Entrevista al senador Jorge Enrique Robledo: El polo acierta al oponerse a Santos


Tribuna Roja Nº 111, enero 13 de 2011

Tribuna Roja: Transcurridos cinco meses de presidencia de Juan Manuel Santos, ¿cuál es su balance?

Jorge Enrique Robledo: Que en lo fundamental, en lo que determina el juicio sobre un gobierno, Santos es el continuismo de Álvaro Uribe, lo que no debe sorprendernos. Porque fue ministro de Gaviria, de Pastrana y de Uribe, se ganó los votos del uribismo por ser quien mejor podía continuar con su obra, gobierna con los mismos sectores políticos y sociales y sus decisiones tienen los mismos objetivos fundamentales.

TR: Hay quienes dicen, inclusive en nombre de la izquierda, que se está ante un mandatario “progresista”…

JER: ¡Cuántas cosas erradas se han dicho y hecho en nombre de la izquierda! Pero si se analiza con cuidado se verá que, en lo principal, Santos I es Uribe III.

TR: ¿Son iguales?

JER: Nadie es idéntico a nadie. Cuando se habla de igualdades en política es con respecto a los aspectos principales, lo que no debe entenderse como que las formas también tengan que coincidir. Hay varias maneras de cazar pulgas. Nadie informado puede negar que Santos está defendiendo los llamados “tres huevitos” de Álvaro Uribe: confianza inversionista, seguridad democrática y cohesión social, en los que se resumen todas las políticas retardatarias del Consenso de Washington y el FMI. Santos y Uribe tienen maneras que en parte difieren, pero no para lograr fines diferentes sino los mismos. Santos sabe que para proteger su capacidad de engaño, de la que depende el éxito de sus propósitos retardatarios, en los que coincide con Uribe, debe marcar distancias cosméticas dado el descrédito nacional e internacional del ex presidente.

TR: En las encuestas, Santos aparece con importante respaldo

JER: Ello solo probaría la confusión nacional, que no sería nueva. Si tantos fueron uribistas, si tantos eligieron a Santos… Muchos piensan con el deseo y concluyen, sin pruebas, que el nuevo gobernante sí va a resolver los problemas del país. En este caso la confusión aumenta porque el Partido Liberal se le sometió a Santos con más pena que gloria, cambio que aumenta los llamados ¨formadores de opinión” santistas. Papel parecido juegan los dirigentes verdes, que dicen que Santos gobierna con el programa de Mockus, cosa que es cierta, porque este también fue a la Casa de Nariño a prometerle a Uribe que le cuidaría sus “huevitos”. Le tocó al Polo la honrosa tarea de mostrar la verdadera naturaleza de Santos.

TR: Pero hay roces entre uribistas y santistas

JER: Diferencias entre compadres. Inevitables, por lo demás, cuando se trata de repartir el botín burocrático, y más cuando vienen elecciones departamentales y municipales, en las que resulta clave hacer chocar las banderas de “los gloriosos partidos” para movilizar incautos. Pero pregunto: ¿Cuál es la diferencia de fondo? Ninguna. Gobierna el uribo-santismo o el santo-uribismo, que es lo mismo. La gran manguala en el Congreso, el nuevo Frente Nacional que llaman “Unidad Nacional”, aprobó todos los engendros que le llevó Santos. Ingenuos y vivos agrandan las diferencias menores y son gobiernistas y de oposición al mismo tiempo, es decir, santistas y antiuribistas. El mejor de los mundos para algunos, porque ahítos con los frutos del árbol en pie critican el árbol caído, aun cuando sean árboles de la misma especie.

TR: ¿Qué decir de las relaciones con Chávez?

JER: Que ha habido un cambio acertado. Yo redacté la constancia que la bancada del Polo dejó en el Senado saludando que se terminara con la diplomacia del micrófono, un estilo inconducente para tramitar las contradicciones que solo daños les hacía a los dos países. Pero no hay una modificación de fondo en la política exterior de Colombia. ¿Dejó de ser determinada por Estados Unidos? ¿Se abandonaron los TLC, el Plan Colombia y el respaldo a las guerras imperialistas norteamericanas? ¿En qué se diferenciaron Santos y Uribe ante las desvergüenzas destapadas por Wikyleaks, en las que, ellos dos y sus compadres, aparecieron como súbditos de la Casa Blanca? Para eliminar cualquier duda al respecto, ya Washington hizo saber que comparte el estilo diplomático de Santos.

TR: Se pondera el gabinete de Santos

JER: Como dijo Aurelio Suárez, ese gabinete parece la selección Colombia del neoliberalismo. Los ministros son tan dogmáticamente neoliberales que parecen salidos de una caricatura. La confusión nace de quienes tienen capacidad para montar la falacia de que los estudios y la experiencia son suficientes para resolver los problemas nacionales. Pero tapan al servicio de qué y de quiénes actúan estos expertos ilustrados, es decir, del libre comercio, el neoliberalismo, las privatizaciones y todas las políticas que concentran la riqueza en monopolios y trasnacionales, destruyen el aparato productivo nacional y desemplean y empobrecen al pueblo.

TR: En cuanto a las garantías a la oposición

JER: Consideramos un triunfo de la resistencia de las fuerzas democráticas que desde la Presidencia no se nos grite que somos “terroristas vestidos de civil”. El derecho de los polistas a expresarnos en el Congreso nunca nos lo dejamos arrebatar. No puede haber garantías, por ejemplo, si hay continuismo en el DAS, donde Santos mantuvo al director y al subdirector que nombró Uribe, y allí, dice la Fiscalía, se montó una “empresa criminal” para agredir a la Corte Suprema de Justicia y al Polo, entre otros. En nuestro caso, con el objetivo de dividirnos y de inocular entre los colombianos que somos de las Farc y que la Alcaldía de Bogotá es corrupta. Nada ha cambiado en cuanto a la hostilidad oficial en contra de los derechos del pueblo; en los últimos meses son muchos los muertos entre los luchadores sociales y los polistas. Juan Manuel Santos y sus segundos –solapados, porque es su estilo– no dejan de deslizar infamias calculadas para meter en el mismo saco a los que hacen resistencia civil y a los guerrilleros. En el caso de las centrales obreras…

TR: ¿Angelino Garzón de vicepresidente no es una garantía?

JER: Al contrario. Primero, porque el Angelino Garzón sindicalista se entregó hace años, cuando aceptó ser ministro de Pastrana. No se puede servir a dos señores al mismo tiempo. Luego viajó a Washington con Uribe a defender el TLC y como cuadro del uribismo se fue a la OIT a que le quitaran la sanción al gobierno de Colombia por los horrores en contra de los trabajadores. Utiliza su pasado en contravía de las concepciones democráticas, pero lo hace “a la Santos”, como podría decirse. Por ejemplo, Uribe fracasó en su tentativa de dividir el sindicalismo mediante la creación de una central obrera de bolsillo. Santos, en semanas, tuvo éxito en lo que Uribe fracasó. Mediante Garzón, salió y cooptó, entre las existentes, una central sindical. Un ejemplo clásico de cómo lograr los mismos fines con estilos distintos. Y ahí siguen las alzas insignificantes del salario mínimo, las cooperativas de trabajo asociado, el día que va hasta las 10 de la noche y todo lo demás que dejó el uribismo. ¿Puede mostrarse un solo cambio favorable en las condiciones de vida y de trabajo de los asalariados colombianos? ¿No continúa la desvergüenza de ganar el respaldo de los paupérrimos tirándoles migajas con la plata del presupuesto?

TR: ¿Qué nos dice de la seguridad democrática con Santos?

JER: No creo que sea mucho cambio pasar a una retórica meliflua, y que lo demás siga igual.

TR: ¿Y sobre el trato a las Cortes?

JER: Hay cambios. ¿Pero para no someterlas o para intentarlo de otra manera? Por qué creer que quien como ministro respaldó cuanta atrocidad se le ocurrió a Uribe en contra de la separación de los poderes, ahora respete ese principio. Santos pretende lograr con zanahoria lo que Uribe no pudo con garrote.

TR: Miremos las decisiones de gobierno y luego las leyes

JER: Debemos recordar que Santos llegó a la Presidencia tras dos décadas de neoliberalismo y Consenso de Washington. El solo mantenimiento del statu quo, y es evidente que lo mantiene, ya resulta retardatario. Nada ha cambiado en lo económico y lo social. Sigue la confianza inversionista, con TLC por todas partes y el capital financiero parasitándolo todo. Para acabar de estrangular la industria, les dio a los productores extranjeros otra rebaja en los aranceles a las importaciones. En cuanto a las privatizaciones, ya anunció que continuarán la de Ecopetrol, la joya de la corona, y las de las vías, el agua, los acueductos y toda la infraestructura, más el desmonte de los subsidios a los estratos 1, 2 y 3. La gran minería considera que con Santos “se nos volvió a aparecer la virgen” y en medio ambiente las cosas continuarán iguales o empeorarán. Se mantiene y profundiza el debilitamiento de la educación pública y la conversión del sector en un negocio. Y así hasta la náusea. ¡Que alguien muestre un cambio democrático, una ruptura en la lógica plutocrática de Uribe!

TR: ¿Y qué opina sobre las leyes aprobadas?

JER: Peor. La ley de la sostenibilidad fiscal, bien llamada del entierro de los derechos sociales de la Constitución, puede ser la reforma más retardataria en veinte años. Con la ley de regalías, el gobierno nacional se quedará con la plata que tanta falta les hace a los pobres de municipios y departamentos. Para fiesta de los corruptos, tiraron a acabar con las acciones populares; en salud, Santos logró lo que Uribe no pudo con la emergencia social; la ley del primer empleo se burla de los jóvenes y los desempleados y presiona que el fisco persiga a los microempresarios; se aprobó una norma que trata a los niños que delinquen no como víctimas sino como victimarios; va otra que les rebaja las tarifas de electricidad en 600 mil millones de pesos a la gran industria y les pasa esa factura a los estratos 1, 2 y 3. Y todo esto lo aprobaron los uribo-santistas o los santo-uribistas como hermanitos. No mencioné la ley de víctimas porque creo que requiere de una mirada aparte.

TR: ¿Qué opina sobre ella y sobre la restitución de tierras que va con ella?

JER: La presidenta del Polo, Clara López, y los voceros en el Congreso le enviamos una carta a Santos recordándole que hemos sido más partidarios que nadie en reparar a las víctimas, pero no con cualquier ley. Recordamos que el liberalismo y el Polo en el Congreso no le respaldamos una ley de víctimas a Uribe porque era para engañarlas a ellas y al país. Advertimos que el proyecto del gobierno tenía fallas graves que el Polo no podía pasar. Y la cosa va mal. El gobierno tiene decidido no establecer en la ley el monto de las indemnizaciones y dejarlo en sus manos, con esa suma supeditada a la sostenibilidad fiscal, lo que le da el poder de burlarse de los agraviados. Sostiene que solo serán reconocidas víctimas por hechos ocurridos después de 1991, otra pretensión inaudita. La restitución de tierras apenas operará en las zonas que escoja el gobierno y en la ley no hay nada que facilite que los despojados puedan regresar a sus fincas y sostenerse en ellas, cuando, según el propio gobierno, el 80 por ciento no quiere regresar a ellas, entre otras razones, por su debilidad económica y porque la violencia no ha desaparecido. Además, si la ley resultara perfecta, tampoco tiene los alcances que la propaganda santista le otorga.

TR: ¿Cómo así?

JER: Supongamos que la ley resultara perfecta y que todos los desplazados volvieran a sus fincas, cosa que no va a pasar. Pero supongámoslo. El mundo rural colombiano, en cuanto a la tierra, quedaría como en 1991, más la concentración de la propiedad generada por las quiebras causadas por el neoliberalismo y las compraventas legales. Nada de qué enorgullecerse, porque el mundo rural de ese entonces era un desastre. Y todavía queda el debate de fondo: ¿Cuál es la política agraria de Santos? ¿Qué quiere él que pase con todas las tierras y toda la producción agraria, sea que la restitución salga bien, regular o mal y termine en que los desplazados se queden con las tierras o ahí mismo las vendan o las arrienden?

TR: ¿Cuál es la política agraria de Santos?

JER: Primero, y esto es lo determinante, más libre comercio, que aumentará las importaciones que reemplazan el trabajo nacional por el extranjero y arruinan y les quitan sus fincas a muchos. Un indígena que aún sobrevivía en su parcela, en la miseria por los productos importados, decía: “Los indios no somos lombrices. No comemos tierra. Esta la necesitamos para producir alimentos y la política oficial no nos deja hacerlo. Casi todo lo importan”. Segundo, según los puntos 63 y 69 del programa de gobierno de Santos, el objetivo es “el desarrollo de grandes explotaciones agropecuarias”, que incluyen que el Estado entregue sus tierras para montar haciendas de 35, 40 mil hectáreas, ideas heredadas de Uribe y de Arias –recuerden Carimagua–, y que incluso pueden ser para los monopolios extranjeros. El ministro de Agricultura ha dicho que la guía es la gran plantación brasileña y él y Santos han explicado que los pobres del campo serán peones o neoaparceros en los grandes proyectos. Podemos estar ante la política de mayor concentración de la tierra rural de la historia de Colombia, con algo relativamente nuevo y muy grave: el apalancamiento del capital financiero y las trasnacionales, todo según los lineamientos del Banco Mundial, que ordena sanear los títulos de propiedad –lo que también pasará con las fincas de la restitución– y pasarles las tierras a los productores “más eficientes”.

TR: De todos modos, se dice que aquí hay una profunda ruptura de Santos con Uribe y que se desvertebra a los victimarios y todo su poder en el campo

JER: Cuentos. Esas son afirmaciones que no tienen asidero en la realidad y que los santistas, calculadores o ingenuos, no pueden demostrar. Uribe también presentó una ley de víctimas. ¿Si la restitución de las tierras resultara perfecta, habría en el país un cambio de la profundidad como el que insinúan? ¿Cuáles son las diferencias de Santos y Uribe sobre los TLC y la política de tierras del Banco Mundial? ¿Controvierten sobre entregarles las tierras públicas de la Orinoquia al monopolio y a los extranjeros o sobre llenar a Colombia de carimaguas y aplastar las aspiraciones campesinas con la neoaparcería y el peonaje? ¿Lo único que determina la naturaleza de Santos es reparar unas víctimas de la violencia? La demagogia “agrarista” de Santos no da para presentarlo como progresista. Eso es una desproporción que no resiste análisis y una viveza que en Colombia tiene tradición. Aquí ha sido común presentarse como avanzado hablando de los pobres del campo y tirándoles unos mendrugos. Pero la realidad es que va casi un siglo de hacer demagogia con el campesinado mientras logran dos fines: mantenerlo sin tierra e impulsar todas las orientaciones retardatarias de Washington.

TR: ¿Petro se fue del Polo porque la mayoría del Partido no lo apoyó en sus acuerdos con Santos?

JER: La idea de los acuerdos con Santos, que embellecía a este y le facilitaba su engaño, fue una decisión que Petro tomó sin consultarle a nadie en el Polo y sin duda contó en su retiro. Pero realmente salió porque, estando en minoría dentro del Polo, intentó imponerle sus puntos de vista, lo cual, para peor, quiso hacerlo mediante ataques bárbaros al proyecto histórico de unidad de la izquierda democrática.

TR: ¿Qué le pasará al Polo?

JER: Que seguirá adelante por tres razones. La base del Partido se ha templado y cada vez entiende mejor que nos atacan no por nuestros errores sino por la corrección de nuestras posiciones programáticas y nuestros aciertos políticos, cosa que la lleva a mantenerse firme en la defensa de este proyecto político. Un partido de izquierda democrática solo puede promover la unidad y crecer hasta convertirse en mayoritario si es capaz de derrotar las pretensiones antidemocráticas internas. El Polo no se doblegará ante quienes hay que vencer para poder transformar a Colombia. Con estas enseñanzas, el Polo tiene futuro y adelantará, unido, una excelente campaña para las elecciones de octubre próximo.

TR: Concluyamos…

JER: El principal acierto del Polo en este momento fue declararse en oposición a Santos y llamar a los colombianos a movilizarse en contra de su gobierno. El Polo acertó porque, con sus principios en la mano, que representan los intereses de los colombianos, decidió rechazar el engaño santista. Al decir de Carlos Gaviria, los polistas no somos como los que no saben para donde van y, por tanto, cualquier bus les sirve. Que los polistas y los colombianos cuenten con que este partido será capaz de encabezar las profundas transformaciones democráticas que requiere el país, las cuales se concretarán cuando las mayorías nacionales se decidan a cambiar y, a partir de ese cambio, cambiemos a Colombia.