EL SITIO DE SEATTLE

Por Raúl Fernández

A finales de noviembre tuvo lugar en Seattle la reunión de la Organización Mundial del Comercio. Manejada por las grandes multinacionales y por los países desarrollados, la OMC fue creada al finalizar la Ronda Uruguay del GATT en l994. La meta de la Ronda Uruguay había sido la “flexibilización del comercio mundial”, generalizando el libre mercado y desmontando el proteccionismo. Sus efectos fueron la agudización de la pobreza, el aumento de la desigualdad en todo el globo, la superexplotación de los trabajadores y la expropiación de los pueblos sojuzgados, los cuales sufrieron la desnacionalización de sus economías y la quiebra de su producción industrial y agraria. Según la ONU, para 1998 más de tres mil millones de personas deben subsistir con un ingreso inferior a dos dólares diarios. El “libre comercio” acelera este proceso en la medida en que el dominio de los grandes capitales impone el continuo abaratamiento de la mano de obra y el empobrecimiento general de la gran mayoría de la humanidad.

La sede de la reunión, Seattle, ciudad portuaria del noroeste de Estados Unidos, con una vieja tradición de luchas obreras, fue testigo, en l912, de la única huelga general en la historia de Estados Unidos. La cumbre se vislumbraba como una oportunidad para el gobierno norteamericano de dar otro paso en sus políticas, y obtener una nueva victoria en la carrera desenfrenada por apoderarse de los mercados mundiales. Como mínimo se anticipaba el lanzamiento de un nuevo periodo de negociaciones, la Ronda del Milenio, cuyo objetivo era “liberar” aun más el comercio mundial, especialmente en el campo de la producción agrícola y el comercio por medio de Internet. Al mismo tiempo buscaba colmar de garantías la inversión extranjera en detrimento de la autonomía estatal y amarrar la propiedad intelectual en beneficio de los grandes y poderosos, mientras se frena la investigación científica en la mayoría de las naciones.

Por todo el mundo se escucharon denuncias contra las maquinaciones de Seattle. Más de 700 organizaciones de 80 países, entre ellas el MOIR y su periódico Tribuna Roja, y Cedetrabajo y su revista Deslinde, de Colombia, enviaron a Seattle una declaración en la cual se rechaza el designio de “extender los poderes de la OMC mediante una nueva ronda de negociaciones sobre el comercio mundial”.

La reunión de la OMC terminó en un rotundo fracaso. Las calles de la ciudad se convirtieron en un campo de batalla en el que miles de manifestantes lograron paralizar las deliberaciones y descarrilar los planes del gobierno de Washington de cerrar el mandato Clinton con otra victoria neoliberal.

Antecedentes

Desde 1996, los 24 países capitalistas miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, sostuvieron una serie de conversaciones secretas con el fin de crear el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones, AMI. El propósito del AMI era claro: eliminar toda restricción a la inversión de capitales en el mundo, en particular las limitaciones a los inversionistas extranjeros para adquirir tierras, recursos naturales y empresas de servicios públicos. También se quería recortar la soberanía en el manejo de las monedas nacionales. Mas aún, los proyectos de acuerdo incluían medidas como la protección de las empresas extranjeras contra daños sufridos por huelgas o boicots, cuyas reparaciones estarían a cargo de los respectivos gobiernos nacionales. En fin, otorgaba todos los derechos a las multinacionales y les dejaba las obligaciones a los países.

La urdimbre del AMI se fue a pique por las contradicciones entre los grandes poderes. Francia y Canadá se opusieron a que las multinacionales gringas entraran a saco y destruyeran todo el patrimonio cultural y de comunicaciones en sus países. Estados Unidos exigía todo de todos, mientras que mantenía los subsidios a sus grandes compañías, por ejemplo, las de aviación, y se negaba rotundamente a suspender el bloqueo a Irán, Iraq y Cuba.

El meollo de la reunión de Seattle era revivir los proyectos del AMI y presentar como fruto de una discusión “abierta y democrática” lo que había sido fraguado en oscuras y secretas negociaciones.

En cuanto a “los acuerdos sobre derechos de propiedad intelectual relativos al comercio”, TRIP, un ejemplo basta para entender lo que persigue la OMC y para sopesar sus funestas consecuencias. La República de Sudáfrica ha intentado abaratar las medicinas permitiendo la producción o importación de los medicamentos “genéricos”. Apoyándose en el TRIP, el gobierno de Estados Unidos y las trasnacionales farmacéuticas exigen que las autoridades de El Cabo adquieran medicinas con marcas registradas o paguen cuantiosas sumas por la utilización de productos genéricos. Es claro que, independientemente del estado de salud de una población, las multinacionales gringas harán todo lo posible, y se apoyarán en su gobierno, para mantener altos los precios de los medicamentos de primera necesidad, o sea, fuera del alcance de la población pobre, pase lo que pase, y muérase quien se muera.

La pelea estelar En Seattle, la acción de masas y la agudización de diversas contradicciones de la globalización dieron al traste con todas las argucias gringas. A la ciudad acudieron miles de opositores a la OMC. Abigarradas huestes de obreros, estudiantes, organizaciones de izquierda, religiosos, ecologistas, feministas, organizaciones no gubernamentales y pacifistas se enfrentaron a la policía y a la guardia nacional. Protagonizando una importante lucha callejera, los manifestantes se expresaron de forma pacífica cuando les fue permitido pero respondieron a los ataques de las fuerzas represivas con piedras, botellas, y devolvieron las bombas lacrimógenas; bloquearon calles y avenidas; paralizaron la ciudad disfrazándose de tortugas, delfines y ballenas; se introdujeron en hoteles, volcaron carros de burócratas de la OMC e irrumpieron en las reuniones de la organización con pancartas y gritos de protesta. Se pronunciaron contra la explotación de los trabajadores, la pauperización, la quiebra de la producción agrícola en el Tercer Mundo, el desempleo, los desastres ecológicos que implica el modelo neoliberal y su carácter antidemocrático. Todo frente a las cámaras de televisión y la mirada del mundo entero.

No sólo la pelea callejera puso en jaque la Cumbre. El desacuerdo primó entre los delegados de más de cien países. Ni siquiera Estados Unidos y Europa pudieron avenirse respecto de la agenda, por la presión gringa para que el Viejo Continente abra sus mercados a los productos agrícolas estadounidenses; y Japón abogó a diestra y siniestra por la formación de un Banco de Asia que remplace al Banco Mundial en los asuntos del Lejano Oriente.

Con actitud hipócrita, Clinton introdujo una iniciativa para eliminar el trabajo infantil y la superexplotación de la mano de obra en países pobres. La propuesta de Clinton –quien apoya el Acuerdo Multilateral de Inversiones, que prohibiría hasta huelgas, y los TRIP, que pueden causar las muertes de personas—era una burda manipulación de estos temas, para poner el movimiento sindical norteamericano al servicio del partido demócrata en las próximas elecciones presidenciales. El mandatario gringo, que durante una década conminó a los gobiernos a que flexibilizaran el mercado laboral, abaratando la mano de obra en beneficio de las multinacionales gringas, se presenta ahora como gran defensor de los trabajadores y hasta tuvo la caradura de declarar a la prensa de Seattle que este asunto podría ser utilizado por Estados Unidos para aplicar medidas proteccionistas contra ciertos países. Desde luego que no mencionó las condiciones de trabajo de los inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, la explotación de los presidiarios o las tenebrosas maquiladoras gringas que operan en la frontera con México. Todo esto provocó una reacción de desagrado incluso entre los delegados normalmente sumisos a Washington, al punto de abuchear a la jefa de la delegación gringa, la señora Barshefsky, durante la última sesión.

Después de Seattle, Estados Unidos y Europa ni siquiera han podido reanudar conversaciones bilaterales sobre sus diferendos en materia de comercio agrícola. Japón, Francia, China, Rusia e India, entre otros, adelantan contactos para sacudirse el dominio norteamericano. Crece el antagonismo entre los Estados Unidos y los bloques de países liderados por Europa y Japón.

En Seattle la historia avanzó rápidamente en cuestión de días. Las acciones populares le anunciaron al mundo que habrá muchos más Seattles, y que a los dueños del mundo les tocará esconderse en sus guaridas para continuar sus maquinaciones contra la mayoría de la población.