EN EL CONCEJO DE BOGOTÁ: EMPLAZADOS LA REACCIÓN Y EL PARTIDO COMUNISTA

Carlos Bula Camacho y Margot Uribe de Camargo, voceros del Frente por la Unidad del Pueblo en el Concejo de Bogotá, presentaron en la sesión de instalación del 1o. de noviembre un beligerante documento de rechazo al régimen lopista, y citaron al secretario de gobierno de la administración distrital, un burócrata inepto con ínfulas de ecuánime estadista, para que respondiera por los asesinatos perpetrados contra el pueblo durante el Paro Cívico Nacional del 14 de septiembre.

Ante las barras repletas de trabajadores, empleados y estudiantes que gritaban consignas de combate contra el actual cabecilla de la coalición bipartidista en el poder, el concejal del MOIR rindió un homenaje emocionado a las víctimas del genocidio oficial más oprobioso de los últimos años, y durante dos sesiones consecutivas enjuició implacablemente a sus directos responsables: “Alfonso López Michelsen, que se hunde cada vez más hondo en la charca pestilente del crimen y del peculado, y Bernardo Gaitán Mahecha, eficaz raposa jurídica para tratar de sustentar con artilugios la arbitrariedad imperante”. Al lado de otros dirigentes de la oposición en el cabildo, Bula Camacho resaltó la importancia histórica de las jornadas populares del 14 de septiembre, y señaló cómo la lucha callejera de las masas se había convertido en un ejemplo luminoso para las futuras batallas de la revolución colombiana.

El debate sirvió para dejar en claro la posición reaccionaria de los dos partidos tradicionales ante el paro, y fue una nueva oportunidad para desenmascarar los sofismas con que el régimen quiso encubrir las verdaderas dimensiones de los hechos. Mientras Rafael Pardo Buelvas, por ejemplo, entonces ministro de Gobierno y muñeco de ventrílocuo de la dirección de El Siglo declaraba para la prensa que se trataba de “un movimiento sin ningún arraigo en el país”, la maquinaria represiva del “mandato de hambre” ya se estaba movilizando en todas partes para acometer a sangre fría los asesinatos del 14 y 15 de septiembre, amordazar las noticias de la radio, suspender la personería jurídica de los sindicatos y encarcelar a sus principales dirigentes.

Pero la nota del ridículo estaba reservada, como de costumbre, al funcionario que ocupa la Alcaldía Mayor de Bogotá, y que se ha distinguido como ningún otro por su carácter maniático y demente, el más abyecto servilismo con el imperialismo yanqui y los grandes pulpos urbanizadores. En vísperas del paro, Bernardo Gaitán Mahecha hizo un vehemente llamado al pueblo liberal para que saliera a las calles a “defender al gobierno del presidente López, que ha presidido una administración silenciosa pero eficaz al servicio de los que menos tienen”, y tuvo que ponerse el mismo al frente de la soldadesca para tratar de sofocar el levantamiento popular más combativo y multitudinario de los últimos años.

Exabruptos del revisionismo

Para finalizar, Carlos Bula Camacho tuvo que dedicar una buena parte de su intervención a contestar las invectivas calumniosas del Partido Comunista, cuyos ediles, con el cinismo que los caracteriza, resolvieron proclamar al revisionismo criollo como el único autor, progenitor, organizador y director de todas las protestas populares realizadas en Colombia desde 1930. Protagonizando un espectáculo grotesco por lo pueril y jactancioso, repleto de lugares comunes, de alusiones sectarias y de la más cruda estrechez política, Mario Upegui y Teófilo Forero tildaron de “oportunistas” a todos los grupos y partidos que, como el MOIR, se pusieron modestamente al servicio de las masas y dieron su aporte de unidad y de combate en las jornadas del 14 de septiembre.

Bula Camacho rechazó con energía las injurias del Partido Comunista y declaró que “los concejales de la oligarquía liberal-conservadora, los alcahuetes de una institución cada vez más despreciable y despreciada, jamás podrán servir de testigos para dirimir las diferencias de principio que separan a la izquierda colombiana”. En nombre del Frente por la Unidad del Pueblo, hizo un llamado a coordinar la acción parlamentaria de todas las organizaciones políticas opuestas al régimen vigente. Condenó el divisionismo de quienes buscan desviar la lucha revolucionaria del pueblo colombiano, y terminó afirmando que “la unidad de los oprimidos contra los opresores, en base a un programa nacional y democrático que no se matricule internacionalmente bajo ningún bloque de Estados, terminará por construir en Colombia una patria independiente y soberana, que avanzará por el luminoso sendero del socialismo para hacer parte de las naciones y pueblos liberados del mundo”.