PANELEROS MERECEN UN LUGAR DAJO EL CIELO DE COLOMBIA


Ponencia de Pedro Camargo, coordinador de Unidad Panelera, ante el Congreso Agropecuario

Transcurrido año y medio desde la constitución de Unidad Panelera en Moniquirá, la suerte de los cultivadores de caña y procesadores de panela sigue amenazada por la política impuesta por Estados Unidos y acogida por los últimos gobiernos.

En panela, Colombia ocupa el segundo lugar, después de la India, entre cerca de 30 países productores, con 7% de la producción mundial. Ocupa el primer lugar en consumo, con un promedio de 25.5 kg de panela por persona al año. El cultivo de la caña panelera comprende 192 mil hectáreas, el sexto lugar en superficie cosechada después del café, el maíz, el plátano, el arroz y la yuca. Su producción, cercana al millón cien mil toneladas de panela al año, es hecha por 70 mil productores, que generan 350 mil puestos de trabajo directos y un millón de indirectos, además de 25 millones de jornales, el segundo producto en generación de empleo rural después del café. Constituye la economía básica de 236 municipios, en doce departamentos, y aporta 6.7% del producto agrícola de Colombia. La panela corresponde al 2.18% del gasto en alimentos de los hogares y está considerado dentro de los llamados bienes-salario, por su participación en el costo de sostenimiento de obreros y campesinos.

Pero la producción de caña y el laboreo de la panela se dan en condiciones de atraso que no se compadecen con los desarrollos tecnológicos. La producción se efectúa en 27 mil trapiches artesanales, de los cuales 15 mil son de tracción animal; adolece de problemas tales como la falta de mecanización, cultivos antiguos, carencia de renovación de socas, baja población de tallos por unidad de superficie, desconocimiento del manejo de diferentes variedades de caña, problemas fitosanitarios, altos costos de corte, transporte y manejo de la caña, bajos niveles de extracción del jugo, subutilización de los trapiches, escasez de mano de obra por causa de la alta emigración, falta de crédito institucional e intereses onerosos, altos precios de los insumos, incertidumbre del productor por la acentuada fluctuación de los precios de la panela y la ausencia de asistencia técnica. A ello se suma el que las zonas paneleras se caracterizan por su inadecuada infraestructura vial, un altísimo déficit de servicios públicos en el área rural y decenas de miles de personas con necesidades básicas insatisfechas.

A un entorno económico tan desfavorable le agregamos que la panela ha afrontado un largo conflicto con los monopolios azucareros, los cuales, siempre que tienen dificultades con la colocación de sus excedentes en el mercado internacional, acuden al expediente delictuoso de derretir azúcar y mieles de ingenio para producir panela adulterada. Los ingenios compiten así ilegalmente con los paneleros artesanales y arruinan los precios. El último episodio de esta práctica les costó a los paneleros la pérdida de 21% del mercado, como quiera que, en 1999, los azucareros abastecieron con 250 mil toneladas a los llamados derretideros.

Las nuevas amenazas guardan relación con la funesta apertura económica. El primer golpe se dio cuando empezó a entrar panela más barata del Ecuador y cuando las industrias licoreras comenzaron a hacer sus alcoholes con mieles importadas. Si hoy han cesado las importaciones es producto de la dolarización de la economía ecuatoriana y no de la acción gubernamental en favor del sector. En 1999 y 2000, ambos fenómenos, los derretideros ilegales y la importación masiva de panela, mieles y alcoholes extranjeros abatieron los precios en 50%, sacando a muchos productores del negocio. La leve tendencia al alza que se registra en la actualidad obedece más a la caída en la oferta del producto

La Ley 40 de 1990 prohíbe la producción industrial de panela y también los derretideros. Pero los monopolios azucareros han iniciado una nueva arremetida, aumentando sus siembras de 125 mil a 200 mil hectáreas en todo el valle geográfico del río Cauca entre 1992 y 1999. Así se preparan para cuando el gobierno decida levantar el arancel que protege el azúcar colombiano, por presiones de la Organización Mundial del Comercio, OMC, y ahora del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA. De esta política da cuenta el montaje del ingenio industrial panelero de Padilla, Cauca, aún no en funcionamiento gracias a la decidida lucha de los productores aglutinados en Unidad Panelera, Asopanela Antioquia, Agropemca y otros.

Por todo lo anterior, apoyamos las justas las exigencias de Salvación Agropecuadria al gobierno y respaldamos sus luchas. Los paneleros participamos en la marcha nacional y en el patriótico paro agropecuario del año en curso, en los que demostramos que vamos a defender en serio nuestro trabajo, el bienestar de nuestros hijos y el progreso de Colombia. Para lograr estos objetivos no hemos escatimado esfuerzos unitarios. Trabajamos mancomunadamente con Asopanela- Antioquia e instamos a Fedepanela, la concesionaria de la cuota de fomento, a que, con generosidad y patriotismo, ofrezcamos resistencia unificada a las políticas que buscan eliminarnos.

Como dice el compañero Jorge Robledo, constituye un deber patriótico luchar para que los productores paneleros y los del resto del agro tengan un buen lugar bajo el cielo de Colombia.