LOS OBREROS SE DEFENDIERON ARDUAMENTE EN 1981

De las tantas confrontaciones obrero-patronales que estallaron el pasado año, la de más resonancia fue quizá la de Ferrocarriles Nacionales, donde once mil trabajadores recurrieron al paro siete veces para exigir la solución de un pliego y demandar la oportuna cancelación de los sueldos.

Casi todos los movimientos huelguísticos de importancia superaron los cien días de duración. Así ocurrió en la Flota Mercante Grancolombiana, Satexco, Eternit, Navenal, Unial y Astilleros Magdalena. De otra parte, en Sofasa-Renault, 2.587 obreros mantuvieron cerradas durante 25 días las plantas de Medellín, Duitama y Bogotá. En los últimos tres meses del año la empresa despidió en represalia a más de 300 operarios. Hay que hacer resaltar igualmente la combatividad de los 14 mil bancarios agremiados en ACEB, y las huelgas en Hilanderías del Fonce e Industrias Volmo.

La batalla reivindicativa en la Flota Mercante Grancolombiana comenzó el 5 de julio, cuando 600 tripulantes paralizaron en puertos extranjeros 18 buques. El 24 de julio, el Ministerio de Trabajo declaró el movimiento ilegal y autorizó despidos masivos para imponer el tribunal de arbitramento. Según Eduardo Vanegas, presidente de la Unión de Marinos Mercantes, Unimar, ha sido ésta una de las más prolongadas huelgas en los anales de la marina comercial en todo el mundo. Vanegas denunció a las centrales obreras colombianas por su falta de solidaridad y criticó asimismo la actitud que adoptaron los sindicatos norteamericanos, cuya plana mayor se negó a dar respaldo a los tripulantes en los puertos de San Francisco, Nueva York, Filadelfia y Baltimore.

En el sector oficial suspendieron labores repetidas veces los 150 mil maestros, los 12 mil portuarios y los 3 mil médicos internos y residentes agrupados en ANIR, mientras que en febrero lo hicieron los obreros de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, con el objeto de presionar un arreglo convencional.

Quiebras y despidos Las quiebras y la recesión industriales afectaron a decenas de miles de asalariados. Los despidos colectivos se incrementaron, sobre todo en el sector textil de Medellín, y muchos operarios se vieron enfrentados al cierre intempestivo de las empresas, como en el caso de Textiles Jear en el Atlántico. En Marisol, de Barranquilla, el Instituto Bioquímico y Muebles Clavijo, de Bogotá, los sindicatos optaron por tomarse las instalaciones. Celanese, con plantas en Yumbo, Medellín, Barranquilla y Bogotá, pidió a su vez al Ministerio del Trabajo, el 2 de diciembre, permiso para destituir a todo el personal.