UNIDAD CAFETERA, FIRME CONTRA POLITICA NEOLIBERAL EN EL CAFE


Aurelio Suárez Montoya, dirigente de Unidad Cafetera en el departamento de Risaralda

(Apartes)

Mi difícil encargo es entregarle a este Congreso el balance de una batalla en la que nos comprometimos hace dieciocho años. Una tarde, en un restaurante en Pereira, Jorge Robledo, Fernando Ruiz y yo, después de una larga conversación, concluimos: la crisis del café se viene inexorablemente, y vamos a enfrentarla con paciencia pero con mucha decisión, impulsando la organización de los pequeños y medianos cafeteros, que serán los más afectados; y con la organización como instrumento vamos a la lucha por la defensa de la caficultura, así nos lleve la existencia.

En 1985 logramos fundar la Unión Cafetera Colombiana y a comienzos de la década de los noventas ésta se convirtió en la Unidad Cafetera Nacional, al unir esfuerzos con un importante cafetero de Caldas, un patriota auténtico, del mismo talante de Ángel María Caballero: hablo del ex gobernador de ese departamento, Fabio Trujillo Agudelo, cuya desaparición no hemos dejado de lamentar y para quien pedimos de este extraordinario Congreso el homenaje de un minuto de silencio.

La crisis del café llegó en efecto, ha causado innumerables problemas en los últimos once años, y podríamos resumirla en una palabra: reducción. En 1992 la producción fue de 17 millones de sacos de 60 kilos, y en el 2000 se redujo a 10 millones. En 1990 nuestra exportación de cafe era el 20% del mercado mundial, en diez años bajó al 10%. En 1990 la superficie cultivada llegó a 1.070.000 hectáreas, hoy está en 850.000 hectáreas. En 1990 los empleos permanentes eran 460 mil hoy quedan 380 mil. Y lo más grave, la reducción del ingreso cafetero: en 1989, cuando el caficultor recibía por una carga 64.900 pesos, podía cancelar 60 jornales, o comprar 1.250 kilos de fertilizantes, ó 75 kilos de carne, ó 300 galones de ACPM. Hoy, cuando recibe 300 mil pesos por una carga de café, está recibiendo $22.000 en términos nominales, no compra la mitad de ninguno de esos insumos y no alcanza a pagar 30 jornales. Es decir, el ingreso actual de 98% de los caficultores, los menores de cinco hectáreas, los tiene en una situación insostenible.

El café ha perdido participación en las exportaciones totales del país: al comenzar los noventas era el 30% de las exportaciones, hoy no alcanza el 10%. Más grave aún, el patrimonio del Fondo Nacional del Café, el ahorro de los cafeteros para la época de las vacas flacas, está reducido a su tercera parte y en los últimos cinco años pasó de valer 1.700 millones de dólares a algo menos de 500 millones de dólares. La revista América Economía subraya que ese Fondo fue la empresa de América Latina que más patrimonio perdió en 1998-1999.

La crisis de la caficultura es tal vez el mayor ejemplo de cómo el neoliberalismo es la negación de toda posibilidad de progreso y bienestar. Es un modelo de destrucción de la producción, del desarrollo de decenas de países y de millones de pobladores del mundo. El café colombiano está cerrando a 60 centavos de dólar la libra esta semana y éste, óiganlo bien, es el precio internacional más bajo del café en dólares reales desde 1821. Es decir, hoy estamos con los precios externos más bajos de los últimos 180 años, inferiores incluso a los de la época de la crisis de 1926.

Ángel María Caballero señalaba las características principales en los bienes agrícolas más comerciales, especialmente cereales y oleaginosas, y Jorge Robledo ha aclarado lo que sucede con cultivos tropicales como café, palma africana, caña de azúcar y similares. La competencia la han montado las multinacionales sobre la base de la superexplotación de la mano de obra barata. Desde 1996, en el artículo Los cuatro gatos cafeteros, de Unidad Cafetera, se advertía que Vietnam, Indonesia, India y Laos venían como caficulturas emergentes dentro del plan de las multinacionales de crear una gran sobreoferta para envilecer los precios y ellas hacer su agosto a costa del sufrimiento de centenares de miles de familias.

El neoliberalismo convirtió la economía en una lucha por los mercados de los productos de mayor demanda, y esa lucha la estamos librando los 60 países ubicados en el trópico sobre la base de los bajos salarios reales, el escenario para las multinacionales; y Barco, Gaviria, Samper y Pastrana se han sometido a las normas que ha impuesto ese modelo y han echado sobre los hombros de los caficultores el libre cambio, el libre flujo de divisas que produjo una revaluación de 4.000 millones de dólares, ingresos que les fueron quitados a los caficultores; impusieron el vaivén del precio internacional con el llamado mecanismo móvil; eliminaron los subsidios, empezando por el de los fertilizantes, y eliminaron la reserva de carga para la Flota Mercante Grancolombiana, lo que llevó esta empresa a la desaparición. Pastrana habló incluso de importar café. Son sólo algunas de las deshonrosas contribuciones de estos serviles mandatarios a la política cafetera de las multinacionales.

El negocio cafetero mundial vale anualmente 300 mil millones de dólares; de esta cifra, los gobiernos de los países consumidores perciben 45 mil millones de dólares por solo impuestos; mientras 20 millones de cultivadores apenas estamos percibiendo 10 mil millones de dólares; o sea, uno de cada treinta de los que produce el negocio. Es una razón muy clara para nuestras luchas: que no nos roben nuestra riqueza, que los que trabajamos tengamos derecho al fruto de nuestro esfuerzo.

En medio de tantas dificultades, el paro agrario del 31 de julio trajo algunos resultados para el cafetero: el subsidio para el precio de compra es una pequeña ayuda obtenida por el paro, aunque cínicamente lo presentan como un acto de comprensión del gobierno ante la tragedia cafetera. La comprensión que no tuvieron por años les apareció rápido al ver la ira de los productores; Pastrana anunció en Armenia que en un acto de comprensión con la tragedia cafetera trasladaba al Fondo Nacional del Café 350 mil millones de pesos del presupuesto nacional. Pero, si había tanta comprensión, por qué tuvimos que acudir al paro; si había tanta comprensión, por qué agredir con tanquetas y gases a los campesinos de Colombia; si había tanta comprensión, por qué mandar a asesinar campesinos en el Huila; si había tanta comprensión, por qué Derwin Buitrago Giraldo, el compañero desaparecido en el paro en La Virginia, es hoy el cadáver enterrado en Santuario, sin cabeza y con las manos quemadas.

La resistencia cafetera seguirá avanzando. Al sonar su trompeta de combate, doctores Ángel María Caballero y Jorge Robledo, la Unidad Cafetera estará presente en el Viejo Caldas, en Antioquia, el Valle, Cauca, Tolima, allí donde todavía haya café, allí estaremos en pie de lucha..