La batalla por Venezuela


Francisco Valderrama Mutis, Tribuna Roja Nº 111, enero 13 de 2011

De todos los países de América Latina que se han salido de la obediencia irrestricta a las órdenes de Estados Unidos, Venezuela es la espina más dolorosa clavada en su costado. No solamente porque participó junto a Brasil y Argentina en el hundimiento de su plan más perfecto de recolonización imperialista de toda la América, el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, con lo cual se vio obligado a seguir el camino más largo y tortuoso de los tratados de libre comercio bilaterales, sino porque Venezuela es la joya de lo que la gran potencia considera su patio trasero, con 211.173 millones de barriles de reservas certificadas por la OPEP, que pueden llegar a 314 mil millones con la actividad exploratoria en desarrollo, convirtiéndolo en el primer país del mundo en reservas petroleras. Mientras adelantan guerras de agresión por el control de este recurso natural en Oriente Medio y amenazan a Irán, e incluso provocan a Rusia en Georgia, todo por el petróleo, los mandamases de Washington no pueden aceptar que Chávez haya adoptado una política de defensa de la soberanía nacional y que progresivamente esté diversificando su mercado petrolero, tanto en insumos como en la exportación, librándose de la dependencia norteamericana, hasta el punto de que ya hoy esté vendiendo 500 mil barriles diarios a China, la mitad de lo que exporta a Estados Unidos, y que esté en proceso de establecer convenios con India, otra potencia emergente sedienta de energía.

Pero además, porque allí está Chávez retándolo, controvirtiéndolo, atacando su política de libre mercado y de recolonización, y adelantando en toda la región una actividad geopolítica de acuerdos y convenios que saca a los países que los aceptan de la órbita inmediata del imperialismo. De ahí la saña con la que Estados Unidos ha adelantado la batalla por Venezuela desde que en 1999 Chávez ganó por primera vez la presidencia. Los agentes norteamericanos han instigado a la oposición venezolana para adelantar la lucha por la recuperación del control del país con formas nuevas de violencia. El golpe de Estado de 2002, el paro petrolero y el paro patronal que adelantaron a continuación, y la toma violenta de las calles fueron episodios de la confrontación en los que fracasaron la oposición y el imperialismo norteamericano. Ante esta realidad, y debido a la dispersión y fragmentación de los distintos grupos opositores, Washington optó por el camino largo de la injerencia política directa en Venezuela, a través de sus agentes diplomáticos y de las agencias norteamericanas que para estos menesteres ha creado.

La abogada y periodista Eva Golinger ha venido denunciando, basada en documentos de estas mismas agencias, cómo ha sido su intromisión en los asuntos internos de Venezuela. A través de la Agencia Internacional de Desarrollo de Estados Unidos, Usaid, la National Endowment for Democracy, NED, la Oficina de Iniciativas de Transición, OTI, el Instituto Demócrata, NDI, el Instituto Republicano Internacional, IRI, y el Centro de Solidaridad Laboral, el gobierno estadounidense viene financiando, formando e influyendo en la oposición venezolana: “En una nota confidencial de fecha 22 de enero de 2002, el jefe de la Oficina principal de Iniciativas de Transición (OTI) de la USAID, Russell Porter, revela cómo y por qué llegó la USAID a Venezuela. `El 4 de enero la Oficina de Asuntos Andinos del Departamento de Estado le pidió a la OTI establecer un programa en Venezuela… Era claro que había una preocupación creciente sobre la salud política del país. Solicitaron a la OTI ofrecer programas y asistencia para fortalecer los elementos democráticos que estaban bajo fuego del gobierno de Chávez´”. Esta descarada intervención en los asuntos internos de Venezuela se multiplicó en el año 2010. En un informe publicado en mayo pasado, la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, Fride, otra agencia gringa, se revela que en 2010 se invirtieron alrededor de 50 millones de dólares, otros calculan que fueron 80, en los doce partidos que conforman la llamada Mesa de Unidad, MUD, con el fin de enfrentar a Chávez en las elecciones del 26 de septiembre.

Con esta desmesurada financiación externa de los opositores al gobierno chavista, equivalente a 100 mil millones de pesos colombianos, en un caso, o 160 mil millones, con el otro dato, se hizo la campaña mediática interna y externa más pugnaz y descarada. Los medios de comunicación de Venezuela, 80% de los cuales se encuentran en manos privadas, se dedicaron a magnificar cuanto problema coyuntural se daba, desde la crisis del suministro de energía eléctrica, pasando por la pudrición de los contenedores de alimentos importados por el gobierno, hasta las campañas internacionales orquestadas desde España por ese par de mellizos de la política neoliberal, Felipe González y Aznar, que señalaban a Chávez de connivencia con el grupo terrorista ETA. Y qué decir del sainete montado por Uribe en la OEA, ya en los últimos días de su mandato, sobre los campamentos de las Farc en territorio venezolano. Sainete descartado por Santos de un plumazo para poder normalizar las relaciones diplomáticas con el hermano país. Todos los grupos de negocios que poseen diarios en América Latina y que están agrupados en la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, se unieron a una sola voz en la magnificación de los tropiezos de la revolución bolivariana y en la ridiculización de la figura de Chávez, deseosos de que la oposición venezolana lograra derrotarlo, sin importar los medios utilizados para ello.

Grandes avances políticos, sociales y económicos

Es a la luz de estos factores como se deben analizar los resultados de las elecciones del 26 de septiembre pasado. Los analistas de la derecha, y hasta los seudoizquierdistas, se concentran en resaltar los aspectos secundarios, que son los problemas lógicos que tiene un proceso revolucionario con apenas once años de ejecución y que ha tenido que enfrentar 15 procesos electorales para poder adelantar las reformas revolucionarias. Pero la clave del resultado que le permitió a Chávez y a su partido elegir 98 diputados contra 65 de la Mesa de Unidad, MUD, dos del Partido Patria para Todos, PPT y tres indígenas, a pesar del embate coordinado por Estados Unidos, se encuentra en los avances reales de una política orientada a mejorar las condiciones de vida del pueblo venezolano dejando a un lado el recetario neoliberal imperialista y rescatando la soberanía nacional.

De hecho, por encima de los problemas de inflación y recesión que sufre Venezuela como consecuencia del coletazo de la crisis mundial, los resultados del mejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos se reflejan en el cumplimiento por adelantado de las Metas del Milenio aprobadas para 2015 por la Asamblea General de la ONU, que los países orientados por las mafias neoliberales no han logrado. Desde 1999 hasta 2010 la pobreza se redujo en Venezuela de 60% a 24,2%, y la pobreza extrema de 29,8% a 7,2%; la mortalidad infantil pasó de 21,4% a 13,9%; la escolaridad infantil pasó de 44,7% a 65% y se erradicó el analfabetismo. Se ha acabado en gran parte con los tugurios construyendo planes de vivienda digna. Se ha atacado la propagación de enfermedades catastróficas como el sida y el paludismo; el acceso a agua potable pasó de 65% a 85%; se han implementado políticas de protección del medio ambiente; y, por último, Venezuela es el país que más ha disminuido la desigualdad, lo cual se refleja en el Coeficiente de Gini, que ha bajado de 0,48 a 0,39, ubicando el hermano país en el primer lugar de toda la América. Desde luego estos resultados son ocultados o aminorados, tanto dentro de Venezuela como en el exterior, por el cártel de las comunicaciones que funciona en alianza con los programas de propaganda política del ejército norteamericano.

Más amplios poderes para Chávez

Ahora Chávez y sus aliados viven una nueva situación. Todo lo que hagan por preservar las conquistas del pueblo venezolano será bienvenido por los pueblos americanos. Por eso son apenas lógicas la aprobación de la ley habilitante y las demás reformas de control al capital financiero, la delegación de poder a los consejos comunales y el control a los diputados para que no hagan transfuguismo. Los resultados electorales obligan a Chávez a hacer más política para poder continuar adelante, pero, y esto es lo importante, no le permiten a la oposición desmontar ninguno de los logros de la revolución.

El apoyo general al proceso de la revolución bolivariana en Venezuela debe ayudar también a promover el conocimiento de sus logros. Frente a la campaña generalizada por desacreditarla, debemos manifestar nuestro apoyo militante. Las andanzas de Estados Unidos por recuperar Venezuela continúan y tenemos que estar alerta para rechazar las nuevas formas que adoptará el imperialismo para alcanzar su cometido.