LOS ARTISTAS SE SUMARON A LA CELEBRACIÓN

Un nutrido grupo de intelectuales y de artistas de revolucionarios se vinculó a las tareas preparatorias de la conmemoración del 21 de marzo, atendiendo al llamado hecho por el movimiento cívico “Comuneros 81”. El investigador Gustavo Quesada y los economistas y periodistas Clemente Forero y Hernán Jaramillo pronunciaron varias conferencias en los pueblos de la zona comunera. Una docena de pintores de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá, encabezados por Hernando Carrizosa y Manolo Colmenares, viajaron a Santander a realizar varias obras artísticas que rememoran las luchas populares de hace doscientos años. El cineasta Mario González, con la colaboración de Augusto Rivera, María Cristina Cortés y Richard Suárez, trabajan en una película de color sobre la vida y las actuales batallas de los descendientes de los comuneros. Los camarógrafos Marcos González, Oscar Rojas, Sonia Gutiérrez y Oscar Martínez, de Bucaramanga, filmaron los instantes más emotivos de la conmemoración y los editaron para ser exhibidos en betamax. Clemencia Lucena diseñó un cartel para promover la manifestación del 21 de marzo, que fue distribuido y pegado a lo largo de todo el país. Beatriz González también se vinculó a este movimiento artístico, aportando una serigrafía para la campaña de finanzas.

Del 16 al 21 de marzo, doce grupos de teatro provenientes de diversas zonas del país, rindieron un homenaje a la gesta comunera y se presentaron ante unos 15 mil espectadores del Socorro, Simacota, San Gil, Barbosa, Vélez, Guapotá, Charalá y Puente Nacional, efectuando un total de 54 funciones.

Los grupos y sus obras fueron los siguientes: el Teatro Libre de Bogotá, con Episodios Comuneros, de Jorge Plata, bajo la dirección de Germán Moure; el pequeño Teatro de Medellín, con De cómo se sublevo el Común, de Henry Díaz, bajo la dirección de Rodrigo Saldarriaga; el Teatro Foro de Cali, con Peripecias y congojas del buen señor don Alvarado, dirigida por su autor, Jorge Bonilla; el Teatro Independiente Chipre de Manizales, con Trueno y fango de Estaban Navajas, bajo la dirección de Rodrigo Carreño; el Teatro Libre de Ibagué, con un recital de música y poesía latinoamericanas, montado por Alberto Lozano; el grupo Fortejo, de Sahagún, Córdoba, con Historias de ayer para ser contadas hoy, dirigida por su autor. Luis tirado; el Teatro Comuneros, de Bucaramanga, con Hoja seca, del autor y director Hernán Pico; el Teatro Experimental Atahualpa, de Santa Rosa de Cabal, con un recital de canciones, trovas y poesía, dirigido por Aparicio Posada; el grupo Estudios Teatrales, de Montería, con Monólogo sobre el daño que causa el tabaco, de Antón Chejov; el grupo Actocol, de Bogotá, dirigido por Héctor Laos; el Teatro Aguijón, de Piedecuesta, Santander, dirigido por César Rueda, y el grupo musical Son del Pueblo, orientado por César Mora.

Fue tanta la acogida que dieron los espectadores de la región comunera al festival, que sus organizadores están planeando una segunda temporada en febrero de 1982, para contribuir a la efemérides del sacrificio de José Antonio Galán.

La labor de Gonzalo Mahecha Cuando el pintor Gonzalo Mahecha llegó al Socorro, llevaba la idea de convertir las paredes de ese pueblo en un inmenso mural que rememorara la revolución comunera. Bastó que él y otros artistas empezaran a trazar los bocetos de sus obras para que se despertara la curiosidad de las gentes, que expresaron su deseo de participar también en esta tarea. Fue así como Gonzalo Mahecha, se transformó en el guía y el maestro de los niños, jóvenes y viejos que bajo su dirección comenzaron a pintar.

“La rebelión comunera despertó la vocación artística de muchas personas. El pueblo aún tiene vivas las imágenes de la rebelión de sus antepasados y muchos sintieron un deseo incontenible de plasmarlas. Viejos y jóvenes que jamás habían pintado, ni siquiera sobre un papel, se enfrentaron a una pared blanca con elementos rudimentarios, tales como un trozo de carbón, un tarro de pintura y una brocha, y concibieron sus propias obras”, cuenta Gonzalo Mahecha, mientras gesticula con sus manos, lo que hace siempre que se siente emocionado.

La idea primaria de estos pintores aficionados, según relata Mahecha, era la de reflejar la gesta popular a través de una marcha campesina. Pero poco a poco se fue creando una gran inquietud y un afán por perfeccionar sus murales con imágenes de la rebelión comunera sacadas de la historia. “Yo mismo tuve que volver a estudiar los hechos de aquella época, no solamente para cumplir con mi papel de orientador, sino porque los artistas fuimos invitados a dar conferencias en los distintos colegios. Era en verdad emocionante escuchar, en los corrillos de jóvenes y niños, discusiones sobre el tema y oírlos establecer comparaciones entre la situación de hace doscientos años y la que vivimos hoy”.

“Para lograr este trabajo tuvimos que encarar la represión oficial” continua explicando Mahecha. “Al comienzo, cuando recorríamos la zona comunera, motivando a sus gentes y buscando al movimiento ‘Comuneros 81’ para apoyarnos en él, la policía nos encarceló en tres oportunidades. Pero el pueblo nos ayudó a ganar la batalla, el día en que llegaron a detener al maestro Carrizosa, quien estaba iniciando un boceto, la gente comprendió la necesidad de proteger a los artistas revolucionarios. A los pocos minutos se habían concentrado más de 300 personas que nos apoyaron con sus gritos y protestas. La policía se vio obligada a retirarse y desde entonces las masas se unieron entusiastas a nuestra labor”.

Así terminó por ganarse el respaldo y el cariño de la población, Gonzalo Mahecha, un muralista nacido en Girón, Santander, que hace menos de un año regresó de París con el convencimiento de que su talento “no debe enclaustrarse en las paredes de las galerías para ser admirado por una élite, sino encontrar formas de expresión que le sirvan a los miles de oprimidos”.