LAS GRANDES MENTIRAS DE LOS GRANDES "GANADORES DEL TLC"

Por Aurelio Suárez Montoya

“El papel puede con todo”. Y con relación a los pronunciamientos públicos de importadores de productos agropecuarios, los funcionarios de empresas multinacionales, las empresas maquiladoras de confecciones y comercializadoras de oro y algunos de los grupos económicos más encumbrados y cercanos al presidente Uribe, quienes han suscrito grandes avisos de prensa instando a la firma inmediata del TLC, podría agregarse que mientras mayores los avisos, mayores las mentiras consignadas. Se trata de burdas reproducciones sintéticas a un alto costo de las columnas del comisionista Rudolf Hommes. Me referiré a cada una de las grandes falacias difundidas por estos “ganadores” del TLC.

1) EL TLC genera oportunidadesz. La ley comercial norteamericana de 2002 (TPA) establece la expansión de su economía como asunto de seguridad nacional. De tal forma que el TLC tiene ese propósito enmarcado dentro de la estrategia global estadounidense. Y, en esa dirección, las “oportunidades” se limitan a áreas que no representen competencia para el Imperio. Ellas son: elaboración de productos agrícolas tropicales, manufacturas livianas ensambladas con mano de obra barata y recursos naturales energéticos y no energéticos. Es precisamente en estas actividades de poco valor agregado, con bajo contenido de producto nacional, casi todas comercializadas por firmas multinacionales, en las cuales también se especializa al resto de países como el nuestro generando una “competencia entre pobres” para esforzarse para ingresar con menores costos a los respectivos nichos del gran mercado en la nueva división internacional del trabajo. A los firmantes de marras les preocupa más que mercaderes de trabajo envilecido y de géneros exóticos de México o de Centroamérica les hayan cogido alguna ventaja en este tipo de tráfico ruin que el hecho grave de que bienes norteamericanos se tomen el mercado interno.

2) Un entorno estable sin barreras para el comercio. Dicen los abuelos que “el bobo no es quien las dice sino quien las cree” y éste es un caso típico. El mundo conoce el sinnúmero de trabas proteccionistas que Estados Unidos mantiene. Sistemas de cuotas, normas sanitarias, normas técnicas de pesas y medidas, disposiciones de los distintos estados, para mencionar algunos. Las pruebas están al canto: pese a las preferencias en aranceles que se otorgaron a Colombia a través del sistema APTDEA, el aprovechamiento cobija un mínimo margen de acceso real; lo demás está bloqueado. Estados Unidos es quizás uno de los países con mayores demandas en la OMC debido a sus prácticas mercantiles arbitrarias. ¿Dónde está “el entorno amable”?

3) Creación de nuevas empresas y mejores y estables empleos. La experiencia de la actividad industrial colombiana en los últimos 15 años de apertura contradice a estos profetas del Paraíso. A comienzos de los pasados noventas había 635.000 trabajadores industriales; en 2005, el DANE reportó apenas 545.000, noventa mil menos, siendo empleos temporales tres de cada cinco. El TLC va a reforzar este tipo de perfil industrial de maquila y ensamble. Nadie puede mostrar que la compra de Bavaria, Coltabaco, Granahorrar, DIACO, estén en el conjunto de nuevas empresas y más empleo. No existe evidencia cierta en el curso de 15 años, del mismo tipo de desarrollo industrial que el TLC reforzará, que pueda mostrar la creación de más empresas y más y mejor empleo. A lo sumo se compran las ya existentes con el respectivo recorte de personal que genere a los compradores una tasa de retorno satisfactoria para el capital destinado. El desastre industrial no es tan conocido, aunque sea mayor que el agropecuario, simplemente porque los dirigentes gremiales de ese sector “le vendieron el alma al diablo”.

4) Los beneficios de los consumidores: más y mejores productos. Con lo que se hace más alharaca es con las importaciones de “comida barata”. Con relación a las de trigo, cuyos importadores son notables firmantes de las misivas al Presidente, no hay realidad que confirme tales favores al consumidor; por ejemplo, en cuatro años un producto como las pastas, hechas 100% con trigo extranjero, ha duplicado su precio por libra al pasar de $800 a $1500. Esos comerciantes, pese a la revaluación, no trasladan a los consumidores los márgenes que obtienen de comprar granos y aceites subsidiados. Y, en cuanto a las calidades, no debe olvidarse que los gringos lograron incluir en las ventajas del TLC a un porcentaje muy alto de su basura exportable: los residuos son restos de subproductos de cereales incluido el arroz, los desperdicios son cuartos traseros de pollo y vísceras de res y cerdo, los desechos pueden ser tóxicos y peligrosos, los “remanufacturados” son usados que tienen una pieza refabricada. ¿Es a tan finas mercancías a las que se refieren los suscriptores del correo electrónico a Uribe?

5) CHINA amenaza nuestras manufacturas. Ya pasó hace rato y más si de manufacturas se habla y de ellas nuestro principal renglón, las confecciones. Mientras China es el primer proveedor de los norteamericanos en esa rama, Colombia no está entre los primeros 25. ¿Cómo nos defenderá el TLC de China, si hasta Estados Unidos debe hacer transacciones temporales con esa nación para que no arrase su propia industria, si México con sus ventajas geográficas y con su TLC no pudo detenerla?

Si algo ha caracterizado a los defensores y “ganadores” del TLC en este debate es su intento de embaucar con verdades generales a la opinión. Los hechos no les ayudan y deben recurrir a la mendacidad. Sin embargo, a pesar de su descaro, no dejan de reconocer que el sector agropecuario saldrá gravemente lesionado; por eso es inexplicable, que como excepción entre todos los gremios rurales, la Federación Nacional de Cafeteros y su gerente, Gabriel Silva, se presten como Caín a la muerte de sus demás hermanos y a hacer parte del coro de sus verdugos. “Mentir que de la mentira algo queda”, era una práctica política de antaño que está en boga para esos y para casi todos los temas públicos, lo novedoso es que ahora también la usan prestigiosos empresarios.