POLÍTICA ECONÓMICA DE TURBAY: INFLACIÓN GALOPANTE Y QUIEBRA DE LA PRODUCCIÓN

La disminución del 5% de la producción y del 3.6% en el empleo durante el primer trimestre del año en curso, la puesta en concordato de decenas de empresas, el cierre de numerosas fábricas medianas y pequeñas y el despido masivo de miles de obreros, son los hechos que han puesto de relieve la aguda crisis por la que atraviesa la industria colombiana.

Pero los problemas no sólo se circunscriben a esa rama de la economía. La agricultura registra año tras año bajas considerables tanto en el área cultivada como en el volumen de alimentos cosechados, la avicultura padece una acentuada recesión y la construcción presenta índices negativos de crecimiento.

A las quejas formuladas por los distintos gremios económicos, el gobierno contesta con cifras amañadas del Dane con argumentos falaces, como el de que la raquítica industria y la atrasada agricultura nacional deben someterse a la competencia extranjera.

Sin embargo, la realidad ha mostrado la funesta que ha sido para el pueblo la política antinacional y antipopular del mandato turbayista. En los dos últimos años los precios de los alimentos, el transporte, los arrendamientos etc, se han más que duplicado. La inflación continúa golpeando los exiguos presupuestos familiares enriqueciendo a los especuladores e intermediarios financieros. A la producción nacional se la arrincona con la importación de toda clase de mercancías. El desempleo, el hambre y la miseria son cada vez mayores.

Receso en confecciones textiles Los 420 obreros que aún quedan en Ropa El Roble no reciben salarios desde hace un año. Esta importante fábrica de Bucaramanga, que llegó a contar con más de mil operarios, se encuentra paralizada y sus trabajadores se niegan a abandonar las instalaciones en tanto el gobierno y los patronos no les den solución a sus justos reclamos.

En septiembre pasado, en Armenia y Pereira, 16 empresas dedicadas a la confección habían cerrado y otras cinco reducido su producción causando el licenciamiento de cerca de 1.600 obreros. Las razones dadas por los empresarios para suspender sus actividades fueron: falta de capital de trabajo, altos intereses bancarios, escaso crédito, aumento en los costos de la producción y reducción de demanda.

A mediados de octubre la Federación Interamericana de Trabajadores de la Industria Textil, Vestuario y Cuero, Fititvc, denunció el cierre de 56 empresas y la disminución del personal en otras 204, lo cual ocasionó más de 6.000 despidos laborales. Entre las primeras se destacan Coltexco, confecciones El Cóndor y Camisas Jarcano, y entre las segundas, La Esmeralda, Tricolana, Corayco, Hilos Cadena, Valer, Curtiembres Titán, Britilana y Enka.

En ese mismo mes el gobierno había autorizado el cierre definitivo de Cigarrillos Cruz, Colar Ltda., Navenal y Berkshire, y permitido el licenciamiento de 355 obreros, por disminución de la producción y cierre temporal, a Celanese, Industrias Yidi, Grupo Baiz, Confecciones de la Costa, Plásticos Itaralfa y Grupo Fasa. El Ministerio de Trabajo, admitió, también, tener 21 solicitudes para despedir trabajadores de empresas como Siderúrgica Medellín, Metalúrgica Boyacá, Editorial Panorama, Incabe, Incora, etc.

La industria textil, por su parte, se ve abocada a grandes dificultades ante la pérdida de sus mercados por la entrada, tanto legal como ilegal, de géneros del exterior. Pero mientras los pequeños y medianos productores enfrentan innumerables trabas, los monopolios textileros hallan eficaz y oportuna ayuda del Estado. Debido a los trastornos de 1975-1976, estos últimos obtuvieron del gobierno de López Michelsen, préstamos subsidiados por más de 3.000 millones de pesos. Ante los presentes problemas, vuelven a ser socorridos por Turbay con una suma parecida y con intereses inferiores a los del sistema bancario.

Estancamiento industrial Fedemetal Antioquia, en agosto último, había alertado sobre un inquietante receso en la rama metalmecánica, el cual se originaba en la disminución de las ventas, la lentitud en el cobro de cartera y el aumento de las existencias de productos terminados. Estos fenómenos obedecen, según Fedemetal, al descenso en la construcción y a la introducción de toda clase de bienes del sector como consecuencia de la política oficial de liberar las importaciones y rebajar los aranceles. Afirmaba la misma agremiación que, al contrabando del acero desde Venezuela, debían agregarse como elementos perturbadores el excesivo costo del dinero y la incapacidad del sistema bancario para atender las necesidades de capital de trabajo, teniendo que recurrir la industria al crédito bancario, sumamente costoso.

Como la metalúrgica, tienen problemas las demás ramas que están relacionadas con la construcción, a causa de la parálisis que ésta sufre. En 1980, comparando con el año anterior, las diez principales ciudades del país presentaron una reducción del 4.5% del área construida.

Aunque la estadística oficial manipula las cifras y modifica la metodología para la obtención de los índices, buscando artificiosamente resultados satisfactorios a la gestión gubernamental, se ve obligada a reconocer, para el período de enero a marzo del presente año, una disminución del 5% en la producción industrial y una reproducción en el empleo del 3.6%. Estas cifras adquieren proporciones más alarmantes si se tiene en cuenta que durante 1980 el crecimiento fabril fue apenas del 1.2%.

El DANE registra en el primer trimestre de 1981 guarismos negativos de crecimiento para las industrias de alimentos, bebidas, textiles, prendas de vestir, cuero, calzado, papel y sus productos, imprentas y editoriales, substancias y productos químicos, productos de caucho y plástico, minerales no metálicos, maquinaria, aparatos eléctricos y equipo y material de transporte.

En la actualidad, catorce sociedades anónimas están en concordato ante la Superintendencia de Sociedad y, en distintos juzgados de Medellín y Bogotá, 101 pequeñas y medianas empresas adelantan trámites semejantes.

Importamos hasta escobas El presidente de Acopi, Francisco de Paula Ossa Uribe, en declaración al periódico El Tiempo, en septiembre 7 de 1980, decía que “los colombianos estamos importando escobas, papas fritas, bombillos, salsa de tomate, mayonesa, camisas francesas y otra infinidad de productos suntuarios”.

La Industria Colombiana de Incubación, Incubar, advertía, a fines de septiembre, en torno al estado de ruina que se avecinaba sobre la avicultura, por el contrabando y la importación de carne de pollo.

Al oscuro panorama industrial y avícola hay que agregar el descalabro de la agricultura. En 1980 el área cultivada fue interior en 14.7% con respecto a 1979 y se presentaron disminuciones en la producción del maíz, arroz, papa, sorgo, ajonjolí y cebada.

La situación para 1981 es todavía más calamitosa. Los algodoneros sostienen que han tenido pérdidas por 1.200 millones de pesos y se niegan a seguir sembrando mientras el Estado no tome medidas para mejorar su situación. Como causas del desastre de la agricultura, la Sociedad de Agricultores de Colombia, SAC , da las siguientes: importación de gran cantidad de alimentos, estrechez del crédito y altos costos de los insumos agrícolas.

Fenalce, Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, afirma que en 1980 las importaciones de trigo, sorgo, maíz y cebada superaron el millón doscientos mil toneladas, por un valor cercano a los 12.000 millones de pesos, mientras que la producción nacional de estos cuatro granos sólo llegó a un millón de toneladas.

Una política desastrosa La traída del exterior de enormes cantidades de alimentos y mercancías; el mantenimiento de la inflación; el incremento del endeudamiento externo; la estrechez del crédito y las altas tazas de intereses; la entrega de nuestros recursos naturales, y las alzas en los combustibles y en las tarifas de los servicios públicos; son elementos de la antipopular política económica de Turbay Ayala, la cual no puede producir más que la quiebra de los pequeños y medianos empresarios, la miseria de las masas y el mayor sometimiento del país al imperialismo norteamericano.

En una época de crisis de superproducción, como la que vive hoy en día el mundo capitalista, los grandes monopolios usan toda clase de medios, hasta el de reducir temporalmente los precios, para inundar los mercados de las naciones atrasadas con sus productos. En tanto, el régimen turbayista revive viejas teorías librecambistas que, a la vez que permiten a los pulpos extranjeros salir de sus excedentes y llenar las arcas de los grandes traficantes del comercio exterior e interior, sumen en la bancarrota a los productores nacionales.

Gracias a las exportaciones preferencialmente de café, marihuana y cocaína, Colombia cuenta con unas reservas internacionales de 5.400 millones de dólares, suma que las autoridades gubernamentales están dispuestas a cederle al imperialismo por concepto del servicio de la deuda externa y el incremento desbocado de las importaciones. A tiempo que las actividades productivas registran retrocesos y se ven sometidas a un crédito deficiente y caro, los intermediarios financieros muestran jugosas ganancias. Los 25 bancos que funcionan en el país obtuvieron en 1980 un aumento en sus utilidades del 47%. La quiebra de la producción y las calamidades subsecuentes, inflación, escasez de alimentos, desempleo y represión, es todo lo que les ofrecen a las masas populares quienes detentan el poder.

El pueblo dejará de sufrir tales males, y los pequeños y medianos empresarios agrícolas e industriales encontrarán un clima propicio para su desarrollo, sólo cuando el país se libere del yugo del imperialismo norteamericano y de la oligarquía vendepatria para expolia la riqueza y el trabajo colombianos.