PROGRAMA NACIONAL Y DEMOCRÁTICO DE LA UNO

Resumamos lo que tenemos expuesto hasta aquí. La estrategia defendida por el Partido Comunista para las elecciones de 1974 consistía en crear un frente de toda la oposición, con un programa común y un candidato único. Para coronar éste propósito era indispensable la participación de la ANAPO que, a pesar de su desmoronamiento, aún se mantenía cuantitativamente es tercer lugar después del liberalismo y el conservatismo. Esta participación había que lograrla con un programa “incluso menos avanzado que los cinco puntos” de su plataforma electoral y con un candidato “que podría ser designado de las filas anapistas”. Y todo ello como paso inicial de la futura constitución del frente patriótico. El MOIR propugnaba un frente electoral de izquierda con el programa revolucionario y un candidato único, aclarando que no veía posible ni conveniente la vinculación de la Alianza Nacional Popular. No le parecía posible que la ANAPO diera un viraje tal que terminara suscribiendo un programa revolucionario, y no le parecía conveniente que se hicieran concesiones programáticas con las cuales se contribuyera a la confusión del pueblo. Las dos propuestas se semejaban en el convencimiento de la utilidad de constituir un frente con candidato único y programa conjunto, pero diferían en las calidades de éste y de aquel.

Como no se trataba de adherir a una candidatura por determinadas razones tácticas, sino de conformar un frente de lucha con programa común, el MOIR estimaba infranqueables los abismos programáticos que lo separaban de la Alianza Nacional Popular. Y así lo proclamó reiteradas veces.

Pasada la apoteosis del rojismo en 1970 y acogida en Villa de Leyva la plataforma que lo convirtió en “tercer partido”, advertimos a mediados de 1971:

“El análisis de los aspectos más importantes de la Plataforma de la ANAPO, lanzaba en Villa de Leyva, demuestra que el nuevo partido es un abanderado de la política de las podridas clases dominantes”[13].

A finales de 1972, volvimos a insistir:

“En los dos problemas claves de la Colombia de hoy, la dominación neocolonialista y el semifeudalismo, la ANAPO toma como suyos, y como si fueran grandes reivindicaciones, los viejos postulados reformistas de la Gran Coalición burgués-terrateniente proimperialista (...).

“El hecho de que siga siendo un partido tradicional, a pesar de que formalmente proclame lo contrario, explica el porqué del apoyo de la ANAPO a ciertas iniciativas del gobierno y sus contradicciones cada día más crecientes con las masas trabajadoras de la ciudad y el campo”[14].

Y un año después, conociéndose los doce puntos preelectorales de María Eugenia y días antes de participar en la convención del 22 de septiembre de 1973, que aprobó el programa mínimo de la UNO, proclamó la candidatura de Hernando Echeverri y protocolizó el resto de acuerdos para la campaña electoral unificada, expusimos de nuevo nuestro criterio y en particular comentamos:

“No se trata de un acuerdo cualquiera. Vamos a agitar en la campaña electoral una plataforma programática que contenga las reivindicaciones fundamentales y más urgentes del pueblo y la nación colombiana. No existe otra forma de concentrar los ataques contra los enemigos principales ni de dar una batalla que valga la pena en las próximas elecciones contra la alianza liberal-conservadora. Esta es la táctica de las fuerzas revolucionarias, la que contribuirá a nuestro avance. (...)

“Los portadores de la desviación de derecha insinúan que lo importante es abarcar a todas las fuerzas de la oposición, así sea al precio de aceptar un programa ‘amplio’, impreciso y difuso como fórmula expedida para llegar a acuerdo con la ANAPO o adherir sin condición alguna al candidato anapista. Estas personas desconfían de la capacidad de lucha de un frente electoral pequeño, aunque armado de una política revolucionaria; renuncian por temor, a la batalla en pro de una verdadera alternativa popular, confunden las condiciones de 1970 con las que se presentarán en 1974; no quieren apoyarse en la experiencia de las masas ni ayudarlas a avanzar; lo juegan todo a la carta de un socialismo presidenciable y ‘a la colombiana’. La dimensión del frente electoral de izquierda depende del real desarrollo de las fuerzas revolucionarias y su crecimiento no puede fincarse en las ‘ampliaciones’ a su orientación y a su plataforma. No vamos a discutir si esta estratagema, después de muchas ‘ampliaciones’ y diversas súplicas, conduzca a que la ANAPO participe en la UNO, o a que la UNO se diluya en la ANAPO, si eso es lo que se busca. Pero estamos absolutamente convencidos de que en la actualidad ese no el es camino para ganar vastos sectores de masas, organizarlos, educarlos y movilizarlos hacia las luchas revolucionarias; es un callejón sin salida en cuya penumbra resultará muy difícil distinguir entre lo correcto y lo erróneo, entre la posición consecuente y la oportunista, entre la revolución y la reacción. Una cosa es que la ANAPO no sea el blanco de nuestro ataque y otra cosa es que lo embrollemos todo de manera que terminemos por nuestra propia cuenta amarrados e impedidos para jalonar la izquierda. El momento no está para lamentarnos por lo que haga o no haga el general Rojas. La ampliación del frente electoral de izquierda estriba en llegar a las masas populares con una política nacional y democrática, coherente y clara”[15].

Como ha quedado demostrado, siempre creímos que las fuerzas revolucionarias estaban en la obligación de hacer un esfuerzo supremo, a pesar de su relativa debilidad, para estructurar un frente que apareciera en la campaña electoral de 1974 como una alternativa nueva y cierta. Su papel debía consistir en combatir la estrategia de la reacción, confrontándole una estrategia revolucionaria, educar a las masas en los principios de la revolución nacional y democrática e, inclusive, explicar conscientemente el desengaño de las masas anapistas. Y este encargo lo cumplió la Unión Nacional de Oposición. Su programa es correcto, interpreta en líneas generales las profundas y urgentes mutaciones que reclama la sociedad colombiana en la actual etapa de su desenvolvimiento histórico y es tierra fértil para las siembras del mañana. Desde esta óptica, la lucha electoral librada por la UNO fue un éxito completo, por sus enseñanzas y por sus resultados, hasta donde la correlación de fuerzas nos lo permitió.

La otra variante, la definida inicialmente por el Partido Comunista, de sacrificar el programa para engrosar los efectivos, pretendía repetir en 1974 lo que pasó en 1970, o en otras palabras, rectificar con la hija del General el comportamiento que se tuvo con el General. Pero el proyecto desconocía que las viejas contradicciones, al cabo de cuatro años, cederían su lugar a contradicciones nuevas. De habernos aventurado por aquel atajo, hoy, después de la tragedia que habría significado la fallida intentona de contener la desbandada anapista, tendríamos como irónico premio de la hazaña un programa para todos los gustos, vago e inexacto, con una única destinación parecida a la de las modernas mercancías desechables que se usan y se botan. En cambio, los nueve puntos de la Unión Nacional de Oposición tendrán en sus rasgos esenciales una actualidad que perdurará hasta el triunfo de la presente revolución democrática y comienzo de la revolución socialista. Si alguna razón le asiste ahora al Partido Comunista para ufanarse de que la UNO representa la “semilla del Frente Patriótico de Liberación Nacional” es su programa nacional y democrático[16].

La importancia del programa mínimo de la Unión Nacional de Oposición consiste en que no se circunscribe a blandir esta o aquella aspiración sentida por las masas, sino que además se aferra a las consignas centrales de la lucha por una Colombia independiente, democrática, popular, próspera y en marcha al socialismo.

Esto no quiere decir que el programa mínimo cope todos y cada uno de nuestros anhelos al respecto, o que en su elaboración colaboramos únicamente con nuestras exigencias, sin haber hecho concesiones en aras de la unidad. Claro que hicimos concesiones secundarias, y aún pensamos que el programa de la UNO es susceptible de mejoras tanto que lo profundicen como que lo simplifiquen. Sin embargo, los nueve puntos de la UNO satisfacen íntegramente la observación expresada por el MOIR de que un “frente de esta naturaleza” habría de “exigir la nacionalización no sólo del petróleo, sino de todos los recursos naturales, así como la supresión de la injerencia del imperialismo yanqui en todas las ramas de la economía”. Tal pedido, formulado rigurosamente en esa forma, buscaba refutar en concreto la escueta pretensión del partido Comunista de integrar un “Frente de la Oposición Democrática” cuyo programa olvidaba el principal objetivo de la revolución: la plena independencia de Colombia ante el imperialismo norteamericano. Ustedes no incluyeron esta reivindicación fundamental en los cinco puntos de la plataforma electoral aprobada en su Undécimo Congreso. Y lo formulamos públicamente, como ésta visto, desde la aparición del artículo “La hora es de unidad y de combate” y lo puntualizamos desde la primera reunión de grupos políticos del 22 de septiembre de 1972.

Sin perjuicio de las modificaciones que se le puedan introducir más adelante, lo cierto es que los nueve puntos de la UNO recogen en sus rasgos esenciales las cuestiones básicas programáticas de la revolución colombiana en su actual etapa democrática, a saber:

a) “Combatir el neocolonialismo y la dominación exterior de tipo económico, político y cultural, que los Estados Unidos de Norteamérica ejercen sobre nuestra patria a través de las clases sociales reaccionarias en las cuales se apoya internamente”; b) “Luchar por la realización de una reforma agraria democrática que en base a la confiscación de la propiedad terrateniente, entregue la tierra a los campesinos que la trabajan y a las comunidades indígenas”; c) “Batallar sin descanso por la constitución de un Estado democrático de los obreros, campesinos, clases medias, industriales y productores nacionales”, y d) ”Este Estado, al desarrollar una economía próspera e independiente, sentará las bases materiales, sociales y políticas para la futura construcción de una patria socialista en Colombia”[17].

De otra parte, el programa unitario aprobado por el MOIR, el Movimiento Amplio Colombiano y el Partido Comunista, es literalmente contrapuesto a la plataforma anapista de Villa de Leyva de 1971 y a los doce puntos preelectorales de María Eugenia de 1973. La Alianza Nacional Popular no se separó ideológica ni programáticamente de los partidos tradicionales, de los que heredó su atávica inclinación a prohijar la entrega del país al imperialismo norteamericano, justificar la explotación de la gran oligarquía burguesa y terrateniente y hacerle el juego al anticomunismo. En ningún período de su agitada vida a la ANAPO se le ocurrieron, para las necesidades ancestrales del pueblo colombiano, soluciones aparte de las fórmulas manidas de los dirigentes de liberalismo y del conservatismo, a los cuales buscaba destronar, pero a quienes sólo ambicionaba suplantar. A lo que más se atrevió fue, en las elecciones de 1974, a reencauchar los viejos postulados oligárquicos en nombre de un “socialismo a la colombiana”. Sin poder interpretar los reclamos de las clases revolucionarias y deseando encarnar los ideales de las clases reaccionarias en contra de la antigua casta política probada, terminó por perder las simpatías de las primeras y de las segundas, iniciando lo que parece será una larga y melancólica decadencia.