LA IZQUIERDA ANAPISTA Y LAS TRES OPCIONES DEL 21 DE ABRIL

Hemos analizado desde los orígenes de la UNO los problemas candentes en los cuales hubo discrepancias entre ustedes y nosotros. Tanto la cuestión programática como los objetivos de la campaña electoral tuvieron que ver con la contumacia del Partido Comunista a conformar el frente con la Alianza Nacional Popular. Quisiéramos dar por finalizada la réplica a las acusaciones del Partido Comunista con respecto al asunto de la ANAPO, pero como nos hemos hecho el propósito de aclarar todas y cada una de las dudas que ustedes han arrojado sobre nuestro comportamiento, vamos a ocuparnos de otra falsa imputación, a manera de cierre de este pleito.

Sin ningún rubor ustedes han sostenido:

“Se conoce de sobra la actitud agresiva del MOIR contra la ANAPO a la cual, ciegamente, engloba bajo la definición de “organización populista y de derecha”, negando la existencia en su seno de sectores de izquierda y de una radical base popular”.[26] Y: Públicamente condenan todo contacto con la ANAPO por considerarla ´el peor obstáculo contrarrevolucionario´. Pero al mismo tiempo, tienden puentes hacia ese partido”.[27]

Como ninguno de los prospectos que el Partido Comunista hizo referentes a la ANAPO se cumplieron, recurre a ese ardid antiquísimo como el hombre mismo, de llevar al absurdo el pensamiento de sus contendores para refutarlo a su gusto. Se cuidan ustedes de reconocer que el MOIR tuvo razón sobre la imposibilidad de un acuerdo con la ANAPO para las elecciones de 1974, y procuran desviar la atención de quienes siguen esta polémica con una nueva acusación, producida en abril pasado: el MOIR no reconoce sectores de izquierda en la ANAPO y en su agresividad la confunde con el enemigo principal. Esto no es más que una burla y desesperada tergiversación. Recordemos algunas de las veces que señalamos la existencia de una izquierda anapista, a la cual, entre otras cosas, había que ganar.

En 1972 dijimos:

“Para que los sectores izquierdistas de ANAPO puedan participar en un frente electoral revolucionario no les queda otra salida distinta de la insubordinación y desconocimiento de la dirección del General, como lo hicieron los miembros del Movimiento Amplio Colombiano”.[28]

En 1973 reiteramos:

“Por un lado, la ANAPO se nutrió de un núcleo de dirigentes populares sinceros y de gente común anhelante de un vuelco en la situación, sin saber exactamente cuál y cómo. Estos constituyeron la izquierda de la ANAPO. Por el otro, fueron llegando círculos de politiqueros arribistas cuyas aspiraciones personales no tenían cabida por varios motivos en los partidos tradicionales y de personas extraídas o con vínculos al gran capital y a los terratenientes, pero marginadas del control de los organismos claves del Estado. Estos círculos constituyeron la derecha de la ANAPO, tomaron su mando y le imprimieron su política de oposición respetuosa del sistema (...).

“La ANAPO continúa siendo escenario de lucha entre sus dos alas, notablemente mermadas. Las fuerzas revolucionarias deben tratar de influenciar a los sectores de izquierda que aún quedan en la ANAPO y ganarlos para una posición realmente antiimperialista y antioligárquica”.[29]

Y en la última convención de la UNO, anterior a las elecciones, el compañero Francisco Mosquera sintetizó nítidamente la actitud distinta que correspondía con los enemigos principales, las fuerzas intermedias y los aliados. Dijo así:

“Nuestra táctica electoral es sencilla y clara. Concentramos el ataque contra los enemigos principales del pueblo colombiano: la coalición oligárquica proimperialista, gobernante, cuyos candidatos oficiales significan el continuismo, la opresión extranjera, el atraso, la miseria, el hambre y la represión fascista. Criticaremos las vacilaciones y el manzanillismo de la ANAPO, estimulando a la vez a sus sectores de izquierda para que asuman una posición consecuentemente antiimperialista y antioligárquica. Y estrecharemos los vínculos entre los partidos y movimientos políticos de envergadura nacional y regional que están resueltos a abanderar la alternativa revolucionaria, despejando el camino de la unidad del pueblo y preparando las condiciones para más profundas y extensas batallas por la liberación nacional y por la revolución”.[30]

Empecemos por lo último. Nunca pretendimos que se combatiera a la ANAPO cual si se tratara de las más grave desventura del país, atribución gratuita con la que únicamente se busca desvirtuar nuestras críticas a ese partido. Ni hemos sustituido en ningún tramo de nuestra lucha al imperialismo norteamericano y a las cabezas visibles de las clases dominantes proimperialistas colombianas como blanco principal de nuestro ataque. Conforme a esta inalterable posición de principios fue como propusimos la política de “Unidad y Combate”, cuyo contenido se resume en la máxima de: concentrar el fuego en la Gran Coalición liberal-conservadora. Contra esta táctica conspiraba la Alianza Nacional Popular, que aparecía a todo trance remisa a romper su indiferencia ante la cruel explotación imperialista de que Colombia es víctima predilecta y a respaldar efectivamente las luchas de las masas populares por sus derechos a gozar de una patria libre y democrática. Como no perdimos el sentido de las proporciones y sabíamos matemáticamente cuál era nuestra fuerza real, no nos trazamos la meta de aislar definitivamente en unos cuantos meses, no siquiera en unos pocos años, al núcleo dirigente de la alianza oligárquica. En forma voluntaria nos redujimos a trabajar por unificar en un frente revolucionario a los movimientos susceptibles de integrarlo según las condiciones y dimos la alarma sobre el obstáculo que simbolizaba el anapismo para la conformación de dicho frente. Y objetivamente la ANAPO se convirtió en el “peor obstáculo” de la política de “Unidad y Combate”, en la medida en que el Partido Comunista, haciendo las veces de abogado del diablo, terciaba a su favor. En fin de cuentas nuestra divisa de unir todo lo unificable para las elecciones de 1974 se abrió paso justo a tiempo. Y en septiembre de 1973 ya estaban definidas las tres opciones más caracterizadas: “Desde la reaccionaria y antipatriótica, representada por los candidatos se los partidos Liberal y Conservador, Alfonso López y Álvaro Gómez, pasando por la intermedia e inconsecuente de la ANAPO, con María Eugenia de Moreno Díaz, hasta la nacional y democrática de la Unión Nacional de Oposición”[31].

En cuanto a la izquierda anapista, la discrepancia fue diametralmente a la inversa de la versión amañada que se pretende dar, después de cuatro años de agudas discusiones. Pero ustedes no se saldrán del embrollo tergiversándonos. Así harán menos decorosa la retirada. Nosotros insistíamos no en que no hubiese una izquierda en la ANAPO, sino en que ésta, para poder contribuir efectivamente a una política revolucionaria, se veía abocada con posterioridad a 1970 a la ineludible disyuntiva de rebelarse o seguir uncida a una línea oportunista que sólo fracasos cosecharía. Ustedes, al contrario, creían que la izquierda anapista podría tomar el timón y enrumbar el “tercer partido”, hacia aguas unitarias. Aceptemos que sus deseos eran altruistas, pero la ANAPO había encallado y sus sectores avanzados no tenían ni la influencia en el mando ni el respaldo suficiente para enderezar la situación. En la práctica, la consigna de permanecer a bordo hasta el final, facilitaba la labor de la pequeña burguesía arribista que soñaba con escalar posiciones en la ANAPO y llegar al Parlamento bajo su manto protector, aprovechando la desbandada de sus más reputados dirigentes de derecha y de izquierda. Si algo merece calificarse de populista es precisamente este intento ulterior de arribismo pequeñoburgués por salvar los dogmas reaccionarios de ANAPO en nombre de la revolución, por cubrir el viejo santoral con el palio del “socialismo a la colombiana” . Este novísimo “socialismo” fue a la postre el más acérrimo enemigo de la política unitaria que lo amenazaba a muerte.

La inutilidad de esta táctica fue reconocida por el Partido Comunista al mes de las elecciones, en mayo de 1974, cuando resolvió suspender su posición de “neutralidad” frente a la ANAPO.

Leámoslo:

“Ahora más que nunca debemos acercarnos a los sectores más consecuentemente revolucionarios de la ANAPO. Hay que modificar actitudes de ´neutralidad´ ante las contradicciones de este movimiento a fin de pasar a una lucha activa y continua para estimular entre sus activistas y adherentes las acciones unitarias y para atraer a los más avanzados a la UNO y a la militancia en nuestras filas”.[32]

La postrera rectificación del Partido Comunista de “modificar” la “neutralidad ante las contradicciones de la ANAPO”, ¿significa acaso una implícita aproximación a la orientación del MOIR de “influenciar a los sectores de izquierda que aún quedan en la ANAPO y ganarlos para un posición realmente antiimperialista y antioligárquica”? De ser así no podemos menos de alabar que la experiencia, madre de la sabiduría, ayuda por igual a todos a distinguir el acierto del error. De todos modos no tenemos prisa, confiamos en que la práctica de la lucha de clases proferirá su fallo inapelable y dará a cada cual lo merecido. Y en verdad que nuestra paciencia ha sido premiada. Al cabo de estos tres últimos años podemos hacer un balance victorioso. Logramos concurrir en la pasada campaña electoral con un frente conjunto de fuerzas que, aunque pequeño, presentó una auténtica alternativa revolucionaria al pueblo colombiano. Las pretensiones de diluir la UNO en una amalgama informe e indefinible fueron contundentemente derrotadas. Los resultados electorales contabilizados son altamente favorables si se tienen en cuenta las dificultades supremas en las que se libró la contienda, y las fuerzas revolucionarias conquistaron significativas posiciones en las corporaciones públicas que han convertido en puestos de combate y tribunas de denuncia de las arbitrariedades y atropellos del régimen. Los objetivos de educar al pueblo, consolidar el avance revolucionario de nuestras fuerzas y apoyar las luchas populares se cumplieron hasta el límite de nuestras capacidades. Pudimos librar una gran batalla ideológica contra las concepciones liberales y contra las que pretenden revisar el marxismo-leninismo.

La UNO ha quedado armada de un programa revolucionario que consigna las principales reivindicaciones estratégicas de la actual etapa nacional y democrática de la revolución colombiana. Se abre un nuevo período de la historia de Colombia en el cual, no obstante el triunfo montado y transitorio de las fuerzas reaccionarias, la crisis política y económica de las clases antipatrióticas gobernantes y del imperialismo norteamericano se agudiza irreversiblemente, mientras las masas oprimidas arrecian la lucha en todos los frentes de batalla. Las tendencias unitarias de las diversas clases, capas y organizaciones revolucionarias de la sociedad colombiana se acentúan por encima de los tropiezos naturales y a través del combate ideológico necesario, imprescindible y vivificante. Y nuestro Partido, más fogueado, más disciplinado, más unido, más extendido y más arraigado en el corazón del pueblo, está en condiciones de desempeñar un papel de mayor importancia en la conducción de las luchas revolucionarias.

Doblemos esta doliente página de la Alianza Nacional Popular con el siguiente comentario. El Partido Comunista aceptó que su “consigna del Onceavo Congreso, por un candidato único de toda la oposición democrática en la batalla electoral de 1974, no ha podido realizarse”.[33]

Aceptación apenas obvia. Pero como lo hemos explicado, la infundada insistencia del Partido Comunista por forzar la aplicación de su línea trazada, originó todas estas contradicciones de la alianza, la amplitud del frente, el programa de la UNO y los objetivos de la campaña electoral. Ustedes no podrán decir que la “consigna del Onceavo Congreso” no se concretó debido a las interferencias del MOIR. Nuestro poder decisorio no era tan determinante. Por el contrario, nos limitamos a fijar nuestros puntos de vista, a negarnos a participar en la UNO mientras no se clarificara la política y a esperar. De tal manera que el Partido Comunista tuvo el campo libre hasta el 22 de septiembre de 1973 para negociar su esquema unitario. ¡Y cómo lo gestionó! Por esto resulta tendencioso y ruin despachar esta polémica con la afirmación de que “el MOIR ingresa a la UNO después de haberle dado muchas vueltas”. Y por eso nos hemos ocupado en desmenuzar esta historia para comprobar que “en definitiva” nos guiamos “por el criterio” de que era “preferible constituir un frente que, aunque pequeño”, le pudiera “presentar al pueblo una verdadera alternativa revolucionaria”. [34] Ustedes fueron los que dieron vueltas y revueltas alrededor de una quimera, desinteresada y piadosa si así lo prefieren, pero quimera al fin y al cabo, como revolotea el cucarrón alucinando en torno a una lámpara encendida.