¿Qué es la paz?


Francisco Mosquera. Tribuna Roja No. 50, febrero de 1985

“La lucha interna desatada en 1995 en las filas del extinto MOEC, luego de los incontables y calamitosos fracasos de una línea en esencia militarista y anárquica, obedeció a los esfuerzos preliminares de un pequeño núcleo de cuadros que llamaban la atención sobre la necesidad de hacer un alto en la marcha, rectificar en serio y poner en práctica las sabias enseñanzas del marxismo-leninismo, en lo concerniente al carácter obrero y la estructura centralizada y democrática del Partido; a la preponderancia de la acción política en las labores de movilizar al pueblo y enraigamos en él; a lo valioso de una plena comprensión de las complejidades nacionales y de un robustecimiento progresivo del nivel teórico y cultural de militantes y activistas; a la justeza de atenerse a los aportes de las bases y a los esfuerzos propios en el sostenimiento financiero, sin vivir dependiendo del apoyo internacional, o de disparatados operativos de azarosa realización y consecuencias liquidacionistas. Y ante todo trazar el rumbo estratégico a partir del análisis de las clases y de su comportamiento dentro de la sociedad, y escoger los medios tácticos de pelea conforme se vaya desencadenando el pugilato entre esas mismas clases. Mas no al contrario, seleccionando a priori la lucha armada cual el modo predilecto o impostergable, y concluyendo de antemano la naturaleza no de nueva democracia sino socialista de la revolución. Par de peregrinas invenciones que ponía a la justa libertaria, tanto por el contenido como por la artificiosa radicalización de la lucha, más allá de los intereses y de las disponibilidades reales de las masas.

Estos desenfoques, engendrados en los finales de los cincuentas y principios de los sesentas, no fueron jamás corregidos crítica y conscientemente. Con cada descalabro, con cada agrupación desaparecida, se les introducían ciertas adiciones conceptuales para perpetuarlos. ¿Cuánto no habremos oído eso de “combinar todas las formas de lucha”, sin parar mientes en que la una pueda contraponerse a la otra? Aunque se haya aceptado verbalmente la supremacía de lo político sobre lo militar, el viraje no ha ido más lejos de la caricaturesca conformación de aparatos legales paralelos a los ilegales.

Muchos de los menos moderados, luego de hartas vueltas y revueltas, llegaron hasta inclinar sus prejuicios sectarios y admitir en sus prédicas la conveniencia de un frente amplio, inclusive con la participación de la burguesía nacional, mas sin advertir que con sus miopes y desaforados extremismos impiden de entrada y de facto cualquier acercamiento hacia los campesinos ricos o empresarios consecuentes y demócratas. Peripecias políticas que han tenido en las capas medias de la población, y sobre todo en los estamentos estudiantiles e intelectuales, una nutriente inacabable, un soporte histórico relativamente vigoroso dentro del innato atraso de un semifeudalismo en decrépito esplendor. De ahí que tales desviaciones, en lugar de baldarse con los reveses, recuerdan más bien la lagartija que reproduce su cola.

Efectivamente, desde hace veinticinco años rasga el panorama de Colombia un montón de ejércitos del pueblo, comandos de autodefensa, brigadas urbanas militares, etc., perfilando con su cruce meteórico una tendencia fija, de muy marcados ribetes de clase; políticamente domeñable, por supuesto, pero indestructible hasta tanto prevalezcan los sustentos de linaje social que la reanudan sin descanso.

El que su tránsito haya sido a colmo regresivo, se palpa en la intensificación cronológica de sus peores trazos izquierdistas. Por obra de lo cual hemos visto ofrendar en los supuestos altares de la insubordinación de los desposeídos, desde el asesinato de un ex ministro y el ajusticiamiento de un personero de las camarillas patronales, hasta los frecuentes asaltos a bancos y la perpetración cotidiana de secuestros en campos y ciudades. Mecanismos proscritos por las revoluciones que en el mundo han estado a la altura de su nombre, y que en nuestro trópico cobran categoría de sublimes recetas para ennoblecer y popularizar la causa de la emancipación.

¡Ah engorroso que las gentes fíen su destino al buen juicio de quienes incursionen por semejantes parajes, echen mano de procedimientos que lindan o se confunden con los de la delincuencia común, le den a la represión institucionalizada excusas a granel para atacar y silenciar el descontento, o tercamente insistan en suplir la acción de los contingentes populares con los golpes cinematográficos de unos cuantos iniciados, por más sinceros y agalludos que éstos sean”.