, que ya no sigue adelante”.

(F. Engels. Carta a A. Bebel, 1873)