MARÍA EUGENIA DESTAPA SU JUEGO REACCIONARIO

Confirmando las advertencias que las fuerzas mayoritarias de ANAPO hemos venido haciendo últimamente sobre su proceder oportunista, María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, en un espurio congreso de bolsillo, montado a su arbitrario y en franca violación a los estatutos del Partido, dejó por completo al descubierto el 12 de octubre sus negras intenciones de adherir a Belisario Betancur y de pasarse a las filas del conservatismo. El engaño de la ex directora produjo tal indignación en el ánimo de los pocos anapistas desprevenidos presentes que, al conocerse la maniobra, explotaron en cólera, y, por encima de la maquinaria de la melancólica reunión, se interpusieron enérgicamente a que el respaldo a Betancur se concretara. En vista del serio traspié y de que las cosas no le salieron como las había planeado, María Eugenia resolvió posponer su determinación de focalizar su ingreso a la desvencijada coalición bipartidista oligárquica para una ocasión propicia. Con este fin demandó de sus conmilitones plenos poderes en materia de definición de candidaturas presidenciales.

Sea cual fuere el peligro de esta traición, los genuinos anapistas no permitiremos que se pisotee indecorosamente la trayectoria de lucha del Partido creado por el general Gustavo Rojas Pinilla, cuyo recuerdo histórico antes que nada se halla vinculado al batallar por extirpar del país la hegemonía del bipartidismo tradicional, que tantos males le ha acarreado a la República en más de 150 años de existencia. El fundador de ANAPO fue encarnizadamente combatido hasta los últimos minutos de su vida por esa oligarquía con la cual hoy María Eugenia pacta a espaldas del pueblo. Pero no dejaremos profanar la memoria de Rojas Pinilla por quienes están más obligados a ser leales a su mensaje revolucionario. Por eso, al través de dos congresos sucesivos del Partido, del 11 de diciembre de 1976 y del 23 de abril de 1977, convocados democráticamente con el lleno de los requisitos estatutarios, decidimos proseguir la pelea contra las camarillas liberales y conservadoras que detentan el Poder y venden la nación a los amos imperialistas norteamericanos. En consecuencia hemos propuesto la más amplia alianza de todas las vertientes políticas patrióticas y revolucionarias, buscando satisfacer las reivindicaciones apremiantes del pueblo colombiano, como son la recuperación de los recursos naturales, la tierra para los campesinos que la laboran, el derecho al trabajo para los desocupados, la vivienda para los destechados, la educación para las nuevas generaciones y las demás conquistas que harán de Colombia una patria grande para todos sus hijos.

Hasta el momento ya son cinco los partidos y organizaciones que se han identificado con nosotros en los propósitos revolucionarios y con ellos logramos conformar el Frente por la Unidad del Pueblo, cuyo programa común estamos agitando a lo largo y ancho de la geografía nacional y cuyo candidato presidencial, Jaime Piedrahita Cardona, registra en todas partes la emocionada acogida no sólo de sus copartidarios, los anapistas, sino del resto de los perseguidos y explotados. Esta es la única política que puede llevar a la práctica la ANAPO, si no desea desaparecer definitivamente. María Eugenia recibió el más grande caudal de masas de que se tenga noticia en los anales del país, y en menos de un lustro lo dilapidó lamentablemente, hasta colocar el Partido al borde de la extinción. Lo cual se ha debido a su orientación esencialmente derechista y a su natural inclinación al perjurio. Ahora, desvergonzadamente, después de largo abandono de sus deberes de dirigente y en íntimo contubernio con la reacción, conviene el apoyo a uno de los caracterizados personajes de las clases dominantes, Belisario Betancur, responsable de crímenes contra las masas trabajadoras, como la masacre de Santa Bárbara de 1963, que el pueblo no olvidará nunca.

Al quedar destapado el juego reaccionario de María Eugenia, la ANAPO, tiene dos caminos muy demarcados para escoger: el de la traición, o el de la lealtad a la lucha revolucionaria al lado de los verdaderos amigos; el de la deshonra a la memoria de Rojas Pinilla, o el de continuar la batalla contra los declarados enemigos de ANAPO; el de adherir al candidato de Álvaro Gómez, o el de rodear entusiastamente el nombre limpio y combativo de Jaime Piedrahita Cardona; el de la división, o el de la unidad; el de la extinción, o el del resurgir glorioso en las nuevas contiendas por el porvenir.

Llamamos una vez más a todos los anapistas a que condenemos a una sola voz las invitaciones a transitar por el atajo del oportunismo y la claudicación y nos unifiquemos para abrir la anchurosa senda de la liberación y la grandeza de Colombia.