El proletariado marca el camino: SIGAMOS EL EJEMPLO DE APULO

Jaime Paz

Tamaña sorpresa se llevaron los miembros de la Junta Directiva de la Caja cuando, el pasado 19 de diciembre, ingresaron al pasillo de ascensores de Casa Principal en Bogotá para asistir a la última reunión anual. Agitando consignas, 150 campesinos de Apulo protestaban por la inminente clausura de su agencia bancaria. Respondían así al llamamiento del sindicato en pos de la salvaguardia de sus intereses. Frente común para la pelea.

Tras el cierre del Banco de Bogotá en su municipio, los apuleños hacían sus vueltas en la Caja desde tiempo atrás. Su flujo de operaciones era normal y no existían razones para que los vecinos, privados a la sazón del crédito y del apoyo técnico, se quedaran también sin su único banco.

La cúpula samperista, en su política de arrasar con la Caja y so pretexto de que la sucursal era fuente de pérdidas, se aprestaba a echarle llave a la entidad. Pero otra cosa pensaban los de abajo. Realizaron una persistente labor de opinión pública, convencieron a los escépticos, recolectaron firmas, se movilizaron. Los dirigentes convocaron una combativa marcha que recorrió la población y que culminó en las oficinas de la Caja. Allí, en cabildo abierto, se comprometieron a impedir el atropello, incluso recurriendo al paro cívico, para no verse condenados a languidecer a la vera de los polvorientos caminos de la incuria oficial.

Amplios sectores de la comunidad constituyeron de inmediato el Comité Pro-defensa de la Caja Agraria, integrado por el cura, el personero, pensionados, concejales y comerciantes, labriegos, maestros y empleados. El sindicato, baluarte fundamental de la pelea, estuvo representado por el presidente de la seccional de Cundinamarca, Jaime Paz.

Toma de la Caja en Bogotá

A los pasillos de Casa Principal llegaron al mediodía los almuerzos para el piso trece, pero éstos son retenidos por los manifestantes quienes anuncian repartirlos entre ellos, caso de no llegarse al avenimiento. Entonces, previa negociación, se acuerda designar voceros para hablar ante los directivos. Estos se empeñan en sabotear la entrada del sindicato, por lo cual los campesinos reaccionan con decisión y logran la presencia del compañero Paz.

El presidente de la empresa interroga a los comisionados. La única mujer, líder veredal de la zona, se hace intérprete del grupo, defiende con vehemencia la movilización y anuncia un paro cívico si no echan atrás la orden de cierre.

Después de varias horas arrancaron a la junta el compromiso de mantener las oficinas de la Caja en Apulo. Culminaba una jornada de lucha. Los almuerzos del Club de Banqueros ya se habían enfriado. En el pasillo, los campesinos y Sintracreditario se fundieron en un caluroso abrazo.