EL POLO IRÁ A LA SEGUNDA VUELTA


Entrevista exclusiva para Tribuna Roja No. 108, Bogotá, abril 14 de 2009

Tribuna Roja. Doctor Gaviria, ¿cuál es su visión de la situación política?

Carlos Gaviria Díaz. Cada vez veo más complicada la reelección de Uribe. Encuentro, sin embargo, que después de la reunión de Cambio Radical, en la que Vargas Lleras fue derrotado, la vía del referendo parece ser la que adopte el uribismo para la reelección. Pero es una vía bastante espinosa. Un referendo encaminado a facilitar la reelección no alcanzará el umbral que la Constitución exige y, por tanto, va a posibilitar la alianza de muchas fuerzas antirreeleccionistas. El POLO tiene una bella oportunidad de reafirmarse como la primera fuerza de oposición y, sin hacer cálculos demasiado alegres, creo que cualquiera que sea el candidato podemos llegar a la segunda vuelta.

TR. El empecinamiento de Uribe en la reelección ¿producirá disensiones en el uribismo?

CGD. Pensado que el debilitamiento del uribismo podía venir por el lado de Cambio Radical, porque es evidente que Germán Vargas Lleras tiene interés en ser el candidato de esas fuerzas, pero ya quedó claro que no va a serlo. No obstante, a pesar de que parece consolidarse el bloque de Uribe, la derrota del referendo es viable.

TR. Pero Uribe ya tiene a sus alfiles, Arias, Juan Lozano, Restrepo, José Obdulio, cohesionando las huestes.

CGD. Está preparando la elección de un Congreso que apoye su proyecto de seguridad democrática, cualquiera que sea quien lo encarne, él o alguno de los candidatos que designe o que reciba su guiño. Esa es la tarea que les ha encomendado.

TR. ¿Ve dividido al uribismo en la próxima campaña?

CGD. Creo que sí, en especial porque no va a contar con el apoyo del conservatismo. Cada vez es más probable que este lance su propio candidato, lo que le hace bastante mella al frente uribista, que tenía en ese Partido un bloque muy importante.

TR. Y los sectores intermedios, Fajardo, Mockus, el mismo Partido Liberal, ¿cómo los ve?

CGD. Veo pocas posibilidades de coalición entre los sectores independientes y los partidos tradicionales. Fajardo impulsa un proyecto propio y no creo que ceda en su empeño de tratar de llegar a la Presidencia. Pero me parece que, en general, los proyectos suprapartidistas van a resultar bastante insignificantes en la contienda del año 2010.

TR. ¿Qué tanto va a incidir el tema de la seguridad democrática?

CGD. El POLO sabe que cualquier partido, sea de derecha o de izquierda, debe tener un proyecto de seguridad ciudadana, coherente, consistente y sólido, pero muy distinto al del presidente Uribe, porque no puede haber seguridad democrática dejando de lado el contenido por excelencia de la democracia, que son los derechos humanos. Es evidente el deterioro tan grande de los derechos humanos durante la vigencia de esa estrategia. Un fenómeno tan aberrante como el de los falsos positivos, que no son otra cosa que asesinatos cometidos por miembros de la fuerza pública e íntimamente vinculados a políticas como la de las recompensas o los premios por dar de baja o capturar al enemigo, no resiste un análisis serio, y eso debe ponerlo el Polo de presente, mostrando que la seguridad tiene que concebirse de una manera muy diferente. En la pasada campaña hablamos de seguridad integral. El nombre está para el debate, pero me parece que el rótulo se corresponde con la realidad, pues la inseguridad es generada por factores sociales como la pobreza y la inequitativa distribución de la riqueza y, por tanto, la materialización de los derechos económicos y sociales para todos los ciudadanos es elemento esencial de una política de seguridad integral, en la que, desde luego, también la fuerza pública cumple una tarea, pero sin la preponderancia que le ha atribuido el proyecto de Uribe.

TR. Pero el comisionado de Paz salió premiado en los medios de comunicación con una corona de laurel.

CGD. Lo que pasa es que el proyecto de Uribe, bastante coreado por los medios, nos ha llevado a confundir la realidad con la percepción que de ella se tiene. Se ha querido enviar a la ciudadanía el mensaje de que Colombia está en paz, cuando distamos mucho de haberla alcanzado. Con el proyecto de Uribe la paz está cada vez más lejana, porque quienes pensamos que la vía más segura para la paz es el diálogo y las conversaciones, percibimos que se ha profundizado la brecha entre los grupos alzados en armas y el gobierno, y que jugársela toda a la derrota militar es una insensatez. Una victoria así será bastante costosa para el país. Y mientras Uribe y su proyecto estén en el poder, no va a ser posible explorar la vía más expedita y civilizada para lograr la terminación del conflicto.

TR. ¿Todavía está vivo el paramilitarismo?

CGD. Desde luego. También hace parte de la estrategia del gobierno mostrar fenómenos como no son, u ocultarlos. Ni el más candoroso de los colombianos piensa que se acabó el paramilitarismo. Se ha metamorfoseado, que es distinto, y ha tomado distintas formas, que lo hacen más difícil de detectar, pero sigue vivo y coleando. Y tal como está, es mucho más peligroso que antes, cuando se percibía con facilidad.

TR. ¿Debe el POLO, para mejorar su perfil ante la opinión pública, incorporar elementos de la seguridad democrática?

CGD. La estrategia del POLO no debe consistir en mejorar su perfil adoptando propuestas similares a las de Uribe. El POLO, como partido nuevo y con una propuesta por completo distinta, tiene que explicarla en todos sus alcances y mientras más diferenciada esté de la política de Uribe, tanto mejor. Lo que sucede es que tenemos que hacer una tarea de fuerte pedagogía, mostrándole a la gente cuál es la verdadera situación del país, qué es lo que nosotros pretendemos superar y qué lo que no se ha superado con el proyecto de Uribe. La lucha por influir en una opinión pública bastante manipulada no es tarea fácil. Pero no creo que debamos hacer la concesión de mostrarnos parecidos a Uribe para ganar votos.

TR. Se ha anunciado que Colombia estaría dispuesta a acoger en su territorio una base militar norteamericana cuando sea desmantelada la base de Manta, en el Ecuador ¿Usted qué opina?

CGD. Es pertinente traer a colación las declaraciones del vicepresidente Santos. En ellas hay a mi juicio elementos muy valiosos para rescatar. Él dice, por ejemplo, que el Plan Colombia debe ser abandonado porque el país está perdiendo una buena parte de su dignidad y yo también lo creo así. Es casi inconcebible que salga de labios del vicepresidente una expresión de esa naturaleza. Al país se le debe mostrar con toda claridad que se ha enajenado la soberanía, que somos un país dependiente y que el rescate de la soberanía tiene que implicar un repudio grande a bases como la de Manta o sucedáneas. Dentro de un mundo globalizado, para bien o para mal, nuestra tarea reside en volvernos hacia el multilateralismo y procurar tener con todos los países muy buenas relaciones, tanto en el plano político como en el económico, siempre en un pie de igualdad y no de sometimiento, como este en el que estamos ahora, un sometimiento que se vería agravado y profundizado si el gobierno colombiano acepta acoger una base militar de Estados Unidos.

La crisis golpeará a Colombia

TR. En la campaña va a tener profunda incidencia la crisis económica. ¿Qué balance hace usted de la crisis financiera y económica mundial?

CGD. Ya desde antes se venía dando la desaceleración de la economía colombiana. En la campaña pasada aludíamos a un hecho que parecía evidente, pero que no tuvo la receptividad que uno hubiera esperado, y era el de la necesidad de cambiar de modelo económico. Estuve recientemente en el Encuentro de Economistas en Cuba, donde se analizaron las causas de la crisis, y la discusión se planteó a fondo. ¿Es una crisis dentro del sistema capitalista o es la crisis del sistema capitalista? Aventurar desde ya un juicio sería precipitado, pero sí hay uniformidad de opiniones en que se debe abandonar el modelo neoliberal y en que el Estado ha de tener cada vez mayor injerencia en la orientación y dirección de la economía.

TR. ¿Qué alternativa plantea frente al modelo neoliberal?

CGD. La tenemos ya bastante elaborada. Debe restituírsele al Estado la capacidad de dirigir la economía y articular la política fiscal y la monetaria. Esta última ha quedado al margen del debate democrático, porque el Congreso nada tiene que hacer ante las decisiones del Banco de la República. Una de las propuestas del POLO es justamente la de acabar la autonomía del Banco de la República, e incluso recurrir a la emisión monetaria, porque es un instrumento básico para poder articular la política económica.

TR. ¿Podrá Colombia sobreponerse a la crisis con las políticas planteadas por Uribe, en especial, la confianza inversionista y los tratados de libre comercio con Estados Unidos y con la Unión Europea?

CGD. Cuando yo hablaba de que es necesario emprender una tarea pedagógica, hacía referencia a la seguridad democrática y a otros aspectos centrales del proyecto de Uribe, uno de ellos el mito que se creó alrededor de la llamada confianza inversionista. Le hicieron creer a la opinión pública que la política de seguridad democrática había inducido confianza inversionista y que el crecimiento económico, especialmente el del año 2007, muy superior a las expectativas creadas, se debía a la política de la seguridad democrática, cuando está demostrado que la inversión ha venido a Colombia no porque los inversionistas se sientan más seguros, sino porque son tales las ganancias que incluso pueden pagar su propia seguridad. Las gabelas para el capital extranjero han hecho del país un paraíso para los inversionistas y la especulación. Eso hay que mostrárselo a la gente para tomar rumbos distintos: el fortalecimiento del mercado interno, la soberanía alimentaria y la autonomía en la producción de alimentos, que justamente pugnan con los Tratados de Libre Comercio. Ha habido circunstancias políticas afortunadas que han puesto en dificultades al TLC, volviéndolo cada vez más lejano para Colombia, lo que me parece muy conveniente para la producción nacional.

TR. ¿Qué política se aplicaría entonces frente a la inversión extranjera?

CGD. Debemos hablar con claridad. No es posible atraer a los inversionistas con los señuelos con que hasta ahora se los ha privilegiado. Si hay una ley de flexibilización laboral y simultáneamente una ley de seguridad democrática, lo que se está mostrando es una discriminación total contra el trabajo, absolutamente incompatible con un Estado Social de Derecho como el que nosotros defendemos. Se atrae a las inversiones extranjeras diciéndoles: vengan a invertir en Colombia, aquí se pagan los peores salarios del mundo. Y a los inversionistas se les garantizan gabelas exorbitantes, incluidos beneficios tributarios hasta por veinte años, mientras que a los trabajadores se les priva de la remuneración por horas extras diurnas y nocturnas, al menos en la proporción en que las establecía el Código Laboral. Esa política asimétrica en el tratamiento al capital y al trabajo no solo resulta inequitativa e injusta, sino también disfuncional. Si al capital se le continúan dando todos los privilegios y a los trabajadores se les maltrata, se va a acabar la capacidad de demanda y, con ello, se pone en marcha el germen de destrucción del capitalismo, puesto de presente hace mucho tiempo.

TR. Algunos precandidatos evaden un tema medular, que es el del desempleo, y ya estamos con uno de 14%.

CGD. El hilo conductor de una política económica y social como la que defiende el POLO es justamente el de la generación de empleo. Implica desde luego que el Estado recupere la dirección de la economía, estimule la producción nacional y acometa grandes obras de infraestructura, que no solo son necesarias para un país que debe prepararse para la competencia global sino que son también generadoras de empleo.

TR. ¿De llegar al poder, el POLO impondría políticas de empleo como las del New Deal?

CGD. Yo no diría eso. El Nuevo Trato de Roosevelt en Estados Unidos estuvo inspirado en políticas de corte keynesiano y no puede ser revivido, porque las circunstancias son distintas. No creo que sea la solución, pero sí hay algunos ingredientes del keynesianismo que deben ser aprovechados para reestructurar la política económica.

TR. ¿Estima que el país se encuentra blindado frente a la crisis?

CGD. A nadie sensato se le ocurriría eso. Al contrario, si somos una economía dependiente, y dependiente de una potencia cuya economía está desvertebrada, lo que podemos presagiar es que los platos rotos de la economía norteamericana los terminaremos pagando los países del Tercer Mundo.

La situación interna del POLO

TR. ¿El POLO pluralismo salió fortalecido en el después de su Segundo Congreso?

CGD. Estaba haciendo falta un evento de esa magnitud, porque las discusiones pendientes son peores que las que se dan abiertamente. Desde afuera se estaba mirando mucho al POLO y haciendo conjeturas que no correspondían a la realidad. Cuando los verdaderos debates salen a flote y se identifican las diferencias, vamos en camino de superarlas. Me parece importante que Gustavo Petro haya expuesto sus puntos de vista en el Congreso del Partido. Él mismo se encargó de demostrar que la carencia de garantías era un pretexto, no una verdadera razón. Yo soy optimista. Me parece que el POLO salió fortalecido y reforzado. Ha estado construyéndose en la realidad, porque construir un partido es construir institucionalidad. Una democracia moderna sin partidos no puede funcionar. Y en Colombia se está intentando una propuesta alternativa consistente en la alianza de distintas perspectivas de izquierda democrática, y me parece que es una empresa grande, una tarea que no se logra de un día para otro. Es innegable que hemos avanzado bastante en su materialización. Para ganar credibilidad frente al país es preciso mostrar que constituimos un partido moderno y en el que la unidad no equivale a la unanimidad. La unidad tiene que buscarse mediante mecanismos distintos, como la controversia, el debate, el consenso, y, si no es posible el consenso, el acatamiento de la regla democrática básica, que es la aceptación de las decisiones mayoritarias.

TR. Algunos pedían que el POLO adoptara una posición de centro, pero el II Congreso ratificó el carácter de izquierda democrática. ¿Se mantiene su orientación de “sin sectarismos y sin ambigüedades”?

CGD. Yo lo que digo es que el centro es la ambigüedad por excelencia. Si insistimos en “sin ambigüedades”, estamos reafirmando que somos un partido de izquierda y tenemos propuestas de esa misma naturaleza. Cuando me preguntan en qué consiste la propuesta de izquierda, respondo que es ejercer el poder en favor de los sectores más débiles. Lo que ha caracterizado a la izquierda es justamente eso, el tomar partido a favor de los más débiles y proclamarlo sin ningún temor. Si la derecha propone consolidar un sistema como el que hay y lo que la izquierda plantea es cambiarlo para que la exclusión no sea la que prevalezca, entonces el centro lo que termina proponiendo es que todo siga como está, algo con lo que la izquierda no puede conformarse, porque su razón de ser es justamente la sublevación contra el estatus por la vía democrática. Estamos por impedir la reelección, pero sin comprometer el programa ni el carácter del Partido ni su fisonomía. El POLO puede aliarse en torno a un objetivo concreto como el de impedir la reelección, pero sin ceder en lo programático. Incluso César Gaviria tiene toda la razón cuando afirma que el Partido Liberal quiere coaliciones pero sobre la base del programa liberal. Nosotros también queremos hacer coaliciones, pero el eje de ellas tiene que ser nuestro programa.

TR. Se acusa al POLO de ser demasiado radical, doctor Gaviria.

CGD. Los términos se van desgastando. Dicen radicalismo y entonces la gente cree que eso es malo. Ni siquiera en la situación más desesperada se puede renunciar a los propósitos que le dan la razón de ser a un partido como el POLO.

TR. ¿Qué debería corregir el POLO?

CGD. Asimilar suficientemente lo que es la democracia. Que se puede ganar y se puede perder. Hay personas que están dispuestas a seguir en el Polo si sus tesis salen triunfantes, pero plantean retirarse o armar disidencia si quedan perdedoras. A mí me parece que lo que tenemos que incorporar es la filosofía de la democracia. Uno puede resultar vencedor, pero también perdedor. La derrota no puede significar la deserción del Partido.

TR. Se rumora que ciertas decisiones, como la de haber aprobado el cambio de estatutos, no fortalece el pluralismo sino que cercena el debate interno.

CGD. El Congreso no era el escenario más apropiado para discutir y autorizar esas reformas. La mayor parte del tiempo se invirtió, y bien, en ese tipo de debates. Pero debemos creer también en la democracia representativa, pues si bien el Congreso no pudo cumplir la tarea de reformar los estatutos, la delegación en la Dirección Nacional de algunas reformas estatutarias que pueden ser convenientes no me parece que sea antidemocrático. El tiempo se aprovechó bien, y justamente por eso puede uno pensar que los debates que se dieron, así hubieran sido en algún momento un tanto tensionantes, contribuyeron bastante a la consolidación de la unidad.

TR. Una de las principales decisiones del Congreso fue la de ir con candidato propio a las elecciones del año 2010. ¿Qué opina al respecto?

CGD. Es una decisión trascendental. Ir con candidato propio y con un programa elaborado colectivamente por el POLO. Y algo más. Si hemos hablado tanto de las directrices del POLO, de las finalidades, de las metas, lo que hay que hacer es sentarse a concretar el programa, porque las metas están sumamente claras. El programa ya está latente en el Ideario de Unidad.

TR. Si el Congreso aprueba citar a referendo y la Corte lo declara exequible, ¿el POLO va a desarrollar algunas tareas concretas?

CGD. Yo conversé el año pasado con el ex presidente César Gaviria y le hablé de un punto que me parece clave. Si el Partido Liberal y el Polo son reacios a la reelección, parece sensato aunar fuerzas para impedirla, sin que el liberalismo y el POLO comprometan sus propios proyectos. Del II Congreso salió una directriz clara: convocar a todas las fuerzas políticas y sociales que no quieran la reelección a trabajar juntas en función de ese objetivo.

TR. ¿Cuál es su mensaje para el militante de base del POLO?

CGD. Que mantenga su actitud de militancia vigilante. Estar atento a que el Partido, por razones estratégicas o tácticas, no abandone su proyecto. No hay mejor control que el que ejercen las bases, la propia militancia, sobre las actividades de sus directivas y el rumbo general de la organización