EXTRADICIÓN PROGRINGA Y ANTINACIONAL

(Transcripción de algunos apartes de la intervención del camarada Marcelo Torres en el Senado, el 9 de septiembre de 1997.)

Marcelo Torres

Estados Unidos necesita restablecer esta institución en Colombia, la extradición, por los enormes intereses económicos que gravitan alrededor del mercado más grande del planeta: el mercado ilegal de los estupefacientes, de las drogas ilícitas o sustancias sicoactivas. Un profesor de la Universidad de California, doctor en economía, Raúl Fernández, ha dicho que este mercado oscila entre 120 mil y 600 mil millones de dólares anuales. La Junta de Fiscalización del Consumo de Narcóticos de la ONU lo calcula entre 500 mil y 600 mil millones. El subsecretario del Tesoro de Estados Unidos, Ronald Noble, en diciembre de 1995, puntualizó, en Buenos Aires, que el producido mundial de narcóticos oscilaba entre 300 mil y 600 mil millones de dólares al año. Sí, señores senadores, más que la cifra del negocio automovilístico en el mundo entero, más que el negocio petrolero, diez veces la venta de armas. Se trata de un negocio gigantesco. (...)

El mayor lavadero de dólares

Estados Unidos es -lo dice Time Magazin, lo dice el director de investigaciones penales del Servicio de Rentas Internas de Estados Unidos, Peter Farrel- el más grande lavadero de dinero del mundo. A Estados Unidos ingresa una cantidad ingente de capitales de todo el mundo por concepto de compra de bonos del tesoro norteamericano. Los extranjeros poseen cerca de la tercera parte de la deuda de Estados Unidos, la más grande del planeta, casi un billón de dólares. A través del lavado de dólares se compran cantidades no establecidas pero sin duda significativas de bonos del tesoro gringo, que le sirven a este gobierno para financiar el gigantesco déficit fiscal. Y a través de la doble facturación de importaciones y exportaciones, de compras de oro, de miles de negocios minoristas y de los grandes casinos, los fondos narcolavados también alimentan la economía privada norteamericana. Los bancos perciben enormes comisiones por lavar y lavar. El gobierno gringo tiene poderosísimas razones para no perseguir el lavado de dólares que se recicla en su propia economía.

Operación de policía para recuperar divisas perdidas

El fondo del restablecimiento de la extradición es que se trata de una operación de policía que adelanta Estados Unidos para recuperar las divisas de una economía imperial rapaz, en aparente pujanza y en decadencia real. Persigue conjurar el peligro de que los carteles del narcotráfico, esas organizaciones que actúan según el modelo de las multinacionales, logren trasladar un excedente económico mucho más grande del que han estado drenando hacia estos países, en una escala de muchas decenas de miles de millones de dólares. Es eso lo que está tratando de conjurar, y para impedirlo llegará inclusive hasta la agresión bélica. Tal objetivo lo busca cuando nos impone el establecimiento de delitos como el testaferrato, el lavado de dólares, el enriquecimiento ilícito, que allá no existe, la medida de la extinción de dominio y ahora la extradición, cuando aplasta todo aquello que en materia de derecho distingue a la edad moderna del medioevo, las conquistas democrático-burguesas, las garantías procesales, que han sido deplorablemente arrolladas en Colombia, con la intimidación y la sumisión vergonzosa a la que hemos asistido en este proceso.

Como una paradoja de la historia, nosotros tenemos que por primera vez o acaso por segunda vez -porque la primera, fallida, fue en el caso de los países petroleros- se da en el tráfico de narcóticos una transferencia de dineros de Norte a Sur: de la gigantesca cifra de los ingresos del narcotráfico, apenas 10 a 15% ha estado llegando a nuestros países. Estudiosos del asunto como Kalmanovitz, Eduardo Sarmiento o Francisco Thoumi, dicen que lo que se ha acumulado en razón de los 20 y más largos años de narcotráfico supera los 30 ó 40 mil millones de dólares. Y si los Estados Unidos logran la extradición de las jefaturas de estas organizaciones, es claro que tendrán muchas más posibilidades de recuperar el botín, que, según ellos, les pertenece.

El no a la extradición es la resistencia a la agresión gringa

Por dichas razones debe rechazarse este proyecto que conlleva la aspiración de un gobernante que se ha prosternado servil ante el imperio y quiere entregar hasta el último átomo de soberanía con tal de sobreaguar él, aunque la patria se hunda. Tiene razón Bernardo Guerra Serna cuando ha dicho que esta tarde votaremos por la sumisión o contra el sometimiento, es decir, por la resistencia, por la independencia del país, por la rebelión de una Colombia que no había vivido nunca época tan oscura ni gobernante alguno tan entregado al interés extranjero.

El Senado debe rechazar esta imposición infame del imperialismo norteamericano. Los corifeos de plebiscitos y consultas, que tanto adulan al pueblo con ellos, ahora, a propósito de la extradición, se oponen a todo trance a que se le consulte y que éste decida sobre el asunto. La extradición se aprueba a puerta cerrada y a espaldas del país.

En medio de una crisis política maquinada desde Washington

Un grupo de senadores hemos presentado la proposición de que se mantenga el artículo 35 de la Constitución que prohíbe la extradición de colombianos. Con ello no somos partidarios de que Colombia se convierta en un santuario para la delincuencia internacional. Estamos de acuerdo en que se persiga el delito en todos los rincones del planeta. Es cierto que la extradición es un antiquísimo instrumento de la civilización para luchar contra la delincuencia, pero en el contexto que vive Colombia, del que no se habla cuando se sustenta esta infame medida que se nos quiere imponer, restablecerla es una imposición norteamericana. Otra cosa sería si ello ocurriera en el marco de relaciones internacionales de igualdad, respeto mutuo, no intervención y beneficio recíproco. Pero no ocurre así. Restablecer la extradición significa someterse al interés imperial norteamericano.

Llevamos casi tres años de crisis política, creada por la intervención del gobierno norteamericano y sus agencias de seguridad en nuestros asuntos internos. Si hubiera gobierno digno en este país, habría expulsado hace mucho tiempo de nuestro territorio al intruso embajador norteamericano. Pero no lo hay, no hay gobierno que represente a la nación y es por eso que pretenden tratarnos como un país de vasallos.