NUEVO PARO EN ARGENTINA

El 26 de septiembre, el pueblo argentino paralizó nuevamente el país al igual que el 8 de agosto, pero esta vez con una huelga de 36 horas como rechazo a la reforma laboral que Menem pretende imponer por decreto si no es aprobada por el Congreso.

La huelga convocada por la CGT y respaldada por las otras centrales, MTA y CMT, y los partidos de oposición, cerró el 80% del comercio y los centros fabriles. La entusiasta adhesión de los transportadores, el personal de las aerolíneas, el servicio de buses interprovincial y el de numerosos bancos, acrecentó su magnitud. Los huelguistas agitaron consignas contra el modelo neoliberal, el FMI, los planes de ajuste y el gobierno de Carlos Saúl Menem.

Los más lesivos puntos de la reforma laboral que busca abaratar la mano de obra y conculcar los derechos adquiridos imponen: jornadas de trabajo de 12 horas, sustitución de las convenciones colectivas por negociaciones directas entre el patrón y el trabajador basadas en la productividad, libertad para asignar nuevas tareas en los puestos de trabajo, eliminación de las indemnizaciones por despido, fin de la negociación sindical por rama de industria y privatización de la salud.

El presidente de la Unión Industrial Argentina, Jorge Blanco Villegas, salió en defensa del proyecto afirmando: "En Singapur, yo he visto salir de las bodegas de los barcos a obreros muy cansados, pero muy contentos, porque habían llegado a conseguir los premios a la productividad".

La salud es uno de los puntos más álgidos. Desde hace muchos años los trabajadores están amparados por ’las Obras Sociales, sistema de salud manejado por los sindicatos y que se sostiene con el descuento del 8% del salario deducido por nómina. Garantiza hospitalización, tratamiento médico y droga en forma gratuita. Mueve más de dos mil quinientos millones de dólares al año, cifra muy atrayente para los monopolios, que quieren hacer de la salud un negocio similar al que se impuso en Colombia con la ley 100.

Con razón Menem es llamado Hood Robin. Robin Hood robaba a los ricos para darles a los pobres, y Menem roba a los pobres para darles a los ricos.