LOS HORRORES DE LA PAZ BAJO EL "MANDATO DE HAMBRE"

A 15 meses de gobierno, nadie puece reprocharle a Alfonso López Michelsen haber fallado a su promesa de imponer un gobierno “fuerte”. Decenas de manifestantes y líderes populares han caído atravesados por los disparos oficiales, centenas de campesinos, obreros y gentes del pueblo han sido apaleadas, perseguidas y arrastradas a la cárcel y el país entero está sometido a la coyunda del Estado de Sitio y a la amenaza de los Consejos Verbales de Guerra.

En Colombia hay un polícia por cada 500 habitantes. Pero por cada 100.000 no existe ni siquiera ni una enfermera. López ya anunció que va a modificar esta proporción, para hacerla más aberrante. En Medellín dijo recientemente que habrá más policías, que el pie de fuerza represivo se agigantará y vaticinó que caerían lluvias de plomo donde quiera que las gentes osen desafiar sus medidas. Con mayor desfachatez, su ministro de gobierno Cornelio Reyes proclamó la novísima enseña del régimen: “cárceles o cementerios” para los que se rebelen!

A 13 días de su posesión, López ordení el toque de queda en todo Córdoba para apuntalar al burgomaestre de Cereté cercado por la ira popular que protestaba por el asesinato del estudiante Rosmiro Burgos Polo a manos de un carabinero. Ya desde el 7 de agosto de 1974, en epílogo al nefasto gobierno de Pastrana y en prólogo a los vigorosos combates populares que han arreciado contra López, 3.000 obreros de Celanese tenían paralizadas tres factorías, elpueblo de Itagüi estaba en pie de lucha contra los reajustes del transporte y 21 hombres, 20 mujeres y 35 niños, se aferraban a la tierra invadida en Caiminito, Sucre, defendiéndose del cerco policial y terreteniente.

Desde entonces ha sido cruento el itinerario del mandato lopista. Bastará repasar este resumen de lo sucedido, en el cual desafortunadamente, por falta de información precisa y espacio, no lo está todo, para comprender hasta qué extremos de intimidación y terror ha llegado el gobierno, y hasta dónde le ha sabido responder, con decisión y coraje, el pueblo colombiano.

SE DESATA LA FURIA POPULAR

Enardecido, el pueblo costeño se rebeló a lo largo y ancho de un cordón de más de medio centenar de municipios y corregimientos, desde Urabá hasta La Guajira. Caminos y carreteras fueron bloqueados, oficinas de tesorería y recaudos incendiadas, abiertas las cárceles, tomadas las gobernaciones y enterrados los muertos en funerales que se convirtieron en iracundas manifestaciones que marcharon a esar de las nubes de gases lacrimógenos. Balas del gobierno mataron el 21 de octubre del año pasado, en Rioacha, al estudiante Edison Luque, que apoyaba a los campesinos invasores de Mingüeo. En Popayán, el adolescente Wilfredo Muñoz es derribado y muere con el cráneo aplastado a culatazos por participar en una concentración pacífica. En noviembre un número indeterminado de manifestantes es masacrado en Cali, cuando la ciudadanía se rebeló contra las alzas en el transporte, y varios de los cadáveres desaparecen en manos de la policía. Cinco colonos mueren abaleados por la fuerza pública el 13 de diciembre en Puerto Asís. Toda la furia del pueblo se desata y los esbirros del régimen huyen despavoridos mientras qrden alcaldía, juzgados, tesorería y retenes.

Por esos mismos días López notificó su actitud ante tales crímenes: en menos de 10 minutos un Consejo Verbel de Guerra absolvió al agente que había asesinado al estudiante Darío Palma la víspera de elecciones.

Apresurado, Cornelio Reyes telegrafió a gobernadores y alcaldes: “ante ola creciente invasiones” “actuar de inmediato sumariamente sin trámites de enjuiciamiento”. Centenares de campesinos son confinados en las mazmorras. Ranchos y cultivos de los invasores son quemados y arrasados y su ropa salada y arrojada al campo para que la devore el ganado.

En los últios días de 1974, los habitentes de las colinas del suroriente bogotano bloquearon la vía hacia los Llanos con enormes rocas y troncos hasta que consiguieron que se atendieran sus reclamos. Cuando la convulsión popular amagó extenderse, todos los pueblos de la Sabana fueon militarizados. López no pudo hablar de nada bueno al terminar el año, acosado por el combativo repudio que afloró en toda Colombia.

1975 COMENZÓ COMO TERMINÓ EL 74

El nuevo año prolongó las batallas de las masas empobrecidas. Una vez más se agitaron los reclamos cívicos en la Costa, surgieron en el oriente de Antioquia, en Nariño, en la Sabana de Bogotá, en el Valle, en los Llanos. Tumaco estalló una mañana al descubrir las gentes que las prendas que pignoraron habían desaparecido de las prenderías y que, por lo tanto, ya no poseían nada más que su miseria. Jamundí, rechazó en las calles el encarecimiento de los servicios y el gobierno respondió asesinando al niño de 8 años Orlando Perdigón Bedoya, el 18 de febrero, el 17 de marzo, un hijo de uno de los miembros de la Defensa Civil de Popayán le voló la cabeza al carretillero Euclides Yangana, padre de siete hijos, para “pegarle un susto”. Tropas del Ejército abalearon en la Dorada una manifestación de solidaridad con invasores urbanos: mueren la maestra Ruth Vera de Pérez y el estudiante Luis Alfonso Llanos. El concejal del MOIR, Gustavo Vélez, es encarcelado y amenazado. En Cúcuta la policía desaloja el 29 de mayo a los vendedores ambulantes y un agente del F-2 le quita la vida al estudiante Reinaldo Monsalve Melo.

Escuadrones del ejército allanan hospitales en Bogotá y colegios y universidades en Cali, Medellín, Santa Marta, Tunja. Batallones de paracaidistas tienen que saltar sobre el aeropuerto de Tame y cargar a disparos y culatazos contra los llaneros que recusan la demagogia lopista. En Cali los guardianes de la lay arrijan desde un cuarto piso de la universidad del Valle a varios estudiantes. Aulas, laboratorios, museos y material docente son destruidos. 319 campesinos son encarcelados por asistir a una reunión de la ANUNC en Ovejas. Centenares más son detenidos y torturados en Cimitarra y otras regiones bajo la sospecha de simpatizar con las guerrillas.

El 28 de julio cae en Cali, acribillado por los disparos de más de 500 soldados, el compañero Pedro León Arboleda, Secretario Político del Partido Comunista (marxista-leninista) de Colombia y dirigente del Ejército Popular de Liberación. Su último grito, cercado por las llamas y el ejército: “Viva la revolución colombiana”.

A mediados de enero la ministra del trabajo, María Elena de Crovo, ilegaliza el paro nacional bancario, cancela la personería jurídica de ACEB y UNEB y manda a la cárcel a decenas de trabajadores, mientras otros son despedidos con su visto bueno. La “izquierdista” ministro, emulando con el señor Cornelio Reyes, cocina el llamado “plan de marzo”, patraña de subversión que sólo existió en su parolera cabeza, para enfrentarla, formando filas bajo las ramplonas banderas del macartismo, a la oleada de justos pliegos y peticiones de los obreros. El 21 de abril, infantes de marina ocuparon las instalaciones de Planta de Soda en Cartagena para impedir una huelga. En Tunja, la policía dispara el 20 de junio contra una movilización de apoyo a la lucha de los trabajadores de SOFASA, hiriendo al estudiante Carlos Y. Rubiano. En Medellín dirigentes sindicales son apresados y torturados por presuntas vinculaciones con las guerrillas. En Barranca son detenidos por organizar una manifestación dos directivos de la USO.

Con tanques en las calles y con el folclórico show de la Crovo, Cuevas y Mercado, el gobierno quiso impedir la celebración del 1° de mayo. Para su pesar, más de 100.000 obreros respondieron combativamente el llamado de los sindicatos avanzados y de las fuerzas de la izquierda, concentrándose en las plazas de las principales ciudades a condenar la demagogia lopista y a celebrar la histórica victoria de los pueblos de Indochina sobre el imperialismo yanqui.

VUELVE EL ESTADO DE SITIO

El 26 de junio pasado, López anunció la extensión del Estado de Sitio a todo el país -ya el mismo mes lo había firmado para el Valle, Antioquia y Atlántico- y la implantación de los Consejos Verbales de Guerra. Con toda la fuerza de su cinismo, López dijo que no se trataba de utilizarlo “como arma política para dirimir la controversia entre el gobierno y la oposición”, sino de emplearlo contra las “mafias”. Pero párrafos adelante, en el mismo discurso, López mencionó cierto tipo de manifestaciones que se vienen produciendo casi desde el comienzo del gobierno”. Por boca del mismo López fue obvio que el objeto de sus medidas de amedrentamiento es el pueblo, pues jamás a la mafia se le ocurrirá lanzarse a las calles a protagonizar manifestaciones contra el sistema en vez de usufructuar su descomposición y dedicarse al pillaje.

Pero no bastaron al actual compatrón del bipartidismo los manidos recursos del Estado de Sitio. El 7 de agosto último, al celebrar su primer año de gobierno, López, después de presidir un desfile que se tituló “Vuelven los caballos”, difundió su tristemente célebre decreta 1533. Ya no aludió a la coartada de “las mafias” y tajantemente habló de “actos subversivos del orden social”. Bravuconada del peor corte antidemocrático, el 1533 es el pretexto para encarcelar y condenar masivamente, sin indagatoria y sin defensas, aún por el más tímido asomo de insubordinación, una “leyenda o dibujo ultrajante”, como dice el texto de esta medida, o por desacatar el llamado a colaborar con los cancerberos de turno. Cómo será de reaccionaria esta disposición salida del puño de López que, en la oscura Corte Suprema de Justicia, siete magistrados se negaron a refrendarla por encontrarle “hondas afinidades y semejanzas” con la repudiable sombra del fascismo. Hasta los juristas nombrados para redactar un nuevo Código Penal, más refinado que el actual, renunciaron por considerar inútil su tarea ante la persistente hegemonía de la justicia penal militar.

A los pocos días de su expedición el 1533 fue la mejor disculpa para que el rector de un colegio de Bucaramanga mandara a encarcelar a sus “indisciplinados” alumnos. Ahora los reglamentos académicos se rigen por un decreto punitivo.

DE ACUSADOR A ACUSADO

Pero el 1533 se revirtió contra el gobierno y los juicios colectivos se tornaron actos beligerantes para desenmascararlo. El 1° de septiembre fueron detenidos en Pereira 40 manifestantes, entre ellos el concejal del MOIR, Luis Enrique Arango, el concejal del Partido Comunista Luis Castañeda. Conducidos a los estrados, de acusados pasaron a ser acusadores, desentrañando valientemente el saqueo y la corrupción oficialies, siendo luego liberados por la presión de las masas. Lo mismo ocurrió en Facatativá, en donde 14 personas y el concejal y diputado del MOIR, César Pardo fueron encarcelados bajo la acusación de “realizar una manifestación clandestina”. En Bogotá, los procesos contra un centenar de personas capturadas por participar en las movilizaciones del 11 y 27 de septiembre se volvieron mítines de denuncia. En estas fechas, miles de manifestantes rompieron las cadenas de soldados y policías para solidarizarse con el pueblo chileno y rechazar el Estado de Sitio. Entre los detenidos se encontraban militantes del Partido Comunista, del MAC, de la CSTC, de la URS, de la JUCO y de otras organizaciones que convocaron estos actos.

En Medellín, un Consejo Verbal de Guerra pretende juzgar a más de medio centenar de obreros, campesinos y de intelectuales, acusándolos de ser enlaces guerrilleros. El médico Francisco Lasprilla y varios detenidos deben ser liberados a falta de pruebas.

Decenas de ciudadanos son capturados y torturados por la presunción de que, por sus desafectos con el sistema, tienen algo que ver con la muerte del generalRincón Quiñónes. La residencia del intelectual Gerardo Molina es allanada con la mascarada de requisar cocaína.

En Neiva encarcelan a más de 30 personas, entre ellos al concejal del MOIR, Carlos Tovar, por efectuar una manifestación que contaba con el permiso del alcalde. En Urabá son encerrados más de 300 campesinos en los primeros días de noviembre por luchar por la tierra. En la misma zona son privados de la libertad los compañeros Alberto Arroyave y Carlos Gómez cuando hacían labor de propaganda de la UNO. El CRIC(Consejo Regional Indígena del Cauca) denuncia por esos días que en Coconuco han sido torturados 5 campesinos y encarcelados 40.

En Casanare, con la cooperación del DAS rural, los terratenientes siembran el terror y salen a “cazar” colonos en avioneta. El 15 de agosto pasado cae asesinado por agentes secretos, en Nunchía, el líder campesino Abedulio Viancha. En pore son eliminados también los campesinos José López y Raúl Chacón. El concejal del MOIR, José Daniel Rodríguez, es detenido y se le confina, bajo la amenaza de no responder por su vida, a permanecer en la zona urbana, con el fin de impedirle su labor de organizar independientemente a los campesinos. En esa misma población son arrestados el 5 de octubre 31 profesores, sin motivo alguno, entre ellos Luis A. Rodríguez, presidente del Sindicato de Educadores dek Casanare. Varios son torturados y estudiantes de la JUPA que protestan son expulsados.

DE NUEVO COMBATES EN LAS CALLES

Los alzamientos de los humildes se están generalizando, configurándose una vez más otro estremecimiento popular de fin de año. López, dirigiéndose el 16 de noviembre pasado, a la crema latifundista de la Sociedad Colombiana de Agricultores, se lamentó de “la precaria seguridad de que disfrutamos” y anunció el enganche de dos mil detectives, 4 mil policías y mil carceleros más. Con esto y con las andanadas de golpes que el gobierno desata cada vez que surge la protesta de las gentes, López no hace más que revelar su propia debilidad.

Ya en septiembre 800 soldados tuvieron que allanar la Universidad de Tunja para controlar la rebeldía estudiantil y en Riohacha, donde de nuevo los estudientes del Liceo Padilla abandonaron las aulas para ir a luchar en las calles, el ejército hirió a bala a uno de los jpovenes. El 21 de octubre fueron detenidos en Cali 12 manifestantes y heridos 20, cuando la policía cargó contra un desfile de educadores de secundaria. El mismo mes, el 9, agentes secretos fusilaron al exconcejal del Partido Comunista y dirigente campesino, Antoni Jiménez, en Apartadó. El 17 de octubre tres destacados dirigentes campesinos, militantes del Partido Comunista, Javier Baquero, Nicolás Mahecha y Diomedes Rayo, fueron asasinados por uniformados. Agentes secretos hirieron, en un acto de provocación, a un trabajador del periódico del Partido Comunista “Voz Proletaria”, y una bomba explotó en las oficinas de la revista “Alternativa”. Horas antes de partir hacia los Estados Unidos, López Michelsen había declarado en Barranquilla su respaldo a los deseos del ministro de la Defensa para amordazar la prensa que denunciara las corruptelas del régimen. En la primera semana de noviembre el gobierno asumió el control absoluto de los canales de comunicación y dejó pender la espada de la censura sobre la radio, ya aplicada, con sanciones y multas, a varios noticieros.

Al finalizar octubre, e proletariado y el pueblo bumangués se alzaron en una enconada y heróica batalla que hizo retroceder a las tropas hasta sus cuarteles. Toda Bucaramanga quedó paralizada y los obreros y estudiantes ocuparon las calles mientras las mujeres bloqueaban las carreteras con cilindros de gas, exigiendo el suministro adecuado del combustible. El “mandato claro” respondió, com siempre lo ha venido haciendo, con batallones, toque de queda, allanamientos, bombas, disparos y cárcel. El 30 el ejército disparó contra una marcha multitudinaria y cayó muerto el estudiantes Jorge Eliécer Ariza. 12 personas más fueron heridas y más de 500 detenidas, entre ellas los dirigentes del movimiento cívico. La lucha se agudizó y las autoridades tuvieron que derogar las disposiciones vilipendiadas por las masas.

En Santa Marta, Tuluá, Bogotá y otras ciudades, se generalizaron los paros de los conductores y varios edificios del gobierno fueron apedreados. En Tumaco desfilaron 15.000 estudiantes denunciando el abandono y la miseria. En El Banco la población retuvo las embarcaciones que navegaban por el río Magdalena para exigir solución a sus problemas.

Nuevos aires de solevantamiento recorren al país. En 15 meses López ha conocido la imposibilidad de acallar los requerimientos de los miles y miles que hacen ahora la historia por su propia cuenta. Desafiando crímenes y chantajes, las demostraciones populares contra la humillante subyugación no cesan de generarse y saltar a las calles y plazas. Nunca, ningún mandato, por “fuerte” que sea, podrá acabarlas.